A finales de abril
saltábamos la tapia,
sin importarnos los rasguños
en las piernas ni las quejas
de las madres ni los gruñidos
del dueño de la finca,
para comprobar si las lilas ya
habían florecido un año más.
Nos hundíamos
en su aroma reconocido
y en la satisfacción de imaginarlas
ya en el altar, a sus pies.
Había que tener fe
y la teníamos.
Guiadas por esa fe
contraveníamos el mandamiento,
una incoherencia que nos salvaba.
La creencia se marchitó,
como las lilas,
y fue sustituida por otras diferentes
que también han languidecido.
Hoy de nuevo es abril,
el mes más cruel,
y ahí están las lilas que no
llegamos a cortar,
meciéndose en las ramas
al viento que mejor sopla.
Amalia García Fuertes. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.
Imagen: Mijaíl Vrúbel. Lilas, 1900.

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