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lunes, 12 de octubre de 2020

FRAGMENTO PARA UN HOMENAJE A RAYUELA


Escuchamos hablar de la grandeza del espíritu humano

grandes vocablos entretejen su estela acreditada

formando una constelación primorosa que celebra occidente

la civilización occidental casi es una fórmula mágica

sin ese sésamo ¿qué sería del 90 % de los discursos?

los vocablos orden destino inmortal unidad

debidamente apuntalados por el mármol de las estatuas

circulan por la vieja europa como denodadas modistas

que hilvanan angustiosamente con hilos las épocas los rotos

 

es esa la cuestión la cabellera de la vieja europa

se ha venido peinando con famosas palabras

y he aquí que la mata de pelo aparece de pronto

como una explosión fastuosa de innominables crenchas

selváticas mechones profundas calvas numerosas liendres

es esa la cuestión los peines henchidos del pasado

en su uniformado combate con la hostil pelambrera

apenas si a través del temor conservan un poco de crédito

 

¿y bien mon ami? ocurre que la expresión ménage à trois

resulta más moderna que el vocablo destino

ocurre que los beatles se cachondean del muy severo scotland yard

y del palacio de la reina y que ello deleita a esos muchachos

que escupen como adultos y aborrecen los uniformes

resulta que todo lo nombrado inmortal les da risa ah caramba

y prefieren tocar la guitarra o reforzar los sindicatos

resulta que la palabra horden les parece muy sospechosa

vive dios no es seguro que todos estos hinchas de joan báez

se aplaquen con la edad y afiancen los negocios de papá

qué va a ocurrir si ellos se burlan de todo lo grandioxo

en fin y resumiendo ocurre que entre asistir a un striptease

o leer las fábulas de samaniego ellos han elegido vive dios!

 

escuchamos mentar la GRANdeza del hespiritumano

y entre aullidos caricias descaradas y guitarras eléctricas

advertimos que se marea la zibilycaqión ocziDental

y que a lo + xagrado le nacen como hiedras de reúmas

mientras cortázar en una novela escribe mierda de seis formas

y dekora kon kaes enkantadoras las voces ke corrían el peligro

de coaczionar kon su grandioxo krédito y su bufaratada

de siglos hi de xiglos hi de imnos hi de hestatuas

 

¿ké va a pasar hakí vive dios si hestos chikos

se hobstinan hen no ver la helegancia de nuestras reverenciaS

hi no advierten la hauténtikaka grazia estilizadah

de akestas sabias da+ ke bordan la pavana heskisita?

 

 

Félíx Grande. Blanco Spirituals, 1967. En Blanco Spirituals / Las rubáiyátas de Horacio Martín. Cátedra, 1998.

Imagen: Arte situacionista

 

lunes, 16 de marzo de 2020

CONCEPCIÓN OCONTO


                                                             HABÍA «MUERTO» ANTES CUATRO VECES   
MATA A SU MARIDO –ENFERMO DE CATALEPSIA–
A HACHAZOS

Lima, 29.-Harta de ver a su marido resucitar constantemente,
Concepción Oconto, una india de los alrededores de El Cuzco, lo ha
matado a hachazos. Había recibido la «aprobación de un consejo de
familia». El marido sufría catalepsia y había «muerto» cuatro veces
y resucitado otras tantas. Cada vez que esto sucedía, la familia pre-
paraba un entierro que tenía que ser suspendido en el último momen-
to. Concepción, convencida de que su esposo padecía de alguna mal-
dición, decidió finalmente «ayudarlo a morir».

Alp-Efe. Diario Pueblo, diciembre de 1964



Volvamos a la realidad.

JOSÉ HIERRO



Qué nombre el tuyo Concepción Oconto.

Sonoro y misterioso, claro y noble,

tan labial, tan esférico. Qué nombre.

Pudiera haberlo usado una cantante extraordinaria,

lanzarse desde él al «Himno a la alegría» de Beethoven,

cantando. Pudiera haberlo usado

algún líder de la justicia, de esos que entre pocas palabras

vierten un caudaloso borbotón de conducta.


Volvamos a la realidad.

No fuiste un líder, no fuiste una artista.

Fuiste tan sólo una mujer se supone que pobre,

ignorante, supersticiosa. Enlodada en espanto

y habitando a varios siglos de distancia

del nacimiento de la ciencia y del año en decurso.

Fuiste una desplazada de la historia,

una india retenida en el pozo de su atavismo,

cuando la horda lloraba de miedo a la puesta del sol.

Volvamos a la realidad. ¿A quién tenemos que culpar

de ese hachazo famélico? «La familia preparaba

un entierro que tenía que ser suspendido…»

Sí, todo cuesta caro, sobre todo a una india

«de los alrededores de El Cuzco». ¿Cómo era tu vivienda?

¿chabola? ¿cueva? No hagamos especulaciones,

volvamos a la realidad.


Volvamos a la realidad: imaginad

ese consejo de familia deliberando, exorcizando

(¿sentados en sillas? ¿en piedras?)

decidiendo –entre miradas temerosas

a un pobre cataléptico– el cercén, la sangría,

y que los dioses nos liberen de este excesivo, sordo horror,

y liberen también el alma del cadáver descuartizado.


