“Dulce et decorum est pro patria mori”
(Horacio)
No sé cuál es mi patria.
Me gustaría conocerla, amarla,
sentir por ella devoción, llevarla
como se lleva una bandera alzada,
como se entona una plegaria,
como se yergue una lámpara,
como se luce alguna joya rara.
Pero es una palabra tan pesada
que hace trizas mi espalda,
no puedo con tan dura carga.
Algunos cuentan que es la infancia,
otros llaman su patria a la palabra,
y hay quien dice que el cuerpo de la amada.
Era la mar para el pirata
y la bolsa para el que la idolatra…
A mí cualquier lugar me basta,
cualquier mano de amigo o camarada
para sentirme en casa.
Odio el concepto, no me dice nada,
suena a urdida patraña,
a dulce que empalaga,
a estafa,
a mentira que el poderoso clama,
a reducto servil que nos engaña.
Muera quien quiera por su patria.
No daría mi vida por salvarla.
Enrique Gracia Trinidad. Siempre la vida. (Muestra poética). Ars poetica, 2017.
Imagen: Tomasz Alen Kopera. Deserter, 2004.

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