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domingo, 9 de noviembre de 2025

PREGUNTAS DE UNA MUJER QUE LEE / PERGUNTAS DUMA MULHER QUE LÊ


 

Para Bertolt Brecht

 

¿Quién amasó el pan de los que edificaron Tebas, la de las siete puertas?

En los libros no se menciona el nombre de ninguna.

¿Acaso reyes y canteros madrugaron por leña para encender el fuego?

Y en Babilonia, destruida tantas veces,

¿quién acarreó el agua para los que la levantaron otras tantas?

Y en Lima, resplandeciente de oro, ¿quién limpió las chabolas donde vivían los albañiles?

¿Quién les hizo la cena a los obreros la noche que terminaron la Muralla china?

La gran Roma está llena de arcos de triunfo.

¿Quién curó las heridas de quienes los erigieron?

¿Quiénes amortajaron a los vencidos por los soldados de los césares?

Bizancio, tan enaltecida,

¿acaso no tenía lavaderos para hacer la colada?

Incluso en la legendaria Atlántida, la noche que fue devorada por el mar,

hasta los esclavos que se ahogaban clamaban llamando a sus mujeres.

 

El joven Alejandro conquistó la India.

¿Quién amamantó y crio a sus soldados?

César venció a los galos.

¿No llevaba tras sus legiones siquiera unas prostitutas?

Felipe de España lloró cuando se hundió su flota.

¿Nadie más lloró la muerte de los marineros?

Federico II venció en la Guerra de los Siete Años.

¿Por qué siempre la guerra para resolver conflictos?

 

Cada página una victoria.

¿Quién fregó la vajilla del banquete del triunfo?

Cada diez años un gran hombre entre hombres.

¿Quién pagó los platos rotos?

 

Tantas historias,

tantas preguntas.

 

 

PERGUNTAS DUMA MULHER QUE LÊ

 

Para Bertolt Brecht

 

Quem amassou o pão dos que edificaram Tebas, a das sete portas?

Nos livros não se menciona o nome de nenhuma.

Por acaso reis e canteiros madrugaram por lenha para acender o fogo?

E na Babilónia, destruida tantas vezes,

quem carregou a água para os que a levantaram outras tantas?

E em Lima, resplandecente de ouro, quem limpou os tugúrios onde viviam os pedreiros?

Quem fez a ceia aos obreiros na noite que terminaram a Muralha da China?

A grande Roma está cheia de arcos de triunfo.

Quem curou as feridas daqueles que os erigiram?

Quem amortalhou os vencidos pelos soldados dos césares?

Bizâncio, tão enaltecida,

Por acaso não tinha lavadouros para fazer a barrela?

Inclusive na legendária Atlântida, na noite em que foi devorada pelo mar,

até os escravos que se afogavam clamavam, chamando pelas suas mulheres.

 

O jovem Alexandre conquistou a Índia.

Quem amamentou e criou os seus soldados?

César venceu os galos.

Não levava na rectaguarda das suas legiões prostitutas?

Filipe de Espanha chorou quando se afundou a sua frota.

Ninguém mais chorou a morte dos marinheiros?

Frederico II venceu na Guerra dos Sete Anos.

Porquê sempre a guerra para resolver conflitos?

 

Cada página uma vitória.

Quem esfregou a vazilha do banquete do triunfo?

Cada dez anos um grande homem entre homens.

Quem pagou os pratos partidos?

 

Tantas histórias,

tantas perguntas.

 

 

Conrado Santamaría Bastida. De vivos es nuestro juego, 2015.  En Y no cejar / E nâo recuar. Antología (2011-2021). Traducción Carlos d`Abreu. Caraba Ibérica, 2022.

Imagen: Rembrandt van Rijn. Mujer leyendo, 1634.

viernes, 11 de abril de 2025

LAS MARAVILLAS CELESTES / AS MARAVILHAS CELESTES


 

Y vuelves, Salvochea,

un día y otro día de este otoño

tan ocre castellano,

a formar sin tardanza

tu círculo de luz en las tinieblas.

