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jueves, 6 de enero de 2022

MI REYECILLO


 

Los persas tienen

Un rey sombrío;

Los hunos foscos

Un rey altivo;

Un rey ameno

Tienen los íberos;

Rey tiene el hombre,

Rey amarillo:

¡Mal van los hombres

Con su dominio!

Mas yo vasallo

De otro rey vivo,–

Un rey desnudo,

Blanco y rollizo:

Su cetro –un beso!

Mi premio –un mimo!

Oh! cual los áureos

Reyes divinos

De tierras muertas,

De pueblos idos

–¡Cuando te vayas,

Llévame, hijo!–

Toca en mi frente

Tu cetro omnímodo;

Úngeme siervo,

Siervo sumiso:

¡No he de cansarme

De verme ungido!

¡Lealtad te juro,

Mi reyecillo!

Sea mi espalda

Pavés de mi hijo:

Pasa en mis hombros

El mar sombrío:

Muera al ponerte

En tierra vivo:–

Mas si amar piensas

El amarillo

Rey de los hombres,

¡Muere conmigo!

¿Vivir impuro?

¡No vivas, hijo!

 

 

José Martí. Ismaelillo, 1882. En Ismaelillo, Versos libres, Versos sencillos. Cátedra, 1987.

Imagen: Antonio Berni. Juanito dormido, 1974.

martes, 22 de diciembre de 2020

[En el bote iba remando]


En el bote iba remando

Por el lago seductor,

Con el sol que era oro puro

Y en el alma más de un sol.

 

Y a mis pies vi de repente,

Ofendido del hedor,

Un pez muerto, un pez hediondo

En el bote remador.

 

 

José Martí. Versos sencillos, 1891. En Ismaelillo, Versos libres, Versos sencillos. Cátedra, 1987.

Imagen: Holger Droste

 

sábado, 14 de septiembre de 2013

Banquete de tiranos

Hay una raza vil de hombres tenaces

De sí propios inflados, y hechos todos,

Todos, del pelo al pie, de garra y diente;

Y hay otros, como flor, que al viento exhalan

En el amor del hombre su perfume.

Como en el bosque hay tórtolas y fieras

Y plantas insectívoras y pura

Sensitiva y clavel en los jardines.

De alma de hombres los unos se alimentan:

Los otros su alma dan a que se nutran

Y perfumen su diente los glotones,

Tal como el hierro frío en las entrañas

De la virgen que mata se calienta.


A un banquete se sientan los tiranos,

Donde se sirven hombres: y esos viles

Que a los tiranos aman, diligentes

Cerebro y corazón de hombres devoran:

Pero cuando la mano ensangrentada

Hunden en el manjar, del mártir muerto

Surge una luz que los aterra, flores

Grandes como una cruz súbito surgen

Y huyen, rojo el hocico, y pavoridos

A sus negras entrañas los tiranos.


Los que se aman a sí: los que la augusta

Razón a su avaricia y gula ponen:

Los que no ostentan en la frente honrada

Ese cinto de luz que el yugo funde

Como el inmenso sol en ascuas quiebra

Los astros que a su seno se abalanzan:

Los que no llevan del decoro humano

Ornado el sano pecho: los menores

Y segundones de la vida, sólo

A su goce ruin y medro atentos

Y no al concierto universal.


Danzas, comidas, músicas, harenes,

Jamás la aprobación de un hombre honrado.

Y si acaso sin sangre hacerse puede,

Hágase... clávalos, clávalos

En el horcón más alto del camino

Por la mitad de la villana frente.

A la grandiosa humanidad traidores,

Como implacable obrero

Que un féretro de bronce clavetea,

Los que contigo

Se parten la nación a dentelladas.




José Martí. Versos libres, 1882. En Ismaelillo, Versos libres, Versos sencillos. Cátedra, 1987.

Imagen: Alexéi Savrásov. Los grajos han vuelto, 1871.