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domingo, 5 de febrero de 2023

ESTE PUÑO SÍ SE VE


 

Quiero hacerme a la calle a protestar.

Aunque sea una marcha de una sola persona,

una conspiración minúscula,

la perfectamente ridícula guerrilla

de mi furor casero.

Avanzaré con el puño en alto,

coreando, solo, consignas incendiarias

contra el imperio, la explotación ambiente,

las turgentes banderas

donde se ha desteñido la esperanza

y el rojo se agazapa en el rosado.

Avanzaré, resuelto,

la pancarta adolorida de mi frente,

yendo desde mi audacia al mismo zócalo,

desdeñando la zarpa granadera

que me puede arrojar a promover

un plantón energúmeno

de lágrimas forzadas.

Haré al final un mitin rapidísimo

donde hablará el relámpago.

Y me iré a recoger allá en mi alcoba,

allá en mi soledad,

allá en la madriguera, en fin, del yo,

para depositar sobre la almohada

la destrucción del mundo.

 

 

Enrique González Rojo Arthur. Para deletrear el infinito IV, 1998. En El viento me pertenece un poco. Antología de poemas (1972-2008). Delegación Iztapalapa y Para Leer en Libertad AC.

Imagen: Ricardo Carpani. Ilustración incluida en el Informe sobre Trelew, editado en 1974.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Pregón


 

Se vende. Se compra.

Se compran y venden los precarios

jirones de humanidad

que cargan aún algunos individuos

como harapos al viento.

Se venden países.

Se compran conciencias que juraban,

amarradas al mástil de su Dios,

no venderse,

y se ocultan en algún rincón amueblado

por la hipocresía.

Se venden hilachos de banderas

y compases de himnos nacionales.

Se compran islas, islotes, continentes

o la anclada flota naviera

de un archipiélago.

Se importan trozos de mar,

tajadas de atmósfera,

fórmulas para hacer en secreto clonaciones,

y se exportan manos, ojos, pedazos de vidrio,

independencia.

Se importan toneladas de basura,

chatarra a manos llenas

y se exportan graneros de neuronas,

cerebros.

 

Detrás del que vende

y del que compra,

se encuentran escondidos, pero actuantes,

empuñando el timón,

tocando las fanfarrias de las voces de mando

o pasando sus mandatos bajo cuerda,

los intereses,

el oscuro parnaso de los titiriteros.

 

 

Enrique González Rojo Arthur. En Entre los poetas míos… Enrique González Rojo. Colección Antológica de Poesía Social, vol. 143. Biblioteca Omegalfa, 2020.

Imagen: Antoni Miró. El dòlar, 1974.

lunes, 19 de septiembre de 2022

LA ALTERNATIVA


 

Tan sencillo como esto:

vivir indignamente entre algodones

(que llegan al oído

para tapiar al yo, para dejarlo

sin nexos con el mundo),

con la cuota de besos de la madre,

los hijos y la esposa,

con los pulmones llenos del incienso

de la gloria oficial,

o vivir dignamente en la tortura,

en la persecución, en la zozobra,

con la tinta azul cólera en la pluma.

Tan sencillo como esto:

ser Martín Luis Garzón o ser Revueltas.

 

 

Enrique González Rojo Arthur. Para deletrear el infinito II, 1985. En El viento me pertenece un poco. Antología de poemas (1972-2008). Delegación Iztapalapa y Para Leer en Libertad AC.

Imagen: Mircea Suciu

sábado, 28 de mayo de 2022

Convicción


 

Puedo asegurarlo:

llegará un día en que los hombres,

al grito de “rompan filas” que sonará en los cinco continentes,

se desharán para siempre de la guerra:

mas esa paz no se obtendrá

blandiendo una bandera blanca,

un harapo de aurora,

entre dos o más oscuridades en pugna.

Ni regalando manojos de palomas

al traficante de armas,

o cantándole canciones de cuna

a la niña de sus ojos.

Ni soltando parvadas de preces

para horadar la cerilla

de la divina sordera.

La manera de conquistarla,

y de poner los cimientos,

las raíces del milagro,

del otro mundo que es posible,

tiene que ver con la toma de conciencia,

la metamorfosis, la inconformidad

de la mano.

 

La mano puede hallarse ahí, sobre el brazo del sillón,

sin hacer nada, fingiendo inexistencia,

puede tomar un serrucho y practicar con él

las cuatro operaciones aritméticas básicas.

Puede sacarle punta al lápiz

para que de nuevo relampaguee

la poesía.

Puede saltar a la guitarra, como mi hijo Guillermo,

para ir dejando poco a poco en libertad

el concentrado de aves

que encarcelan las cuerdas en su entraña.

Mas para conquistar la paz

es preciso que la mano haga violencia sobre sí misma,

se transmude en piedra,

en mazo,

en granada,

en sorpresa conspirativa,

que crezca no sólo al tamaño de nuestro odio

sino que exceda la fuerza del adversario.

 

¿Que un poema no es una bazuca?

¿Que el sudor ennegrecido por la faena

no puede ser comparado,

ni torciéndole el brazo a la metáfora,

con la polvora?

¿Que lo ideal no puede nada,

lo que se dice nada,

contra la férrea obcecación

de una fortaleza?

Quién lo duda. No somos tan ingenuos.

Pero hay valentías, maneras de organizarse,

cuentas pendientes, desesperaciones sin marcha atrás,

solidaridad de géneros, granitos de arena,

inteligencias lucidísimas que piensan

las 24 horas del día en cómo desencadenar

la gran descompostura de lo existente,

hombres y mujeres que están dispuestos a dar todos

sus entresijos,

millones de voluntarios dispuestos a pisotear todos y cada uno

de los relojes que marean el curso del sistema imperante.

 

Las manos pertenecen a esta estirpe.

Las manos vueltas sobre sí, conscientes,

conformando cerebros con sus puños.

Las que aprietan su autonomía

como don del cielo,

las que se hallan encinta,

las que saben qué quieren y a dónde ir.

Las que se empuñan a sí mismas.

Las que toman la forma de primeras piedras

del nuevo mundo.

 

 

Enrique González Rojo Arthur. En Entre los poetas míos… Enrique González Rojo. Colección Antológica de Poesía Social, vol. 143. Biblioteca Omegalfa, 2020.

Imagen: Eugène Laermans. En marche, 1893-1894.