 

Con tu conciencia a cuestas, tu entusiasmo

de fe en los compañeros

tan lejos de sus casas, mientras duelen

aún las cicatrices,

las suyas y las tuyas,

mientras rugen cañones al extremo

del mundo que desgarran

la carne en carne viva,

tú señalas, resuelto,

este cielo a la mano que entona la meseta.

 

Entre órbitas limpias que la razón tamiza

y pálpitos de estrellas que estremecen,

entre las maravillas celestes de Camilo,

 

“¡Hay que expropiar!”,

les dices, Salvochea,

“¡hay que expropiar la tierra, compañeros!,

¡sus olores de lluvia amanecida!,

¡la sazón de sus frutos!,

¡el arrullo del viento sobre el granar del trigo!

¡Hay que expropiar la mar

y su incesante

vaivén irreparable!

¡Hay que expropiar la luz

que nos iguala,

el bien que nos guarece!

¡Hay que expropiar, hermanos,

la palabra!,

¡que florezca

su inmediato sentido verdadero!

¡Hay que expropiar las leyes de los astros,

que son al fin las leyes de los hombres!”

 

Y ya se alza la luna

iluminando

el cerro del Castillo y el relente,

los surcos y las rejas que nutren las semillas.

 

AS MARAVILHAS CELESTES

 

E voltas, Salvochea,

um dia e outro dia deste outono

tão ocre castelhano,

a formar sem atrasos

o teu círculo de luz nas trevas.

 

Com a tua consciência às costas, o teu entusiasmo

de fé nos companheiros

tão distantes das suas casas, enquanto doem

ainda as cicatrizes,

as suas e as tuas,

enquanto rugem canhões ao extremo

do mundo que desgarram

a carne em carne viva,

tu assinalas, determinado,

este céu à mão que entoa a meseta.

 

Entre órbitas limpas que a razão depura

e palpites de estrelas que estremecem,

entre as maravilhas celestes de Camilo,

“Há que expropriar!”,

diz-lhes, Salvochea,

“há que expropriar a terra, companheiros!,

os seus cheiros de chuva amanhecida!,

a sazonalidade dos seus frutos!,

o murmúrio do vento sobre a espiga do trigo!

Há que expropriar o mar

e o seu incessante

vai-vem irreparável!

Há que expropriar a luz

que nos iguala,

o bem que nos ampara!

Há que expropriar, irmãos,

a palavra!,

que floresça

o seu imediato e verdadeiro sentido!

Há que expropriar as leis dos astros,

que são afinal as leis dos homens!”

 

E já se levanta a lua

iluminando

o outeiro do Castelo e o relento,

os sulcos e as relhas que nutrem as sementes.

 

 

Conrado Santamaría Bastida. De vivos es nuestro juego, 2015.  En Y no cejar / E nâo recuar. Antología (2011-2021). Traducción Carlos d`Abreu. Caraba Ibérica, 2022.

Imagen: Amalia García Fuertes

viernes, 25 de octubre de 2024

CARNE DE PROCESIÓN / CARNE DE PROCISSÃO


 

Fueron tiempos de hechizos y deslocalizaciones,

de estiércol y fuegos artificiales.

No sé si os acordáis.

 

Nosotros,

 

encorvados y alegres,

 

procesionábamos delante de las oficinas del paro vestidos de nazarenos,

procesionábamos por la mañana y por la tarde,

entre el redoble de los tambores y el estruendo de las cornetas,

procesionábamos por las noches también,

cuando las puertas de las oficinas habían sido clausuradas

y en sueños sudorosos nos empeñábamos en procesionar.

 

Bajo la lluvia, bajo la nieve, bajo los arduos rayos del sol

procesionábamos.

 

Procesionábamos

con nuestros propios pies, que descalzos arrastraban las cadenas,

procesionábamos

con nuestras propias manos, que ensangrentadas manejaban la disciplina,

procesionábamos

con nuestra propia canción, que silenciada se adhería a la polvareda.

 

Éramos carne de procesión.

 

Nuestros capirotes señalaban arrogantes el cielo,

mas la luz les huía,

nuestros cirios encendidos apenas iluminaban,

nuestros sambenitos devolvían su amarillo festivo a los ojos agradecidos de los espectadores,

que deslumbrados apartaban la mirada.

