jueves, 22 de agosto de 2013

Mambrú


Mambrú se fue a la guerra.
Tomó el avión equivocado,
tuvo alucinaciones
con hongos de Hiroshima.
Se enamoró de una muchacha
con la espalda tatuada
que confundió el napalm
con fuego de los dioses.
Mambrú se fue a la guerra
con los cascos azules.
Le regalaron a su madre
una medalla y flores secas
de Bosnia y Sarajevo.
Mambrú bebe tequila con pajita,
en un lugar de México,
porque no sabe
dónde están sus brazos.
No sé cuándo vendrá. 



Verónica Pedemonte. Esclavos y libertos. Editorial Cervantina, 2000.
Imagen: Gervasio Sánchez. Sarajevo, 1994

miércoles, 21 de agosto de 2013

Para oprobio del tiempo


Sí, algo estaba
definitivamente roto y anegado,
algo que había quedado sin sepultar
y hedía,
algo que deslucía las tibias reuniones
de las buenas familias,
algo que entre el olvido y el buen gusto de todos
traía el gato, insólito,
a los claros salones.
                                      Las damas sonreían
nerviosamente,
derramando oportunas su vulgar excelencia,
y el patrón poderoso con aire exculpatorio
explicaba a su público:
                                               -¡qué cosas tiene hoy la juventud!
Mas, ay, la juventud. 

A ciertas horas, frecuentando el reverso
pálido de los álamos o en la súbita
concentración de luz visible de las tardes de otoño,
un muerto insuficiente
asomaba aún su torso acribillado. 

Sí, algo estaba
definitivamente roto.
                                               Había
un difuso pavor a volver la cabeza
o detenerse, miedo
como a un ensayo general
con trajes, música, el director de escena
y un telón espantoso cayendo de improviso
antes de terminar el tercer acto. 

Unas palabras eran
por su sonido falsas, se veía.
Otras por su inocencia, peligrosas y aleves. 

Sí, algo hedía
a escasa profundidad bajo los gestos,
algo que corrompía el orden público,
alteraba la recta sucesión
de los monarcas godos,
la ruta de Colón y casi todo
el siglo XIX de funesta memoria. 

Y así la Historia, la grande Historia, resultaba
turbio negocio de alta complicidad o medianía. 

Sí, algo estaba roto e insepulto
en salones y calles o en los lentos
desmontes suburbanos
y en los bustos solemnes
de los descoloridos padres de la patria
que un vientecillo triste
iba desmoronando en dulce escoria. 

Sí, algo quedaba, al cabo, por decir
para oprobio del tiempo. 



José Ángel Valente. La memoria y los signos. Revista de Occidente, 1966.
Imagen: Nikiphoros Lytras. Antígona ante el cadáver de Polinices, 1865.

lunes, 19 de agosto de 2013

Materia oscura

Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola… Mentimos, sí, pero… para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos a tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.

Juan José Millás

Una mosca entre dos cristales.
A un lado del cristal está la realidad,
al otro lado del cristal está la realidad,
sólo la mosca no es real. 


Antonio Orihuela. Cosas que tiramos a la basura. Amargord, 2012.
Imagen: René Magritte. El hada ignorante,1957.

domingo, 18 de agosto de 2013

Lamentaciones de una muchacha yanqui a eso de la media noche


A Vietnam se fue mi amor.
Ye, ye, ye...
A Vietnam se fue mi amor. 

Luchando lleva ya un año.
Ye, ye, ye...
Y solita quedé yo.
Regresa a bailar conmigo,
haz una tregua de amor.
Regresa en paracaídas,
mátame de corazón. 

Luchando lleva otro año.
Ay del Pentágono!
Y no regresa mi amor. 

Llorando paso los días.
Ay del Pentágono!
Llorando, mi amor, llorando.
Dicen que la selva tiene
color de sangre y rencor.
Pero mi amor aún no viene
a bailar conmigo el rock. 

A Vietnam se fue mi amor.
Ye, ye, ye...
Y se ha pasado al Vietcong. 



José-Miguel Ullán. Un humano poder. El bardo, 1966.
Imagen: Tim Page.

sábado, 17 de agosto de 2013

(Campana vespertina.)


Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y nos harán más malos. 

Vendrán más años tristes
y nos harán más fríos
y nos harán más secos
y nos harán más torvos. 


