Mostrando entradas con la etiqueta Ángela Figuera Aymerich. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ángela Figuera Aymerich. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de marzo de 2026

LOS NIÑOS


 

En el Vietnam hay niños; nacen niños.

Traídos a la vida cada día

por la corriente irreprimible

del poderoso amor, confiadamente,

osadamente nacen. Son pequeños,

son dulces y dorados

como la piel del plátano maduro.

No saben nada; sólo

vivir. Y sólo quieren

vivir al sol, al beso y a la brisa;

beber amor por todos los sentidos;

comer, reír, llorar. Y enderezarse

como los tallos del arroz, primero;

luego, como los troncos de la selva.

Mirad y ved los niños aplastados,

acuchillados, rotos,

perforados, roídos

por el napalm; mirad sus carnes puras

llagadas hasta el hueso;

ved las vacías cuencas de sus ojos.

(El yanqui escribe a la familia

y manda besos a los pequeñines.)

 

 

Ángela Figuera Aymerich. Obras completas. Hiperión, 2009.

Imagen: Rizek Abdeljawad. Khan Younis, 2023.

miércoles, 27 de marzo de 2024

ÉXODO


 

Una mujer corría.

Jadeaba y corría.

Tropezaba y corría.

Con un miedo macizo debajo de las cejas

y un niño entre los brazos.

 

Corría por la tierra que olía a recién muerto.

Corría por el aire con sabor a trilita.

Corría por los hombres erizados de encono.

 

Miraba a todos lados.

Quería detenerse.

Sentarse en un ribazo con su hijo menudo.

Sentarse en un ribazo y amamantar en paz.

 

Pero no hallaba sitio.

No encontraba reposo.

No lograba la pausa sosegada y segura

que las madres precisan.

Ese viento apacible que jamás se interpone

entre el pecho y el labio.

 

Buscaba cerca y lejos.

Buscaba por las calles,

por los jardines y bajo los tejados,

y en los atrios de las iglesias,

por los caminos desnudos y las carreteras arboladas.

Buscaba un rincón sin espantos,

un lugar aseado para colocar una cuna.

Y corría y corría.

Dio la vuelta a la tierra.

Buscando.

Huyendo.

Buscando.

Y no encontraba sitio.

Y seguía corriendo.

 

Y el niño sollozaba débilmente.

Crecía débilmente

colgado de su carne fatigada.

 

 

Ángela Figuera Aymerich. El grito inútil, 1952. En Obras completas. Hiperión, 2009.

Imagen: Ramadan Abed. Una mujer palestina huye con sus hijos trillizos del hospital de Al Shifa después de un bombardeo israelí, 2024.

sábado, 29 de enero de 2022

SOBRAMOS


 

Está tan lleno el mundo. Terriblemente lleno.

De montañas, de árboles, de cuarteles, de fábricas.

De casas con vecinos y blancos sanatorios.

 

(De vez en cuando hay flores. No las cortéis, amigos.

De vez en cuando hay ríos como venas sin brújula.)

 

Hay tantos trenes, cárceles, torpederos, aviones,

motores, cines, bancos, quirófanos, tabernas.

 

Tantas lindas estrellas y anuncios luminosos.

(Coñac Barbier, Calzados Eureka y así, muchos.)

 

(También hay automóviles más veloces y bellos

que arcángeles de acero con las alas plegadas.)

 

Hay mujeres que ríen. (Rouge aux lèvres. Pitillos.)

Hay niños que sollozan detrás de las paredes

junto a madres dormidas con una piedra al cuello.

Y bebés custodiados en cunitas cromadas

que engordan entre leche condensada y puntillas.

Hay dulces solteronas que cuidan un perrito.

Muchachas con los ojos divinamente tontos.

Y adolescentes rubios con el vello erizado

por extraños deseos.

 

El mundo, sobre todo, está lleno de hombres.

Cuántas manos inútiles, camisas remendadas,

zapatos descosidos lamiendo los asfaltos.

Cuántos ojos y bocas acechando voraces.

Cuántos cerebros blancos con pensamientos peces

girando entre benéficas pastillas de aspirina.

No olvidemos los sabios. Esos sabios atroces

que trasnochan jugando con palabras difíciles:

Ciclotrón, supersónico, cibernética y otras.

 

Está tan lleno el mundo, que yo, palabra, amigos,

no sé dónde ponerme.

No sé si tengo sitio.

Los poetas sobramos.

 

 

Ángela Figuera Aymerich. El grito inútil, 1952. En Obras completas. Hiperión, 2009.

Imagen: Alfred Eisenstaedt. Grand Hotel dining room, St. Moritz, 1932.

domingo, 20 de diciembre de 2020

A MIGUEL HERNÁNDEZ MUCHOS AÑOS DESPUÉS


 

Todavía.

Ya ves Miguel, estamos todavía

en esta misma cárcel donde fuiste

ganándote la muerte día a día.

Por ella alzaste el vuelo y te evadiste

de la ruindad del plomo y de las rejas.

En ella te sembraste y te creciste.

Pájaro libre, vuelas y nos dejas

en este sacrosanto estercolero

donde las penas se nos hacen viejas.

Ya ves Miguel: el mismo carcelero;

la misma espuela hiriendo los ijares

del pueblo despojado y prisionero…

 

Rezamos día y noche tus cantares

para guardar el corazón entero…

¿Sabes tú el fin del odio y de las penas?

¡”Compañero del alma, compañero”!

 

(Recital homenaje a Miguel Hernández

en la Casa de Cultura de Moratalaz)

 

 

Ángela Figuera Aymerich. En Obras completas. Hiperión, 2009.

Imagen: Semión Agroskin. Одежда, 2008.