 

Procesionábamos interminablemente,

 

delante de las oficinas del paro,

delante de los estadios,

delante de los cuarteles,

delante de las catedrales,

delante de los patíbulos,

delante de las grandes superficies,

delante de los cementerios,

delante de los concesionarios,

delante de los parlamentos,

delante de las fundaciones,

delante de los hospitales,

delante de las cajas de ahorro,

delante de las cárceles,

delante de las administraciones de lotería,

delante de las escuelas,

delante de los parques temáticos,

delante de los manicomios,

delante de las redacciones,

delante de los urinarios,

delante de los zoológicos,

delante de los paraninfos,

delante de las comisarías,

delante de los solares en construcción.

 

Y procesionábamos delante de nosotros mismos

que nos mirábamos galvanizados y sonrientes por debajo del capirote

sin querer comprender.

 

Sonámbulos durante el día

y durante la noche sonámbulos.

 

Procesionábamos y procesionábamos

y a nuestras espaldas

no se derrumbaban edificios en llamas,

ni las nubes descargaban torrentes de sangre,

ni surgían del fondo del mar serpientes emplumadas,

ni las mujeres parían entre gritos niños decapitados.

 

Éramos carne de procesión.

 

Aquellos tiempos

de  verbenas y capitulaciones.

 

No sé si os acordáis.

 

CARNE DE PROCISSÃO

 

Foram tempos de feitiços e deslocalizações,

de esterco e foguetes.

Não sei se vos lembrais.

 

Nós,

 

corcundas e alegres,

 

processionávamos diante dos centros de desemprego vestidos de nazarenos,

passávamos de manhã e à tarde,

entre o redobrar dos tambores e o ruido das cornetas,

também passávamos durante a noite,

quando as portas desses serviços já tinham sido fechadas

e em sonhos suados nos empenhávamos na procissão.

 

Debaixo de chuva, debaixo de neve, debaixo dos árduos raios do sol

passávamos em procissão.

 

Passávamos em procissão

com os nossos próprios pés, que descalzos arrastravam as correntes,

passávamos em procissão

com as nossas próprias mãos, que ensanguentadas manejavam a disciplina,

passávamos em procissão

com a nossa própria canção, que silenciada aderia ao polvorinho.

 

Éramos carne de procissão.

 

Os nossos capuzes assinalavam arrogantes o céu,

mas a luz fugia-lhes,

os nossos círios acesos apenas iluminavam,

os nossos capotes devolviam o seu amarelo festivo aos olhos agradecidos dos espectadores,

que deslumbrados desviavam o olhar.

 

Passávamos em procissão interminável,

 

diante dos centros de desemprego,

diante dos estádios,

diante dos quartéis,

diante das catedrais,

diante dos patíbulos,

diante das grandes superfícies,

diante dos cemitérios,

diante dos concessionários,

diante dos parlamentos,

diante das fundações,

diante dos hospitais,

diante das caixas de depósitos,

diante das cadeias,

diante das casas de lotaria,

diante das escolas,

diante dos parques temáticos,

diante dos manicómios,

diante das redações dos jornais,

diante dos urinóis,

diante dos jardins zoológicos,

diante das aulas magnas,

diante das esquadras de polícia,

diante dos solares em construção.

 

E passávamos em procissão diante de nós mesmos

que nos olhávamos galvanizados e sorridentes por baixo do capuz

sem querer compreender.

 

Sonâmbulos durante o dia

e durante a noite sonâmbulos.

 

Passávamos em procissão

e nas nossas costas

não caíam edifícios em chamas,

nem as nuvens descarregavam torrentes de sangue,

nem surgiam do fundo do mar serpentes emplumadas,

nem as mulheres pariam entre gritos meninos decapitados.

 

Éramos carne de procissão.

 

Tempos aqueles

de verbenas e capitulações.

 

Não sei se vos lembrais.

 

 

Conrado Santamaría Bastida. De vivos es nuestro juego, 2015.  En Y no cejar / E nâo recuar. Antología (2011-2021). Traducción Carlos d`Abreu. Caraba Ibérica, 2022.

Imagen: Misha Gordin