domingo, 20 de abril de 2014

Materialismo eres tú



                                        ¿Y tú me lo preguntas?

                                        Gustavo Adolfo Bécquer


Si supiste decirme que no estamos en paz,

si venir a tus labios fue sentir el calor

de un hermoso equipaje para sentir en los hombros.


Si se abrió el horizonte con sus ojos brillantes,

con toda su extrañeza.


Si hay días, raros días

en que cruzas de pronto la calle y me sorprendes

con alguna denuncia inesperada.


Si hay tardes, raras tardes

que me atrevo a contarte

mi pequeña verdad de enamorado,

que me atrevo a tirar por la borda algún jirón

de esta memoria sucia de dominio,

turbia de soledad.


Si hay noches, raras noches

que cuando te descubro

por una de esas calles que llevan al mercado

parece que una estrella, de golpe, me alumbrara.




Javier Egea. Paseo de los tristes. Point de lunettes, 2010.

Imagen: Edward Weston. Retrato de Tina Modotti, c. 1925

sábado, 19 de abril de 2014

Cementerio de Morette – Glières, 1944



No reivindicaron

más privilegio que el de morir

para que el aire fuese

más libre en las alturas

y los hombres más libres.

Ahora yacen,

con su nombre o anónimos,

al pie de Glières y ante la roca pura

que presenció su sacrificio.

   Hombres

de España entre los muertos

de la Alta Saboya:

ellos lucharon por su luz visible,

su solar o sus hijos, más vosotros

sólo por la esperanza. 


La nieve aún dura prodigiosamente

viva en el aire mismo

donde morir fue un puro

acto de fe o de supervivencia. 


¿Quién podría decir que murieron en vano?


Al cielo roto y a la tierra vacía,

a los pueblos de España,

a Herbás, a Mula, a todas

las islas Baleares,

a Mendavia, Viñuelas,

Ambrán, La Almunia,

Terrecampe, Tembleque,

devuelvo el nombre de sus hijos:

Félix

Belloso Colmenar, Patricio

Roda, Gabriel Reynes o Gaby, Victoriano

Ursúa, Pablo Hernández,

Avelino Escudero,

Paulino Fontava, Florián Andújar,

Manuel Corps Moraleda. 

Otros duermen tal vez

bajo una cruz desnuda, lejos

de su país, de su memoria, donde

todos los muertos son

un solo cuerpo ardiente:

carne nuestra, palabra,

historia nuestra que no conocimos,

sangre sonora de la libertad.




José Ángel Valente. Poemas a Lázaro. (1955 – 1960). En Punto cero. 1953 – 1979). Seix Barral, 1980.

Imagen: Grupo de Avelino

miércoles, 16 de abril de 2014

Los nueve monstruos



I, desgraciadamente,

el dolor crece en el mundo a cada rato,

crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,

y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces

y la condición del martirio, carnívora, voraz,

es el dolor dos veces

y la función de la yerba purísima, el dolor

dos veces

y el bien de sér, dolernos doblemente.


Jamás, hombres humanos,

hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,

en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!

Jamás tánto cariño doloroso,

jamás tan cerca arremetió lo lejos,

jamás el fuego nunca

jugó mejor su rol de frío muerto!

Jamás, señor ministro de salud, fue la salud

más mortal

y la migraña extrajo tánta frente de la frente!

Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,

el corazón, en su cajón, dolor,

la lagartija, en su cajón, dolor.


Crece la desdicha, hermanos hombres,

más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece

con la res de Rousseau, con nuestras barbas;

crece el mal por razones que ignoramos

y es una inundación con propios líquidos,

con propio barro y propia nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función

en que el humor acuoso es vertical

al pavimento,

el ojo es visto y esta oreja oída,

y esta oreja da nueve campanadas a la hora

del rayo, y nueve carcajadas

a la hora del trigo, y nueve sones hembras

a la hora del llanto, y nueve cánticos

a la hora del hambre y nueve truenos

y nueve látigos, menos un grito.


