domingo, 9 de junio de 2013

La mejor revolución:






no darme por vencida
no entrar en sus cantos de sirena,
no permitirme la amargura,
no dejar un espacio para el odio,
no olvidar la mirada de niña,
no dar por perdida la esperanza. 



Begoña Abad. La medida de mi madre. Olifante, 2008.
Imagen: Cindy Sherman, Untitled Film Still #58, 1980

viernes, 7 de junio de 2013

La Tierra es un satélite de la Luna


El Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 3 costó más que el Apolo 2
el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante. 

El Apolo 4 costó más que el Apolo 3
el Apolo 3 costó más que el Apolo 2
el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante. 

El Apolo 8 costó un montón, pero no se sintió
porque los astronautas eran protestantes
y desde la luna leyeron la Biblia,
maravillando y alegrando a todos los cristianos
y a la venida el papa Paulo VI les dio la bendición. 

El Apolo 9 costó más que todos juntos
junto con el Apolo 1 que costó bastante. 

Los bisabuelos de la gente de Acahualinca tenían menos hambre que los abuelos.
Los bisabuelos se murieron de hambre.
Los abuelos de la gente de Acahualinca tenían menos hambre que los padres.
Los abuelos murieron de hambre.
Los padres de la gente de Acahualinca tenían menos hambre que los hijos de la gente de allí.
Los padres se murieron de hambre.
La gente de Acahualinca tiene menos hambre que los hijos de la gente de allí.
Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por hambre,
y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.
Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna. 



Leonel Rugama. La Tierra es un satélite de la Luna. Ed. Nueva América, 1987
Imagen: Gaston Méliès. Viaje a la Luna.

miércoles, 5 de junio de 2013

Arte popular


“Viva mi amo manuel sánchez
en compañía muchos años
de su querida esposa carolina
garcía vecinos en la villa
de paradinas de san juan
jurisdicción de peñaranda mayo
del año del señor 1861”
                                               reza
el cuerno cebador de pólvora que ángel
briones natural
y vecino también del referido
pueblo grabara a punta de navaja
en el escaño en la cocina cuando
no había labor en la heredad y fuego
en el hogar ardía de sarmientos
las granadas el cárabo
el sol brillante los claveles
y la serena de la mar quedaron
grabados mismamente
para que luego Manuel Sánchez
natural asimismo y no vecino
del pueblo nada quiere
saber vendiera el cuerno
de su tatarabuelo y el sobrado
por dos consumiciones con derecho
ni a escándalo en la sala
de fiestas desertor
del arado y con piso
con tresillo y portero
calefacción central el campo
es muy sacrificado y estas cosas
hay quien las colecciona. 



Aníbal Núñez. Naturaleza no recuperable. 1991. Obra poética. Hiperión, 1995
Imagen: James Ensor. Esqueletos peleando por un arenque.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Alemania


            Que otros de sus vergüenzas
            hablen, yo hablo de la mía. 

¡Oh, Alemania, pálida madre!
Qué ensuciada te sientas
entre los pueblos.
Entre los impuros
sobresales. 

De tus hijos el más pobre
yace asesinado.
Cuando su hambre era grande
tus otros hijos
levantaron su mano contra él.
Eso se ha divulgado. 

Con esas manos en alto
alzadas contra su hermano
ahora se pasean descarados ante ti
y ríen en tu cara,
eso se sabe. 

En tu casa
se grita a voces lo que es mentira
pero la verdad tiene que callar.
¿Es así? 

¿Por qué por doquier te alaban los opresores, pero
los oprimidos te acusan?
Los explotados
con sus dedos te señalan, ¡pero
los explotadores alaban el sistema
que en tu casa fue concebido! 

Y además te ven todos
esconder la punta de tu falda, que está manchada
con la sangre de tu
mejor hijo. 

Oyendo los discursos que salen de tu casa, se ríen.
Pero quien te ve, coge el cuchillo
como cuando ves a una ladrona. 

¡Oh, Alemania, pálida madre!
¡Cómo te han maltratado tus hijos
para que te sientes entre los pueblos
como una burla o un terror! 



Bertolt Brecht. Más de cien poemas. Hiperión, 2005. Traducción: Vicente Forés, Jesús Munárriz y Jenaro Talens.

lunes, 27 de mayo de 2013

Lluvia temprana



El desastre, la resignación, el deseo de perder
para descansar, no merecen la pena.
(Belén Gopegui: El lado frío de la almohada, 2004)



Esperan que te rindas. 

Que devuelvas las canciones a sus cuartos. 

Que lenta y pobremente
atiborres sus rincones con cristales 

y apartes de tus hijos la visión de una revuelta. 

Esperan que claudiques
–seas piel, dentada o marzo. 

Que suavemente caigas.
Que así tu rendición. 

No les libres de la piedra que respira en tus manos.
No les venzas los ojos. 

Nada dice
de la lluvia temprana que va a abatir las puertas,


nada
de ese incendio intacto y por venir. 

La tormenta, compañero, llegará. 

Contra todos los pronósticos,
menos tarde que temprano,
–seas piel, dentada o marzo–
el ciclo de las lluvias / llegará. 




Enrique Falcón. Porción del enemigo. Calambur, 2013.

