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lunes, 2 de diciembre de 2024

[Y siempre esta nostalgia de la verdad,]


 

Y siempre esta nostalgia de la verdad,

esta insistencia desbocada y triste

hacia lo que reúne.

De nuevo, al despertar, la vieja angustia de lo complementario:

la desazón avariciosa que padece lo escaso.

Se me despliega un abanico de preguntas tartamudas:

se abre y se cierra fingiéndome un sofocado agobio.

Tengo necesidad de respirar consuelo

y tengo miedo a que el lenguaje me traicione hasta el pulso.

Desearíamos hallar la fórmula

que nos llevara hacia la pausa,

quisiera huir de este terror anónimo

que me barniza como una escayola

impidiéndonos alcanzar la ayuda,

el fiel socorro de lo que está vivo.

Silenciosos, como el arpa de Bécquer,

recorremos el túnel de lo cotidiano

y alguna vez nos detenemos en cualquier espejo

para que alguien nos anime

con una sonrisa forzada.

 

 

Francisca Aguirre. La otra música. Cultura hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1977.

Imagen: Sam Taylor-Wood. Night Water I, 2012.

lunes, 19 de febrero de 2024

NADIE SABE QUÉ SON


 

Bajan, atravesando el firmamento,

vienen sin ser llamados.

Nadie sabe qué son ni a dónde pertenecen.

Descienden, mágicos y ajenos,

iluminan sin luz, cantan sin música.

 

Llegan, definitivamente llegan;

nos invaden

y algo que no entendemos sobreviene

quemándonos sin fuego.

De donde no sabemos, vuelven.

Traen en su aparecer, en su deshora,

la desazón profunda de lo incierto.

No calientan ni hielan,

solo inquietan. Y huelen

como la luna sobre el mar. Cantan

como el color vibrante de las flores.

Nadie sabe qué son ni a dónde pertenecen,

pero la sangre se acelera,

la memoria tirita como un náufrago.

 

Bajan, atravesando el firmamento,

suben desde el abismo y la nostalgia,

iluminan sin luz, cantan sin música.

Dios mío, cantan, cómo cantan.

 

 

Francisca Aguirre. Pavana del desasosiego, [1993-1998]. En Ensayo general. Poesía reunida 1966-2017. Prólogo: María Ángeles Pérez López. Calambur, 2017.

Imagen: Igor Posner

jueves, 1 de febrero de 2024

ANÓNIMOS


 

Sois los dueños del habla, los amos de la lengua: y no os conozco. No sé nada de vuestra vida, ignoro por completo quiénes fuisteis. Sé sin embargo que os lo debo todo. Sé que nada sería sin vosotros. Qué estirpe vuestra estirpe, y qué casta la vuestra. Anónimos del alma, el alma mía, misteriosos juglares, enamorados caballeros, trovadores, pastores, cantaores analfabetos, trágicos mineros. ¿Cuál de vosotros, desconsolado, acudió a las palabras como último refugio y lloró en la noche: «Ardé, corazón, ardé / que no os puedo yo valer»? ¿Quién sería el amante desesperado que dijo: «Alamitos del prado / si tenéis lengua, / no digáis de mi vida, vida / lo que hay en ella»? ¿O el triste que gritó: «Corazón, sigue tu vía / que yo seguiré la mía»? ¿Quién sería el Conde Arnaldo? «En Ávila mis ojos, / dentro en Ávila. En Ávila del Río / mataron a mi amigo, / dentro en Ávila». Todos fuimos a Ávila contigo. ¿Cómo no ir contigo a Ávila?

«Qué desgracia es la mía / hasta en el andar, / que los pasitos que yo daba p’alante / se vuelven p’atrás». ¿Qué corazón no ha retrocedido cuando quería avanzar? A todos, alguna vez, se nos han vuelto los pasitos para atrás. «El sitio donde te hablé / me dan ganas de volverme, / sentarme un ratito en él». Al sitio aquel todos hemos vuelto y nos hemos sentado un ratito al lado de aquel extraordinario y anónimo amante. ¿Y quién sería, quién sería el mágico poeta, el músico secreto que cantó por primera vez: «Qué pájaro será aquel / que canta en la verde oliva. / Corre y dile que se calle, / que su canto me lastima».

No sé quiénes fuisteis, ni sé cómo fue vuestra vida. Pero sé que sois los infatigables ángeles tutelares del corazón, los vigilantes de nuestro mejor sentir, los sembradores de lo eterno. Los que nunca traicionan, los que siempre comprenden. Los sigilosos zurcidores del olvido, los magistrales devanadores de la memoria. Los tañedores del vocabulario. Sé de vosotros lo mejor, lo que perdona y salva y restituye. No tengo vida suficiente para agradeceros el que hayáis existido.

 

 

Francisca Aguirre. Los maestros cantores [1992-2000]. En Ensayo general. Poesía reunida 1966-2017. Prólogo: María Ángeles Pérez López. Calambur, 2017.

Imagen: Museo Británico. Flauta de hueso del Paleolítico superior hallada en La Roque, Aquitania.

jueves, 18 de abril de 2019

No os confundáis


Y cuando ya no quede nada

tendré siempre el recuerdo

de lo que no se cumplió nunca.

Cuando me miren con áspera piedad

yo siempre tendré

lo que la vida no pudo ofrecerme.

Creedme:

Todo lo que pensáis que fue destrozo y pérdida

no ha sido más que conjetura.

Y cuando ya no quede nada

siempre tendré lo que me fue negado.

No os confundáis: con lo que nunca tuve

puedo llenar el mundo palmo a palmo.

Tanto miedo tenéis que no habéis advertido

la riqueza que se oculta en la pérdida.

Desdichados,

poca ganancia es la vuestra

si nunca habéis perdido nada.

Yo sí he perdido:

Yo tengo, como el náufrago,

toda la tierra esperándome.





Francisca Aguirre, Los trescientos escalones. Bartleby, Madrid, 2012.

Imagen: Constantine Manos. Woman in Mourning Awaiting Steamer, Heraklion, 1961-1967.

jueves, 15 de junio de 2017

Atropellados por nosotros mismos



A Marisa y Rafael Montesinos



Atropellados por nosotros mismos,

difamados por nuestra inocencia,

decapitados por nuestro sarcasmo

somos los mutilados de una extraña guerra,

una guerra en la que los vencidos

vencen desaforadamente a los vencidos.

Muñón contra muñón, hueso con hueso

defendemos la dictadura de nuestra impotencia

y como mártires gritamos:

justicia y libertad.





Francisca Aguirre. La otra música. Cultura hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1977.

Imagen: Roger Ballen. De Theatre of the Mind.