jueves, 8 de noviembre de 2012

Canción de corro del niño palestino


Quiero, madre, quiero,
nunca me das nada,
quiero, quiero, quiero,
quiero una granada. 

Las piedras,
mi madre,
las piedras
no sirven,
las piedras
no valen,
las piedras,
mi madre,
no matan
soldados
ni paran
los tanques. 

Las piedras,
mi madre,
son sólo
miseria,
son muerte,
son cárcel,
las piedras,
mi madre,
tortura,
son sangre. 

Las piedras,
mi madre,
no matan
soldados
ni paran
los tanques. 

Quiero, madre, quiero,
nunca me das nada,
quiero, quiero, quiero,
quiero una granada,
que abrase los tanques
que todo lo abrasan.


Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera. Ediciones Trabuco, 2014.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Segundo regreso de Paul Celan (en otoño con lluvia)



Ahora llueve en otoño

siempre llueve en otoño

como hábito o rutina del tiempo

y él cuando llovía dijo somos amigos

y aprendemos tanto hojas melancolía

alcancías del recuerdo pasillos como sombras

luz sin ofensa cáscara y lluvia.



Ahora llueve y olvido tanto

que de nuevo pienso que es Dios

que nos llueve un poco

- como si Dios fuera un poco

verdad y nos rezara un poco -

y pienso en Pablo desde su río

mendigando como muerto que germina

y florece alcanzando el desvelo de los vivos

tendiendo su cántaro a Francisco

como palabra que fluye y nos alcanza

cancela abierta a la lluvia de Dios



el Dios que duerme y sueña y en otoño

nos reza un poco como viejo distraído

que se acordara un poco mirando el Sena

y el ancla que flota como palabra

esquirla de vida o pez o luz que alcanza

en silencio celando el sentido.



Ahora llueve en otoño

y de nuevo pienso que es Dios

y Paul Celan en su río de palabras

y que llueven un poco para saludar

al cántaro el burro la gloria sin consuelo

la estrella de siete puntas

francisco y todos los muertos que aún

y siempre siguen mendigando mientras

llueve en otoño y el Sena cela a Celan

y Dios llueve como una mentira que limpia.






Antonio Crespo Massieu. Orilla del tiempo, 2005.

Imagen: Andrei Tarkovsky. Stalker, 1979.

viernes, 2 de noviembre de 2012

[Y vendrán los días floridos,]



Y vendrán los días floridos,
y no podré pasear contigo.
Y vendrán los días de sol,
y estaré preso en mi corazón.
Y los días de amor vendrán,
y sola con mi fantasma por esos campos
pasearás.
Amor, guárdame fe.
En una tarde de primavera
de mi tumba resucitaré,
en una tarde cuando los hombres
sepan quererse bien,
y por esa carretera cuando más sola
tú sola te pasees,
a tu costado de repente
andando iré. 

Agustín García Calvo. Canciones y soliloquios. Lucina, 1982.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Balada del niño soldado

 

1


Llegaron por la noche,
machete en mano. 

Degollaron a todos
y nos llevaron. 

Ahora vamos de noche,
los pobres huérfanos. 

La mirada vacía,
todos hermanos. 

Llegaremos al alba,
machete en mano. 
 

2


Vela el humo tus ojos,
tus ojos hambrientos
de vientos hermosos. 

Nada dice el muerto. 

Vela el humo la tarde,
la tarde asustada
de la roja sangre. 

Tú no dices nada.
 
 
Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera. Trabuco, 2014.

martes, 30 de octubre de 2012

La rueda del hambriento

Por entre mis propios dientes salgo humeando,

dando voces, pujando,

bajándome los pantalones...

Váca mi estómago, váca mi yeyuno,

la miseria me saca por entre mis propios dientes,

cogido con un palito por el puño de la camisa.


Una piedra en que sentarme

¿no habrá ahora para mí?

Aun aquella piedra en que tropieza la mujer que ha dado a luz,

la madre del cordero, la causa, la raíz,

¿ésa no habrá ahora para mí?

¡Siquiera aquella otra,

que ha pasado agachándose por mi alma!

Siquiera

la calcárida o la mala (humilde océano)

o la que ya no sirve ni para ser tirada contra el hombre,

¡ésa dádmela ahora para mí!


Siquiera la que hallaren atravesada y sola en un insulto,

¡ésa dádmela ahora para mí!

Siquiera la torcida y coronada, en que resuena

solamente una vez el andar de las rectas conciencias,

o, al menos, esa otra, que arrojada en digna curva,

va a caer por sí misma,

en profesión de entraña verdadera,

¡ésa dádmela ahora para mí!


Un pedazo de pan, ¿tampoco habrá ahora para mí?

Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,

pero dadme

una piedra en que sentarme,

pero dadme,

por favor, un pedazo de pan en que sentarme,

pero dadme

en español

algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse,

y después me iré...

Hallo una extraña forma, está muy rota

y sucia mi camisa

y ya no tengo nada, esto es horrendo.




César Vallejo. Poemas humanos. Obra poética completa. Alianza, 1994.

Imagen: Antonio Berni. Desocupados, 1934

sábado, 27 de octubre de 2012

La sajadura del afilador


Un puñado

de finas hebras

nos sostienen.

Una

fibra,

un

cordel,

un hilito,

sos-

tie-

nen

el orden. 


Y sus diez millones cuatrocientos

treinta y cuatro cuchillos

                                               romos.

Y sus trescientas treinta y cinco mil tijeras

                                                                               sin afilar.






David Franco Monthiel. Libro de la servidumbre. Germanía, 2011.

Fotografía: Tina Modotti. Hilos telefónicos, 1925

viernes, 26 de octubre de 2012

País


País rico en sol; en sangre

vertida y seca al sol, para que adorne

(dicen ellos) la enseña; país rico

en olivos, naranjas, monjas, cobre,

panderetas y vinos; mucho espíritu

y bastante ganado.

                                   País rico en tradiciones

sacrosantas, Historia y grandes muertos.

País rico en salvaciones.

País rico en ricos.

 Sólo el pueblo

 pobre.

 País desde luego antiguo.

Milenario

o más. No sólo en piedras y en nombres

igualmente gastados, sino en usos,

costumbres, feudos, y sobre todo en devociones

in me mo ria les. 


País viejo,

padrastro ya inmisericorde,

con delirios (ay, de grandeza, dicen),

manías y rencores

de viejo loco.

Sólo el pueblo

Joven.





Eugenio de Nora. Angulares. 1975.

Fotografía: Cristina García Rodero