Rafael Sánchez Ferlosio. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Destino, 1993.
Imagen: Goya. Caníbales preparando sus víctimas.

domingo, 4 de agosto de 2013

Aquí hay verbena olorosa


Lo que quiero.
Puedo hacer lo que quiero con la pluma
y el papel. Pero prefiero
hacer un verso vivo y verdadero,
y ¡allá él! Lo que queda en el tintero
es un mar de palabras: todo espuma. 

Voy al fondo.
Voy al fondo dejando bien cuidada
la ropa. Soy formal.
Pero con qué facilidad lo escondo,
musa vestida y desnudada,
prendiendo y desatándote la cinta
de tu delantal, mi vida.
Venid, y vamos todos
al pueblo, lo que quiero es que aprendamos
a hablar como las propias rosas: ellos
nombran de varios modos
los pájaros, los árboles. Vámonos
a coger rosas, nombres bellos,
pues que tan claro hablan ellos,
vamos a coger rosas,
y todo el campo se entere,
vamos a decir cosas
sencillas, si usted prefiere
vamos a coger rosas
rosas, amarillas: rojas,
a publicar lo que piensa
el ramo, vamos a mover
la rosa, la mayoría
de las rosas,
quiérome ir allá
por mirar lo que escribía
la rosa en el aire,
aquí hay señales de vida,
vamos a coger rosas,
a escribir como dios manda,
vámonos yendo,
voz del pueblo, voz del cielo,
vamos, es un decir
florido, pero yo de eso no entiendo. 


Blas de Otero. Que trata de España, 1964. Antología personal. Expresión y reunión. Alianza, 1981
Imagen: Pieter Brueghel el Viejo. Baile de labriegos, 1568

jueves, 1 de agosto de 2013

[Sé bien de dónde vengo]


Sé bien de dónde vengo,

de eso no tengo la menor duda.
Vengo del plato humilde pero diario,
del olor a lejía y el callo en la mano,
nazco de la semana sin descanso de mi padre,
de ver a mi madre de rodillas,
su reflejo en suelos ajenos.
Soy del orgullo y el desprecio.
Vengo de caminos que parten hacia generaciones sin coraje. 

Vengo de la tierra que amamanta la semilla y brota,
bajo el sol, con la certeza de saberse vana. 



Ángel Rodríguez. Poesía para perdedores. Ayto. de Málaga, 2011.
Imagen: W. Eugene Smith. Batiendo el trigo, Deleitosa. 1951.

miércoles, 31 de julio de 2013

Miríadas de muertos desfilan



Miríadas de muertos desfilan

sobre nuestros días


una inundación

a kilómetros por hora el viento

hombres terribles


montañas de carne mal colocada


una mano tapa un rostro

lo acaricia

la torsión imposible de tres piernas

dedos metidos impúdicamente

en los orificios de otro

montañas de carne sin pasado


lejos

deshumanos

les quito

las comisuras la grieta el hueso

la pupila inmensa

la boca entreabierta la huella

del grito el inicio

de una sonrisa


me quito

el traje de hombre


como

frente a la muerte.




Yolanda Ortiz. En Negra flama. Poesía antagonista en el estado español. SOV de Jaén de la CNT-FAI, 2013.

Imagen: Zdzislaw Beksinski. Sin título.
.

martes, 30 de julio de 2013

Narcolepsia


No es una desdicha:
es solamente un sueño autoinducido.
Está bueno este sueño,
me gusta el viaje
hasta que caigo donde sea. 

Mi mente se ahoga
como en un limbo de morfina.
No siento. Mi cuerpo es de otra. 

Al día siguiente, el bebé gigante
se despierta y encuentra marcas
del viaje al país de los niños muertos.
No hay drama, soy un pájaro comiendo
migas de pan en el suelo de la casa,
tan fuera de mí como un cliente. 

Yo sé, sí, claro, que no puedo
drogarme tanto,
comer tan poco
y beber así.
Nada me exime de este trastorno.
Pero es un trastorno de juguete. 

Si mi narcolepsia empieza temprano,
mis recuerdos terminan temprano.
Nunca sé cómo me voy
a la cama ni con quién.
Al día siguiente busco rastros
del cortocircuito.
A veces me asusto
pero cada vez menos,
es como jugar a los detectives.
Todos lo hemos hecho, ¿no? 

