viernes, 27 de mayo de 2022

Convicción


 

Puedo asegurarlo:

llegará un día en que los hombres,

al grito de “rompan filas” que sonará en los cinco continentes,

se desharán para siempre de la guerra:

mas esa paz no se obtendrá

blandiendo una bandera blanca,

un harapo de aurora,

entre dos o más oscuridades en pugna.

Ni regalando manojos de palomas

al traficante de armas,

o cantándole canciones de cuna

a la niña de sus ojos.

Ni soltando parvadas de preces

para horadar la cerilla

de la divina sordera.

La manera de conquistarla,

y de poner los cimientos,

las raíces del milagro,

del otro mundo que es posible,

tiene que ver con la toma de conciencia,

la metamorfosis, la inconformidad

de la mano.

 

La mano puede hallarse ahí, sobre el brazo del sillón,

sin hacer nada, fingiendo inexistencia,

puede tomar un serrucho y practicar con él

las cuatro operaciones aritméticas básicas.

Puede sacarle punta al lápiz

para que de nuevo relampaguee

la poesía.

Puede saltar a la guitarra, como mi hijo Guillermo,

para ir dejando poco a poco en libertad

el concentrado de aves

que encarcelan las cuerdas en su entraña.

Mas para conquistar la paz

es preciso que la mano haga violencia sobre sí misma,

se transmude en piedra,

en mazo,

en granada,

en sorpresa conspirativa,

que crezca no sólo al tamaño de nuestro odio

sino que exceda la fuerza del adversario.

 

¿Que un poema no es una bazuca?

¿Que el sudor ennegrecido por la faena

no puede ser comparado,

ni torciéndole el brazo a la metáfora,

con la polvora?

¿Que lo ideal no puede nada,

lo que se dice nada,

contra la férrea obcecación

de una fortaleza?

Quién lo duda. No somos tan ingenuos.

Pero hay valentías, maneras de organizarse,

cuentas pendientes, desesperaciones sin marcha atrás,

solidaridad de géneros, granitos de arena,

inteligencias lucidísimas que piensan

las 24 horas del día en cómo desencadenar

la gran descompostura de lo existente,

hombres y mujeres que están dispuestos a dar todos

sus entresijos,

millones de voluntarios dispuestos a pisotear todos y cada uno

de los relojes que marean el curso del sistema imperante.

 

Las manos pertenecen a esta estirpe.

Las manos vueltas sobre sí, conscientes,

conformando cerebros con sus puños.

Las que aprietan su autonomía

como don del cielo,

las que se hallan encinta,

las que saben qué quieren y a dónde ir.

Las que se empuñan a sí mismas.

Las que toman la forma de primeras piedras

del nuevo mundo.

 

 

Enrique González Rojo Arthur. En Entre los poetas míos… Enrique González Rojo. Colección Antológica de Poesía Social, vol. 143. Biblioteca Omegalfa, 2020.

Imagen: Eugène Laermans. En marche, 1893-1894.

jueves, 26 de mayo de 2022

[En una playa hiperrealista,]


 

En una playa hiperrealista,

olas perfeccionadas

en rumor y en espuma

van abandonando,

acrisoladamente,

fascinantes cadáveres

con relieve

sobre una arena todavía

ligeramente mejorable.

Los técnicos discuten calidades,

los códigos, el lucro.

 

 

Conrado Santamaría. Totalitaria. Ediciones del 4 de agosto, 2021.

Imagen: Surfista virtual en la playa.

miércoles, 25 de mayo de 2022

IRREALIDAD


 

Ahora sí,

            la vida es.

 

Mi único entrenamiento,

            la realidad.

 

 

Inaxio Goldaracena. Irrealidad. Ediciones del 4 de agosto, 2019.

Imagen: Robert Longo

martes, 24 de mayo de 2022

[no sigas me dijo la voz]


 

no sigas        me dijo la voz

estás al borde del abismo

 

yo me detuve

y luego di un paso al frente

 

estaba claro que no podía

seguir retrocediendo

 

 

Ferran Fernández. Guía del odio. Luces de Gálibo, 2017.

Imagen: Gilbert Garcin