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martes, 7 de enero de 2025

[Son (somos) compañeros de cárcel.]


 

Son (somos) compañeros de cárcel. Este reconocimiento, sea cual sea el tono de voz en que se manifieste, contiene un rechazo. En la cárcel, más que en ningún otro lugar, se calcula y se espera el futuro como algo completamente opuesto al presente. El encarcelado nunca acepta el presente como algo definitivo.

Mientras tanto, ¿cómo hemos de vivir este presente? ¿Qué conclusiones hemos de extraer? ¿Qué decisiones tomar? ¿Cómo actuar? Tengo orientaciones que ofrecer, ahora que hemos decidido el punto de referencia.

A este lado de los muros se presta oído a la experiencia, no hay experiencia que se considere obsoleta. Aquí la supervivencia se respeta y es un lugar común que la supervivencia depende a menudo de la solidaridad entre prisioneros. Las autoridades lo saben, y por ello utilizan el confinamiento solitario, bien físico o mediante el ruido mediático que aísla las vidas personales de la historia, de la herencia, de la tierra y, sobre todo, de un futuro común.

Ignora lo que dicen los carceleros. Existen, claro está, los carceleros malvados y los menos malvados. En ciertas circunstancias resulta útil distinguir la diferencia. Pero lo que dicen, incluso lo que dicen los menos malvados, son pamplinas. Sus himnos, sus fetiches, sus palabras mágicas, seguridad, democracia, identidad, civilización, flexibilidad, productividad, derechos humanos, integración, terrorismo, libertad, se repiten para confundir, dividir, desorientar y sedar a los prisioneros. A este lado de los muros, lo que dicen los carceleros no tiene sentido y sus palabras ya no sirven ni para pensar. No aclaran nada. Recházalas incluso cuando pienses tú solo en silencio.

Como contraste, los prisioneros tienen su propio vocabulario, con el que piensan. Muchas palabras son secretas y otras son locales, con infinitas variantes. Palabras y frases pequeñas, pequeñas pero que contienen un mundo: Te voy a enseñar cómo, pajarillo, algo pasa en el ala B, murió por nosotros, toma esta rulita, al toro, y así…

 

John Berger. Mientras tanto, 2008. En Por qué miramos a los animales. Traducción: Pilar Vázquez y Abraham Gragera. Alfaguara, 2023.

Imagen: Telemaco Signorini. Prisión en Portoferraio, c. 1894.

lunes, 30 de diciembre de 2024

[En la vida diaria realizamos ...]


 

En la vida diaria realizamos un intercambio constante con la inmensa serie de apariencias que nos rodean: a veces son muy conocidas; a veces son inesperadas y nuevas, pero siempre nos confirman en nuestras vidas. Y, aunque sean inquietantes, no dejan de hacerlo: la visión de una casa en llamas, por ejemplo, o la de un hombre acercándose a nosotros con un cuchillo entre los dientes, no deja de recordarnos (perentoriamente) nuestra vida y su importancia. Lo que vemos habitualmente nos confirma.

Pero puede suceder que, de pronto, inesperadamente, y con mucha frecuencia en la media luz de las miradas furtivas, columbremos otro orden visible que se cruza con el nuestro y no tiene que ver con él.

La velocidad de una película de cine es de veinticinco fotogramas por segundo. Dios sabe cuántos fotogramas se suceden en nuestra percepción diaria. Pero es como si, en los breves momentos de los que hablo, de pronto, para nuestro desconcierto, fuéramos capaces de ver entre dos fotogramas y nos topáramos con algo que no estaba destinado a nosotros. Puede que estuviera destinado a las aves nocturnas, a las anguilas, a las ballenas…

El orden visible al que estamos acostumbrados no es el único: coexiste con otros.

 

John Berger. Abrir la cancela, 2001. En Por qué miramos a los animales. Traducción: Pilar Vázquez y Abraham Gragera. Alfaguara, 2023.

Imagen: Pentti Sammallahti. Ristisaari, Finlandia, 1974.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Respuesta



Cada día más rojas

las hojas de los perales.

Dime lo que sangra.

No es el verano

pues el verano se fue pronto.

No es el pueblo

pues el pueblo aunque borracho en la carretera

no se ha caído.

No es mi corazón

pues mi corazón ya no sangra más

que la flor de la árnica.


Nadie ha muerto este mes

nadie ha tenido la suerte

de recibir un permiso de trabajo.

Les alimentábamos de sopa

No permitimos que durmieran en el granero

más pensamientos suicidas

de lo que es normal en noviembre.

Dime lo que sangra

tú que ves en la oscuridad.


Las manos del mundo

amputadas por el beneficio

sangran en

calles de matanza.




John Berger. Páginas de la herida. Visor, 1995. Traducción: Pilar Vázquez Álvarez.
Imagen: Joseph Koudelka. Inglaterra, 1969.