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martes, 23 de septiembre de 2025

PARA LO QUE HA SERVIDO DIOS


 

Miraba yo, en el mundo que me rodeaba y en las hazañas que la Historia me refería, las caras reales con que Dios había venido apareciendo, y consideraba para qué había servido Dios, y el Nombre de Dios y la Fe en Dios, en esos tráfagos de las vidas diarias y de la historia de los pueblos;

y lo que me encontraba era, una y otra vez, el miedo consagrado, la justificación de la muerte, de la culpa y de la pena, las prisiones de hierros o de conciencia, los autos de fe, las matanzas de gentes o su condena a la esclavitud, la bendición del Capital y de sus cajas fuertes, sus pistolas y sus ordenadores, la formación de tropeles de trabajadores para nada, la venta de la vida por el Futuro, ya fuese la Gloria Eterna o ya la Jubilación Segura,

y en fin, por todas partes, la mentira y la Fe que la imponía o la vendía como verdad.

 

Agustín García Calvo. De Dios. Lucina, 1996.

Imagen: William Blake

lunes, 16 de junio de 2025

[Quiero cantar la muerte de un burro. A ver, y ¿qué pasa?:]


 

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Quiero cantar la muerte de un burro. A ver, y ¿qué pasa?:

¿qué es ese frunce de cejas, o compasivo meneo

del coco, o risillas ahí por detrás? Quiero hacer que resuene

“Lo han matado”, y que estas ardientes lágrimas pocas

se hagan tinta de imprenta, hasta, si es preciso, de rollo

de ordenador, por si puede una vez servir para algo

tanta informática ganga de Dios, y que suene a millones

“Era bueno, y por eso me lo han matado. No era

mío, ni suyo tampoco, y por eso era bueno, y por eso

ha tenido la Realidad que matármelo”. ¿A alguien

le amosca o mosquea oír esto? Acaso usted me confunde

con esas mamás o maridos de su gatita o perrazo,

que los someten al Régimen del Dinero y les compran

potitos en lata; o quizá quiera aún recordarme que ésos

resultan ser los más propios para estofar, si les mandan,

judíos en horno o dejar que les pasen por la pantalla

rosario de críos secándose de hambre al pie de las rutas

turísticas de África. Bueno, pues mire: si a estas alturas

no distingue usted el amor que le venden de algo

que quede de amor sin nombre ni ley latiendo por bajo

de la Realidad, pues váyase usted con Dios y a lo suyo,

y observe cómo me vibra el dedo medio por entre

el índice y anular. Yo canto un burro y la muerte

en él y por él, y a la vez que me nubla el alma esta sombra

de burro que me ha dejado detrás, a la vez una ira

me hace clamar que no ha muerto, que lo han matado, y que ha sido

quien mata el amor. Y el que no pueda oír, que se compre su gusto

de literatura y se tape con el papel las orejas.

 

 

Agustín García Calvo. Al burro muerto. Lucina, 1998.

Imagen: Autoría no encontrada. Pascual Rovira en la finca ADEBO en Rute.

lunes, 1 de abril de 2024

EL TRABAJO


 

No quió currar. ¿Qué pasa, peatones?

Yo pa este mundo no estoy programao.

No quiero trabajar. ¿Qué?, ¿me he espresao?

¿O hay que andar endilgando más razones?

 

En ayunas, me pesan los riñones,

y, después de que me he desayunao,

tó mi gusto es estarme al sol tumbao

contra esa tapia oyendo a los gorriones.

 

Si fuese el curre pan de buena miga,

ya se lo habrían cogido esos curánganos,

que les pincha más fiero que la ortiga.

 

Mira en el cielo, a ver si allí no hay zánganos:

allí las santas ráscanse la higa

y los santos la polla y los pindánganos.

 

 

Er lavore

 

Nun vojjo lavorà: ccosa ve dole?

Pe sta vita io nun me sce sento nato.

Nun vojjo lavorà: mme sò spiegato,

o bbisoggna spregacce antre parole?

 

A ddiggiuno sò ffiacco de stajole;

e ddoppo c’ho bbevuto e cc’ho mmaggnato,

tutto er mi’ gusto è dde stà llí sdrajato

su cquer murello che cce bbatte er Zole.

 

Cuanno che ffussi dorce la fatica,

la voríano pe ssé ttanti pretoni

che jje puncica peggio de l’ortica.

 

Va’in paradiso si cce sò mminchioni!

Le sante sce se gratteno la fica,

e li santi l’uscello e li cojjoni.

 

Roma, 30 gennaio 1833

 

 

Giuseppe-Gioachino Belli. 47 sonetos romanescos (con las versiones de Agustín García Calvo). Ed. Lucina, 2006.

Imagen: Gustave Caillebotte. La Sieste, 1877.

domingo, 9 de abril de 2023

[Pero ¡oh, tan grandes verbos!, ¡tan arrebatados]


 

Pero ¡oh, tan grandes verbos!, ¡tan arrebatados

razonamientos y excursiones a las lindes

del cielo y de los siglos! Bien será que acuda

de tantas vierbas y grandezas a curarnos

la risa de Bebela. Pues a punto viene

que se anote que Bebela sabe bien reírse;

y aunque es su voz más bien aguda cuando habla

y hasta puede, si le da por predicar, sonarnos

a carraquita impertinente, en cambio, cuando

se ríe, es una risa honda y borboteante,

que parecería que le brota de las tetas,

de buena y ricachona. Que es que el que ellas hablen,

Bebela y las mujeres, es, de puro propio,

casi natural; pues esto de la lengua humana

más bien es cosa de ellas: a saber –razono–:

la lengua viva no es de nadie, no conoce

amo ni señor, ni ley ni juez que mande en ella;

lo cual se dice más despampanantemente

diciendo que es del pueblo; ahora bien, por “pueblo”

no cabe honestamente que se entienda más que

“lo que no es Poder ni Capital”, y que se define

sólo como “sometido a la Empresa y al Estado”;

pero es así que las mujeres, como se sabe,

son lo primero que el Poder domina y vende

y se constituye al someterlas, y son ellas

la primera clase enajenada y explotada

o, dicho a lo filosófico, el primer sujeto

que se hace ser objeto de lo que Dios mande;

de modo que ellas antes son que nadie pueblo;

y por consiguiente, cosa es de las mujeres

la lengua humana; y es lo más natural del mundo

que Bebela hable y que razone; y aun debemos

con plácidas orejas recibir los trances

en que la pasión la lance a férvida andanada

de opiniones sobre el caso. Ah, pero la risa

es otra cosa; y en verdad, es un milagro

cotidiano, que se debía recibir con pasmo

de agradecimiento, el que las hembras de los hombres,

con todo lo que encima tienen y lo que arrastran

de atrás de milenios, todavía sepan

reírse y que se rían. Pues, como contaban

de los sabios esquimales, que, cuando uno de ellos

prestaba al paso esposa a algún viajero amigo,

la invitación usaba un verbo que sonaba

como “hacer reír a mi mujer”, así nosotros

hagamos todo, hagamos más, para que brote

una y mil veces de los pechos de Bebela

la blanca risa en que se tronche la legítima

seriedad de los señores y de sus señoras.

 

 

Agustín García Calvo. Bebela. Lucina, 1987.

Imagen: Agustín García Calvo e Isabel Escudero, Bebela.