lunes, 20 de enero de 2014

Video: Canción de corro del niño palestino




Canción de corro del niño palestino

Quiero, madre, quiero,
nunca me das nada,
quiero, quiero, quiero,
quiero una granada.

Las piedras,
mi madre,
las piedras
no sirven,
las piedras
no valen,
las piedras,
mi madre,
no matan
soldados
ni paran
los tanques.

Las piedras,
mi madre,
son sólo
miseria,
son muerte,
son cárcel,
las piedras,
mi madre,
tortura,
son sangre.

Las piedras,
mi madre,
no matan
soldados
ni paran
los tanques.

Quiero, madre, quiero,
nunca me das nada,
quiero, quiero, quiero,
quiero una granada,
que abrase los tanques
que todo lo abrasan.

Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera.
 Video: Enrique Sadornil

domingo, 19 de enero de 2014

Oración de un desocupado



Padre,

desde los cielos bájate, he olvidado

las oraciones que me enseñó la abuela,

pobrecita, ella reposa ahora,

no tiene que lavar, limpiar, no tiene

que preocuparse andando el día por la ropa,

no tiene que velar la noche, pena y pena,

rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.


Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,

que me muero de hambre en esta esquina,

que no sé de qué sirve haber nacido,

que me miro las manos rechazadas,

que no hay trabajo, no hay,

bájate un poco, contempla

esto que soy, este zapato roto,

esta angustia, este estómago vacío,

esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre

cavándome la carne,

este dormir así,

bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido

te digo que no entiendo, Padre, bájate,

tócame el alma, mírame

el corazón,

yo no robé, no asesiné, fui niño

y en cambio me golpean y golpean,

te digo que no entiendo, Padre, bájate,

si estás, que busco

resignación en mí y no tengo y voy

a agarrarme la rabia y a afilarla

para pegar y voy

a gritar a sangre en cuello

porque no puedo más, tengo riñones

y soy un hombre,

bájate, qué han hecho

de tu criatura, Padre?

un animal furioso

que mastica la piedra de la calle?




Juan Gelman. Violín y otras cuestiones, 1956.

Imagen: Lorenzo Viani. Familia de pobres (tres figuras).

sábado, 18 de enero de 2014

Todos vosotros



Para ser la mano y la protesta

que combaten con pan la bruma en un cuchillo.


Para transformar el miedo largo que nos sitia

y decir que no hay victoria

ni en los perros del amo ni en su caza del hombre.


Porque van a mirarnos los hijos del tiempo

altamente en su grito hermano decisivo

cuando estalla con la siembra su asirse a la esperanza.


Porque la vida, pese a todo, importa y con ella resistimos,

así puedas tú abrirme y escucharme:

que aquí se te invita a levantarte.


Por detrás del precipicio,

clarea urgente el canto de la espiga

desde el suelo que sois todo vosotros.



Enrique Falcón. Para un tiempo herido (antología poética 1998 – 2008). Amargord, 2008.

viernes, 17 de enero de 2014

Lapidaciones



2

Mi mano tiró la piedra,

mi mano, y mi desazón.


Frente a la comisaría

y a la plena luz del día,

cuando todo parecía

tranquilo y devastador,

mi mano tiró la piedra,

mi mano, y mi desazón.


Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera.

Imagen: Gabriele Mucchi. Autodefensa.

miércoles, 15 de enero de 2014

[Solía escribir con su dedo grande en el aire]


Solía escribir con su dedo grande en el aire:

«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,

de Miranda de Ebro, padre y hombre,

marido y hombre, ferroviario y hombre,

padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes.

 

Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!

Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!

¡Abisa a todos compañeros pronto!

 

Palo en el que han colgado su madero,

lo han matado;

¡lo han matado al pie de su dedo grande!

¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas!

 

¡Viban los compañeros

a la cabecera de su aire escrito!

¡Viban con esta b del buitre en las entrañas

de Pedro

y de Rojas, del héroe y del mártir!

Registrándole, muerto, sorprendiéronle

en su cuerpo un gran cuerpo, para

el alma del mundo,

y en la chaqueta una cuchara muerta. 

 

Pedro también solía comer

entre las criaturas de su carne, asear, pintar

la mesa y vivir dulcemente

en representación de todo el mundo.

Y esta cuchara anduvo en su chaqueta,

despierto o bien cuando dormía, siempre,

cuchara muerta viva, ella y sus símbolos.

¡Abisa a todos compañeros pronto!

¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre!

 

Lo han matado, obligándole a morir

a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquél

que nació muy niñín, mirando al cielo,

y que luego creció, se puso rojo

y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos.

Lo han matado suavemente

entre el cabello de su mujer, la Juana Vázquez,

a la hora del fuego, al año del balazo

y cuando andaba cerca ya de todo.

 

Pedro Rojas, así, después de muerto,

se levantó, besó su catafalco ensangrentado,

lloró por España.

y volvió a escribir con el dedo en el aire:

 

«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas».

Su cadáver estaba lleno de mundo.

 

 

César Vallejo. España, aparta de mí este cáliz. En Obra poética completa. Alianza, 1988.

Imagen: Asamblea de Gamonal.

 

“En lo que respecta a Pedro Rojas, el poema III notifica acerca de su lugar de origen, Miranda de Ebro, y de su condición: obrero ferroviario semialfabeto, padre de familia, casado con Juana Vázquez. J. Vélez y A. Merino, autores de España en César Vallejo*, presumen que éste utilizó como fuente informativa una crónica de Antonio Ruiz Vilaplana titulada Doy fe. Ella sienta testimonio sobre la barbarie franquista, evidenciada por el hallazgo frecuente de cadáveres mutilados. En Burgos, Ruiz Vilaplana ve el cuerpo apaleado de un campesino de Sasamón que lleva en el bolsillo de su chaqueta un papel con la leyenda retomada en parte por Vallejo: «Abisa a todos los compañeros y marchar pronto. Nos dan de palos brutalmente y nos matan. Como lo ben perdío no quieren sino la barbaridá.» Otro cadáver de un prisionero esposado trae consigo el tenedor y la cuchara del penal. Doy fe consigna que sesentaiséis socialistas e izquierdistas de Miranda de Ebro están recluidos en el penal de Burgos. Vallejo ensambla estos datos dispersos para componer la figura de su Pedro Rojas. Recolectando rasgos dispersos, monta una semblanza con visos de verdad. Pone en efecto el poder ficcional de la palabra.”

 

Saúl Yurkievich. España, aparta de mí este cáliz: la palabra participante. En En torno a César Vallejo. Edición de Antonio Merino. Júcar, 1988.