Pero sois jueces implacables,
vosotros y vuestros consejos.
Que, sí, que estoy capacitada para vivir.
¡Qué pensabais, malditos perros viejos,
saboreando mi desdicha!
Esto mío es una mancha:
un poco de sangre,
la saliva de un beso,
un lunar:
O un tumor diminuto. 

Y yo ya sé los resortes de la histeria
y sé vivir entre bisagras.
¡Dejar de darme consejos!
Yo no os los pedí. No es un escándalo.
Y sí, me estoy envenenando, y qué,
posiblemente muera más tarde
que vosotros. 

Y seguramente de lo mismo. 



Eva Vaz. Ruido de venenos. Crecida, 2013.
Imagen: Leonora Carrington. Adieu Ammenotep, 1960

lunes, 22 de julio de 2013

Nosotros en el paisaje español


Llegó a Madrid un periodista.
Vladimir Lifshitz.

Hice turismo con mi esposa por España,
bebí vino malo y comí poco,
como si leyera un libro en una edición demasiado nueva
y encima demasiado tarde. 

Desde las afligidas avenidas barcelonesas
con sus portales señoriales
al  sur, hacia los olivares andaluces,
sin acercarnos a los vascos explosivos,
hacia los silenciosos
arabescos de la Alhambra, como cartas sin enviar,
a los oscuros reflejos árabes ondulándose en los estanques -
a las cartas esparcidas por las heladas, asquerosas
trincheras de Teruel. 

¿De aquella olvidada, de aquella primera guerra, qué gritan? -
¿De aquella guerra, en la cual mi padre quiso ser matado,  qué callan? - sin firmar, pero selladas
 con rueda y pezuña.- 

Apenas se oye- “ten presente que los comunistas son unos traidores…”-
susurra- “… los marroquíes nos fusilarán…”
 …Nos paseamos embobados
 gastando euros alegremente. 

Delante de “España” pongamos “visitado”
y para celebrarlo tomemos una copita.
¡Ea!  a una españolita  pediremos
nos baile un tsiganochka*–
flamenco. 


* Tsiganochka – baile gitano de origen ruso 



Lev Lósev. En La hora de Rusia. Poesía contemporánea. Visor, 2011.
Traducción: Joaquín Fernandez-Valdés Roig-Gironella
Imagen: Juan Guzmán. María Ginesta en la terraza del Hotel Colón de Barcelona, 1936

miércoles, 17 de julio de 2013

Nadie teje los hilos


Despiertas otra vez
en mitad de la noche
y en la bruma de sueños repetidos
buscas una señal desesperada. 

Nadie fija la pauta.
Y sales a la calle,
y te empapa una lluvia repentina,
y el sol te deslumbra. 

Nadie cuenta tus pasos
ni las hojas que caen de los árboles.
De vuelta a casa,
observas en la alfombra
ese dibujo complicado y mudo
y la angustia te agarra. 

Nadie teje los hilos,
los hilos siempre absurdos de esta vida. 



Amalia García Fuertes. IX Cuaderno de Profesores Poetas. IES Francisco Giner de los Ríos, 2013
Imagen: Diego Velázquez. Las hilanderas (detalle).

martes, 16 de julio de 2013

NO HAY OLVIDO (SONATA)


Si me preguntáis en dónde he estado
debo decir "Sucede".
Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,
del río que durando se destruye:
no sé sino las cosas que los pájaros pierden,
el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.
Por qué tantas regiones, por qué un día
se junta con un día? Por qué una negra noche
se acumula en la boca? Por qué muertos? 

Si me preguntáis de dónde vengo, tengo que conversar con cosas rotas,
con utensilios demasiado amargos,
con grandes bestias a menudo podridas
y con mi acongojado corazón. 

No son recuerdos los que se han cruzado
ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,
sino caras con lágrimas,
dedos en la garganta,
y lo que se desploma de las hojas:
la oscuridad de un día transcurrido,
de un día alimentado con nuestra triste sangre. 

He aquí violetas, golondrinas,
todo cuanto nos gusta y aparece
en las dulces tarjetas de larga cola
por donde se pasean el tiempo y la dulzura.
Pero no penetremos más allá de esos dientes,
no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,
porque no sé qué contestar:
hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía,
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas manos que han encerrado besos,
y tantas cosas que quiero olvidar. 



Pablo Neruda. Residencia en la tierra. Cátedra, 1987
Imagen: Henri Cartier-Bresson. España, 1933