Cuzqueña, Concepción Oconto: y luego te detienen,

te juzgan, te condenan («¿qué ocurre?»).

Te encierran en una prisión sin que comprendas nada.

Y sigue la civilización su curso. Se explotan los inventos

como canteras de metales preciosos, entre avaricia legendaria

y laboriosos, escondidos crímenes.

Mientras, los rotativos circundan las naciones

depositando en una gacetilla, al descuido, de modo

somero, negligente, un acontecimiento

trivial, que alguna vez, en el principio de los siglos

y en la era atómica, salpicó el edificio

del avance del mundo y del hombre. Volvamos,

volvamos a la realidad:

se supone que ella (¿qué edad tendrá?) se encuentra

en una cárcel, masticando en silencio

los alimentos presidiarios,

meditando en lo oscuro sobre todo esto que le hacen,

incomprensiblemente; acaso hablando, suplicando a sus dioses

y viendo en sueños la cabeza cercenada de su marido.


No fuiste un líder, Concepción Oconto,

no lo fuiste, cuzqueña, no lo fuiste.




Félix Grande. Blanco Spirituals, 1967. En Blanco Spirituals / Las rubáiyátas de Horacio Martín. Cátedra, 1998.

Imagen: Martín Chambi. Campesinos indígenas en el juzgado, Cuzco, 1929.

sábado, 12 de octubre de 2019

Criatura de dolor (Fragmento)


…¿Quién es «usted»? ¿Alguna vez reconfortó sus sienes

con el ungüento de la modestia y se preguntó usted

quién es usted, qué es usted, fuera de la materia

en que consiste, y a cuyas leyes debe su consistencia,

su aglomeración, el equilibrio laborioso

de sus megamillones de neuronas?... ¿Qué cree usted

que son su nombre y su soberbia, su costumbre

de mando, su poder sobre quienes pronuncian

con precaución su propio nombre, la altanería

con que maltrata a sus contemporáneos reos de vejación,

vestidos de arpillera y de sometimiento? ¿Quién

es usted? Nuestra casa canta en el pentagrama

del Sistema Solar, cuya posada es la Vía Láctea:

en la galaxia hay miles de millones de proles

planetarias: y en el Espacio hay miles de millones

de galaxias: ¿quién es usted? ¿Qué le sucede a usted

cuando para imponer su nombre, la arrogante bandera

de su ejército de miseria y poder, le complace

sembrar humillación en este huerto de la gente?


¡He aquí el maravilloso huerto de la gente!

He aquí nuestra posada común. He aquí la intensidad

y la fugacidad de nuestro júbilo… Es aquí donde

nuestra costumbre de padecer erráticos en el barranco

de la ignorancia nos deposita en la sospecha de que allí,

Antes, en la fragua de nuestro destino, fulge un mandato

suntuoso: Hágase la Fraternidad. …Es aquí, en casa,

donde la humillación, lentitud y fruición del asesinato,

demuestra ser incomprensible, y luego insoportable

y, finalmente, odiosa. Es, pues, aquí, en casa, en donde el humillado,

con todo el derecho que le confiere el saberse heredero

del dolor de la Especie, y destinado al trago de la muerte,

traga la humillación y la transforma en rabia,

en resentimiento, en odio, en estupor:

y es aquí, en casa, en donde el estupor, disfrazado

de asunto personal, deviene cósmico: se convierte

en conciencia. Es aquí donde la conciencia, la inconsolable

criatura múltiple, encuentra la grieta en luz del túnel,

la cima del consuelo: la creación de formas de lenguaje.






Félix Grande. Libro de familia. Visor, 2011.

Imagen: László Moholy-Nagy, 1927.

jueves, 28 de febrero de 2019

En este poema


Otros envidian a los héroes

yo respeto mucho a los locos

Otros remedan a sus líderes

yo medito en los fracasados

Otros adoran el porvenir

yo sufro estadísticas sobre la Bomba

Otros se entregan de bruces a un dios

yo aprieto los dientes y paso como puedo

Otros aparentan o tienen fortaleza

yo soy mi horror y mi disipación

Otros se llenan el pecho de himnos

casi hasta reventar de victorias

yo ausculto la guerra y veo

barro fémures violaciones

Otros creen que el hombre es hermoso y delinque

yo creo que es inocente y sórdido

Otros creen que la cobardía y el coraje

están separados por una frontera

yo creo que el miedo y la agresión

tienen una frontera que a menudo los une

Otros envejecen entusiasmados

yo escucho la carcoma en mi juventud

Otros se hacen esclavos de su conducta

yo la busco sin fin entre mi terremoto

Otros llevan flores a sus antepasados

yo floto en el reloj con una cana negra

Ellos tienen razón   yo estorbo

Yo no deseo destruir          ellos están dispuestos

Mutuamente nos estorbamos

Ellos van a morir     yo también


En este poema hay carroña y angustia





Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín. Lumen, 1978.

Imagen: Michael Ackerman. Polonia, 2003.