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miércoles, 30 de octubre de 2024

EL HILO SE ENHEBRA


 

El hilo se enhebra

en el estricto hueco de la aguja

y trae memoria del huso, de la rueca,

de la paciente disciplina de que hablaba

el libro de los proverbios,

del largo tránsito por el algodón,

por su torcedura

desde que alguien lo miró crecer en su semilla

imaginando el blando copo de riqueza

hasta que es parte diminuta

e imprescindible

de la bobina, la máquina, el pedal.

También del pie o los dedos que lo mueven,

lo liberan

de su propia trabazón, su coyuntura

si es hilo solo, apenas desprendido

de la costura tortuosa y necesaria.

 

El hilo arrastra en sí

una puntada secular e inconmovible

que nos anda trabando, remendando

al comienzo del frío, del pudor,

del forzoso reconocimiento de la tribu

en la lana, en el cuero,

en la piel,

en la enorme cicatriz de los cuerpos desnudos

y amparados.

 

 

María Ángeles Pérez López. La sola materia. Aguaclara, 1998.

Imagen: Flor Carvajal

sábado, 12 de febrero de 2022

TODO LO RECUBRE PIEL HUMANA


 

Todo lo recubre piel humana.

     Como una moqueta despellejada y sola; como si nombres propios y comunes uniesen sus órganos, su temperamento desigual; como si lo heterogéneo pudiese estar contenido en lo homogéneo, todo lo recubre piel humana: puentes que unen sin mampostería las tres letras de la palabra río, lujosas viviendas desocupadas en las ciudades que muerden el extrarradio de su necesidad, maltrechos ascensores que siempre huelen a lejía, piscinas públicas y esas catedrales que albergan, bajo la vehemencia sorprendida de sus bóvedas, tendón y ligamentos de quienes las pusieron en pie sobre los hombros.

     Cuando giran los cuerpos en sus piedras molares entregan la proporción áurea de su propio agotamiento, las toxinas que enfermaron en los bronquios, la dermis desgastada a causa de ese tránsito: el que va de lo orgánico a lo mineral, el que envía a través de las venas una tumultuosa proliferación de eritrocitos para que en el espesor calcáreo se abran cauces de sangre liberada.

     Como si hubiese conductos escondidos, corredores de sombra que nunca aparecen en los planos pero comunican entre sí, furtivamente, la maquinaria exactísima de los huesos radio y cúbito con el magro caudal de la pobreza.

     Compás que oprime la musculatura del brazo en sus tardes desesperadas para que la piel sea tegumento y protección, cápsula de aire que todo lo envuelve sobre su propia precariedad y lo protege del desalojo de vivir.

     Muy cerca tiembla el trueno de la tilde en el grisú y bajo las redecillas para el pelo de las cocineras quedan atrapadas las declaraciones de libertad, igualdad y fraternidad. La comuna de París está tan lejos que es sólo una línea imaginaria, un brevísimo apunte descarado que no termina de desaparecer de los manuales.

     Pero también en los barrios de Madrid o Palencia es piel humana la primera que arde y se estremece. No importa que parezca lo contrario.

     Luego caerán los días o las bombas pero justo antes de ese estallido que todo lo compete, será piel la que entrega su nombre hasta morir. No importa que parezca lo contrario.

     Piedras, pasajes, porterías de fútbol. Todo lo recubre piel humana.

     Por eso las manos de mi padre, ahora que envejece, se atormentan. Van agarrotándose hasta quedar inmovilizados los tendones.

     Mientras lo miro caer hacia otro tiempo él va volviéndose un bloque desnudo de hormigón. Las casas que ha levantado, el tiempo que ha levantado, los enseres y caminos que ha levantado serán más duraderos que él mismo porque ha entregado su corazón a esa tarea inflexible y pertinaz. Ha donado su luz, su consistencia.

     Nada se ha quedado para sí. Ninguna monedita de fulgor ha quedado olvidada en su bolsillos.

     La piedra, a cambio, le regalará su inmovilidad, el noble territorio de lo ausente.

     Por eso sé –no importa que parezca lo contrario– que cuando sus manos rotas, incompletas y bellísimas sean tan sólo sillares para el aire, formarán argamasa y trabazón. Índice en que el oxígeno se asienta.

     Piedra padre que todo lo ha fundado. Geología y canción de los nudillos.

 

 

María Ángeles Pérez López. Incendio mineral. Vaso Roto, 2021.

Imagen: Pedro Luis Raota

miércoles, 1 de diciembre de 2021

MUROS LOW COST


 

Miré los muros de la patria mía,

Los datos y análisis

económicos muestran con

claridad que el sector

construcción

si un tiempo fuerte ya desmoronados,

tiene siempre un

comportamiento cíclico

de la carrera de la edad cansados,

en las economías de

mercado.

por quien caduca ya su valentía.

En el caso español,

Salime al campo, vi que el sol bebía

los hechos refrendan

históricamente esta

característica,

los arroyos del hielo desatados,

de forma que todas las

fases expansivas,

y del monte quejosos los ganados,

a pesar de las diferencias

que pueden advertirse entre

ellas,

que con sombras hurtó su luz al día.

han dado paso a una

detención del crecimiento

Entré en mi casa, vi que amancillada

y un posterior desplome

de anciana habitación era despojos,

y un posterior desplome

mi báculo más corvo y menos fuerte.

y un posterior

d

e

s

p

l

o

m

 

 

 

 

e

 

 

María Ángeles Pérez López. Interferencias. La Bella Varsovia, 2019.

Imagen: Markel Redondo

domingo, 22 de agosto de 2021

[Creciendo]


 

Creciendo paso a paso,

moviéndose en la sangre,

avanzando despacio por entre las arcadas

de arterias silenciosas

en la feroz propulsión de la energía,

como un légamo gris y enmarañado

que sopla por la flauta del oído

el aliento enfermizo de sí, de su pobreza,

 

como un pájaro oscuro entre los dos pulmones,

el estómago, sus vueltas desde dentro del cuerpo,

reventado en la pelea desigual

de hacerse un hueco para cantar un canto

que no sea inaudible,

que haga temblar primero a las rodillas,

después a los mineros,

a los encarcelados

y a los que santifican los domingos,

a los insobornables y su esencia

podrida como un cántaro de mierda,

 

un canto como un grito como un trueno

inflexible y furioso en su latido,

una voz desde el día de la ira

para prenderle fuego a la historia excesiva

de toda esta amargura que no desaparece,

para quemarse así en su propia violencia,

 

porque si hay que morir al menos elijamos.

 

 

María Ángeles Pérez López. En Voces del Extremo. Poesía y economía. Coord.: Ángela Orihuela Martín. Amargord, 2021.

Imagen: Bruce Davidson