El dolor nos agarra, hermanos hombres,

por detrás, de perfil,

y nos aloca en los cinemas,

nos clava en los gramófonos,

nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente

a nuestros boletos, a nuestras cartas;

y es muy grave sufrir, puede uno orar…

Pues de resultas

del dolor, hay algunos

que nacen, otros crecen, otros mueren,

y otros que nacen y no mueren, otros

que sin haber nacido, mueren, y otros

que no nacen ni mueren (son los más)

Y también de resultas

del sufrimiento, estoy triste

hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,

de ver al pan, crucificado, al nabo,

ensangrentado,

llorando, a la cebolla,

al cereal, en general, harina,

a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,

al vino, un ecce-homo,

tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!

¡Cómo, hermanos humanos,

no deciros que ya no puedo y

ya no puedo con tánto cajón,

tánto minuto, tánta

lagartija y tánta

inversión, tánto lejos y tánta sed de sed!

Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?

!Ah! desgraciadamente, hombres humanos,

hay, hermanos, muchísimo que hacer.




César Vallejo. Poemas humanos. En Obra poética completa. Alianza, 1994.

Imagen: George Grosz. Crucificado con máscara de gas, 1927.

viernes, 11 de abril de 2014

Romance de Juan Carlos Vallejo



                            A Zulema Silva, su madre

¡Mirad a mi hijo,

miradle a la cara,

la flor de mi vida,

la luz de mi casa!

¡Mirad a mi hijo,

se mató en la fábrica!

Juan Carlos Vallejo,

así se llamaba,

sólo veinte años,

¡miradle a la cara!,

veinte amaneceres

y ya con mortaja.

Era otro emigrante

de los que aquí andan,

otro ecuatoriano

venido con ganas

de abrirse a la vida

con fe y esperanza.

¡Ay, hijo querido,

mi hijo del alma,

aunque sin papeles,

qué bien trabajabas!

¡Mi hijo querido,

tan frío en la fábrica!

Y aquellos patronos

de negras entrañas,

aquellos malditos

sin ley ni palabra,

que todo temían

(¡miradle a la cara!)

salvo la mentira

y la canallada,

salvo la justicia

divina y humana,

aquellos malditos,

no respetan nada.

Tan pronto mi hijo

cayó y se mataba,

¡ay, Virgen María,

las carnes me sangran!,

el mono le quitan 

y le desnudaban,

ladrón le decían

(¡miradle a la cara!),

ladrón le decían

y él se desangraba.

¡Ay, hijo querido,

mi hijo del alma,

nadie te defiende,

cuando te difaman!

Y a aquellos malditos,

de tan negra entraña,

la gente de orden

hasta los alaba

y como a unos santos

les pone peana.

Vergüenza no tienen

ni tienen agallas.

Esta muerte negra,

¡ay, hijo de mi alma!,

te alcanzó en La Rioja,

sea vil su fama,

en Baños del Tobías,

arda entre las llamas,

pues su gente dice

que allí no hay morralla.


Este romance tiene su origen en el suceso ocurrido en el año 2003 en el pueblo riojano de Baños de Río Tobías, en donde el trabajador ecuatoriano Juan Carlos Vallejo perdió la vida en un “accidente” laboral. Cuando un hijo del dueño del almacén donde trabajaba descubrió el cadáver del joven, le despojó de su ropa de trabajo y dijo luego a la policía que seguramente se trataría de un ladrón que había ido a robar. Condenados posteriormente los dueños del almacén, autoridades locales y regionales pedían el indulto para el empresario. Zulema, la madre de la víctima, recorrió Madrid recogiendo firmas para exigir que se hiciera justicia.


Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera. Trabuco ediciones, 2014.

Imagen: Joaquín Sorolla. ¡Y aún dicen que el pescado es caro! 1894