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domingo, 28 de marzo de 2021

EL FUTURO ES UN TIEMPO QUE NUNCA LLEGA


 

¿Es cierto que el futuro es ese lugar en donde nadie quiere vivir?

 

¿Es posible que en cada uno de nosotros exista un miedo irreconocible a no poder salvar el mundo?

 

La inmortalidad será posible tan sólo si cedemos nuestras emociones más íntimas a las grandes firmas publicitarias.

 

La sociedad es un animal sin pulso como las imágenes que recogen en la calle las cámaras de visión nocturna.

 

Las noticias hablan de la conveniencia de volver a las estructuras políticas del pasado, a una dimensión moral que pensábamos obsoleta.

 

Dónde termina mi autenticidad, me pregunto, y comienza la construcción audiovisual de mi pensamiento.

 

Pones tu cabeza en mi hombro, coges mi mano.

Me dices: no te preocupes, el futuro es un tiempo que nunca llega.

 

Pero también tú tiemblas, igual que una pantalla mal sintonizada, ante la posibilidad de que, incluso nosotros, formemos parte de esa multitud que compite por alcanzar la felicidad.

 

Las preguntas que gobiernan el mundo están equivocadas, pienso.

 

¿Hacia dónde me llevan las palabras que pronuncio?

¿De qué forma perciben los que me rodean el más común de mis movimientos?

 

La conciencia de las masas oscila según los impulsos del marketing político.

 

Todas las veces que nos hemos amado, te digo, se encuentran almacenadas en la base de datos de alguna multinacional.

 

Apago el sonido de la televisión y los gestos que me transmiten los tertulianos son de alerta ante la inminente cercanía de una realidad distópica.

 

El futuro nos amenaza con hacer crecer una guerra en cada uno de nosotros.

 

El alcohol y las drogas se convertirán en las formas más aceptadas de expresar emociones, y la poesía

                                               la poesía desaparecerá en la enfermedad capitalista de la industria.

 

No somos los únicos que agitan en sus manos un corazón en llamas.

 

Lo inmoral sería no ir en busca del misterio que hay detrás de las horas.

 

Cuido de mi existencia al intentar dar amparo con mi voz.

 

Enumero mis buenos actos para olvidar la sed que  me provoca el consumo diario de pastillas para dormir.

 

Para que ninguna cámara de vigilancia pueda leer nuestros labios, nos decimos al oído que la felicidad no se encuentra en mitad de esta catástrofe.

 

Abrázame, te digo, para protegernos de la velocidad con que pasan los días.

 

 

Rodrigo Garrido Paniagua. El amor en la era del Big Data. Difácil, 2020.

Imagen: Archillect

lunes, 2 de septiembre de 2019

EL FIN DEL MUNDO EN LAS TELEVISIONES


El fin del mundo en las televisiones
Diego Doncel


Las televisiones parecen confirmarnos el comienzo del fin del mundo.


Descubro en los telediarios

la lentitud

del polvo

posándose sobre la íntima arquitectura

de los hombres.


El exilio,

               por ejemplo,

como un pájaro herido que olvida su vuelo,

es el eco

de aquello que se abandona.


Cuándo sucedió que la vida

se transformó en supervivencia.


A través de los omnipresentes ojos de un drone

se retrasmiten

las heridas de la humanidad.


De nuevo

                        en mí

la desilusión por este experimento antiguo

que creíamos tan bello.


¿Acaso no importa ya

el hombre después del hombre?





Rodrigo Garrido Paniagua. En Voces del Extremo: poesía & harragas. Coord. Ángela Orihuela. Amargord, 2019.

Imagen: Arthur Tress

domingo, 27 de diciembre de 2015

Clandestinos



Primero nos asignaron un sueldo

manchado de sudor y enfermedad

y la necesidad de tatuarnos en las manos

la oscura posesión de las cosas.


Después llamamos voluntad

a las vallas clavadas en la tierra,

trabajamos para los cartógrafos del dolor,

y delatamos, sin miramientos,

a exploradores que cavaban 

túneles en la sombra.


Nos acostumbraron al cautiverio.

Nos acostumbramos al cautiverio.


Un maquillaje torpe

enmascara

miradas que tiemblan.


Algunos respiran lento

para poder llamar a las cosas

por su nombre.


Dormimos de pie y por turnos,

nos sabemos presas,

intuimos que una vez fuimos

hermosos animales salvajes.





Rodrigo Garrido. En Voces del extremo. Poesía antidisturbios. Amargord, 2015.

Imagen: Andrzej Wróblewski. Ejecución con un chico, 1949.