Imagen: Saul Landell.

viernes, 24 de mayo de 2013

Llegada a la estación de Ávila


Ávila, como tu aire
tan sano no lo hay, pero no vengo
a curarme de nada, aunque una cura
le iría bien a mi pulmón, tras estos
años en mala tierra.
Ya hemos llegado. Adiós. ¿A la cantina,
a engrasar bien el pecho,
a lavarlo del humo del viaje?
Allí está, es otra, es nueva; vamos juntos.
Buena es esta costumbre
—eh, tú, o alegras esa cara
o te vas. Canta, habla, bulle
aunque no oigamos nada, sino ruido,
bébete ya ese vaso
sin fondo, aunque en él nunca baile el agrio
mosto picado de la vida,
danos la mano, abrázanos a todos
sin miedo, aunque en tus brazos
tan sólo el aire…
Como en los nuestros. Bueno es cualquier sitio
para hacer amistades, pero éste
es el único que hoy nos queda abierto.
¡De prisa! Un gesto llano
y basta: una patria, un río, estrellas, todo el mundo,
esta región inmensa y sin conquista
que es el hombre, hela: tuya.
Y aunque pongas tu vida junto a la noche
siempre amanecerá. ¡Suelta el bocado
soso y frío del miedo! Cuando llegue
con más ternura que la luz de invierno,
tú saldrás por las calles, y tus ojos
repicarán, y aún a pesar tuyo
con mirar con limpieza estarás limpio.
Amigo del buen tiempo,
llegó el vareo del olivo,
el mejor mes para trucha. Dicen
que la que bien se ve ésa no se pesca
y así nosotros vemos
lo que jamás poseeremos,
pero en el río turbio de tu soledad, pon
el corazón por cebo
que algo picará un día; quizá un poco
de amor para tu mesa sobria, un cálido
visitante invernal para tu casa.
¿Ves cómo nuestro anillo
de alianza es de espuma
de plata, de humo
de tren? Esto es hermoso.
Aquí ya no hay banderas,
el traje mal cosido de una raza perdida.
Con amor y con luto,
lejos de donde hicimos bodas de sombra y noche,
hagamos hoy con nuestra orfandad blancos
lazos para las palmas de todos los balcones,
de esta saliva de vagón, la hermosa
lágrima fiel del niño.
Ya no habrá ningún rey
en el cielo sin nubes de nuestra gran pobreza,
rica, azul para siempre.
Ya no habrá quien nos cante
porque nosotros somos ahora el cántico,
la campana, la fábrica, el sustento.
Cuando dentro de poco llame a nuestras oscuras
puertas el sol, la faena
diaria, un bello viaje
sin distancia ni tiempo,
una gesta inmortal nacida aquí, en la tierra,
el corazón emprenderá animoso,
sin deudas ya, por tierras sin murallas,
sin ese medallón de barro seco
de la codicia, al alba,
con los primeros gallos encendidos.
Basta ya. No son horas
de sermón, aunque sí de lengua suelta.
Ávila, como tu aire
tan sano no lo hay, y este vinillo
se nos cuela con él en hondo oreo.
Recién venidos y un momento justos,
¡fuera de aquí quien nos recuerde ahora
esa voraz caída de la noche
sobre los altos campos
de nuestra tierra! 



Claudio Rodríguez. Poemas laterales. Fundación César Manrique, 2006

domingo, 19 de mayo de 2013

Viniere el malo, con un trono al hombro...




Viniere el malo, con un trono al hombro,
y el bueno, a acompañar al malo a andar;
dijeren «sí» el sermón, «no» la plegaria
y cortare el camino en dos la roca...

Comenzare por monte la montaña,
por remo el tallo, por timón el cedro
y esperaren doscientos a sesenta
y volviere la carne a sus tres títulos...

Sobrase nieve en la noción del fuego,
se acostare el cadáver a mirarnos,
la centella a ser trueno corpulento
y se arquearen los saurios a ser aves...

Faltare excavación junto al estiércol,
naufragio al río para resbalar,
cárcel al hombre libre, para serlo,
y una atmósfera al cielo, y hierro al oro...

Mostraren disciplina, olor, las fieras,
se pintare el enojo de soldado,
me dolieren el junco que aprendí,
la mentira que inféctame y socórreme...

Sucediere ello así y así poniéndolo,
¿con qué mano despertar?
¿con qué pie morir?
¿con qué ser pobre?
¿con qué voz callar?
¿con cuánto comprender, y, luego, a quién?

No olvidar ni recordar
que por mucho cerrarla, robáronse la puerta,
y de sufrir tan poco estoy muy resentido
y de tánto pensar, no tengo boca.



César Vallejo. Poemas humanos. Obra poética completa. Alianza, 1988
Imagen: Roger Ballen. Herman with a Hammer, 1997.

viernes, 17 de mayo de 2013

La certeza

El perro va detrás

de vuelta a casa

la pelota en la boca

niño para siempre

congelado en su docilidad.

Llega a la esquina y la dobla

sin asombro, sin duda.

Como su amo, ha aprendido

a esperar en los semáforos

a conocer el momento para cada cosa

a aceptar la realidad cortada en trozos

a tragar las convenciones de un bocado.





Ana Pérez Cañamares. Alfabeto de cicatrices. Baile del sol, 2010

Imagen: Joseph Stevens. Perro llevando la cena a su amo.