martes, 12 de mayo de 2026

La delicada salud del muerto


 

No entiendo qué les pasa a los muertos

que no saben estarse muertos,

y gritan desde el hoyo

y no se quedan quietos en sus cunetas

y les da por señalar con el dedo

sin respeto alguno.

 

Es como si no asumieran el papel que les toca:

el muerto bastante tiene ya con ser un muerto.

Pues nada, que no quieren firmar el finiquito.

 

Supongo que lo hacen por esa maldad suya

o por aburrimiento

y por eso perturban el sueño de la buena gente

y lo revuelven todo, con lo limpio que lo habíamos dejado.

 

Odio esa estúpida manía persecutoria,

ese seguir a los vivos allí por donde vayan,

de la cama al trabajo,

del cuartel a la iglesia,

con su olor cadavérico y su aliento podrido,

bien pegaditos siempre,

que te para un amigo y en seguida sabe

que llevas varios muertos a la espalda,

que escondes muertos dentro del armario.

 

Qué pesados los muertos,

con su bala en la nuca y su llanto de barro,

con su cráneo partido y su rostro en cal viva.

Qué pesados los muertos.

 

Pues algo habrá que hacer con tanto muerto,

con todos esos muertos apilados,

las montañas de muertos que aún invaden

las casas de aquellos que no tienen

la conciencia tranquila.

 

 

Luis Javier Pinar. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.

Imagen: Edgar Ende. Lazarus Wartet, s/d.

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