jueves, 21 de mayo de 2015

El cuervo y la zorra olvidaron a Esopo



Esta vez lo que el viejo cuervo traía en su pico era un simulacro de queso. El mundo había cambiado, se había hecho mucho más grande, o, quizás, un poco más pequeño. Quién podía asegurarlo. Había toda una naturaleza artificial superpuesta a la naturaleza primera y las cosas ya no eran las cosas, ni sus nombres sus nombres. Y nadie se movía.

Cuando el cuervo se posó en el poste del tendido eléctrico, la zorra ya hacía un tiempo que lo estaba esperando.

            Como un viejo actor que toda su vida ha representado el mismo papel y declama su parlamento con la cabeza puesta en otra cosa, la zorra volvió a repetir los mismos halagos, idénticas adulaciones, el perdurable rosario de sus cansadas mentiras. Desplegaba sin verdaderos deseos de triunfar los artificios de una retórica ya agotada. Por el este una especie de nube amenazaba una lluvia postiza que volvería a caer sobre mojado.

            El cuervo, aunque no recordaba ya cuándo había dejado de creer en las palabras de la zorra y en todas las moralejas de cuentos y fábulas, volvió a interpretar su papel en el rito. Ahuecando sus astrosas plumas, lanzó los dos convencionales graznidos y dejó caer otra vez el simulacro de queso.

            Luego, como hacía siempre en los últimos años, la zorra esperó al cuervo junto a la fábrica abandonada. Y, antes que llegara la lluvia verdosa, compartieron aquella miseria mientras maldecían sin más los tiempos fingidos en que les había tocado sobrevivir.

Conrado Santamaría

Imagen: Zdzisław Beksiński, 1979.

martes, 19 de mayo de 2015

Carta de Maruja Mallo a Ben Turpin



Si yo te digo que mi alma tiene patas de puerco con ojos de perdiz

y que tus tristes pantalones de golf los vi hace tres noches llorando de rama en rama,

me creerías un ángel con carita de liebre,

un angelito feo, pero bien intencionado.


Harry Langdon ya sabe que para la tos es muy conveniente el campo.


Si yo te afirmo que mi alma está muy próxima a las herraduras más lejanas del cielo,

mucho más cerca de los escarabajo y de las hormigas,

si tú me afirmas que tu novio tiene cuerpo de garraspera y cabecita de estornudo muerto,

en San Francisco de California un padre de la iglesia dará hoy a luz una hermosa niña.


El corazón de Charles Chaplin ha sido prohibido en todas las esquinas.


¿Apareció por fin el guardapelos y la materna verruga?

Ya la mayor parte de las pecheras almidonadas y todo un importantísimo saldo de domésticas blusas

se inflan en los armarios para presenciar esa dulce ascensión al Paraíso

que sobre poco más o menos va a venir a ser tu boda.

Cuatro Cupidos en camisón te espían.

¿Alguna vez el culito de un pollo te besó, como sin querer, la boca?


Chester Konclin alquila sus bigotes y vende a plazos su más provocadora sonrisa,

porque, según parece, se ha extraviado un bisoñé.


Todos los serafines usan su bisoñé para pasear por el río.

Menos tú,

querubín desfallecido,

querubín muerto de amor por una encantadora cridada

(cuatro esquinitas tiene mi cama),

por una criada encantadora que te hace rezar tres padrenuestros mucho antes de bañarte.


En un hotel de Londres ha aparecido violado el cadáver de un ángel.


Adiós,

yo ya sé que eres tú ese cuello difunto que asciende para siempre en un aeroplano tirado por 6 amores de chocolate.


Rafael Alberti. Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, 1929.

Imagen: Maruja Mallo cubierta de algas, 1945.

lunes, 18 de mayo de 2015

La canción de María Nefeli



“Lástima de niña” dicen

moviendo la cabeza

¡Quizás lloran por mí

no me dejan tranquila!


Me paseo entre las nubes

como hermoso relámpago

y lo que entrego y tomo

se vuelve lluvia.


Ea muchachos atendedme

me corto en dos partes;

por la mañana sin hablar

ofendo a las Vírgenes


y por la noche al rodar

en el césped de cada uno

los golpeo con mi lanza

drugu-drugu-drú.


No conozco la alegría

mas pisoteo la pena.

Doy vueltas como el ángel

sobre el precipicio.



Odysseas Elytis. María Nefeli. Traducción de José Antonio Moreno Jurado. Hiperión, 1990.

Imagen: Dorothea Lange. Dyanna tumbada de espaldas sobre la hierba. 1961.

domingo, 17 de mayo de 2015

(La contracultura)



El niño que osó decir  “El emperador está desnudo”, ¡ay!, acaso también estaba pagado por el propio emperador.


Rafael Sánchez Ferlosio. Campo de retamas. Penguin Random House, 2015.

Imagen: Brion Gysin. William S. Burroughs. París, 1959.

jueves, 14 de mayo de 2015

Guirnalda civil



Innúmeras son ya las vidas truncas.

Cadáveres sepultos no se sabe

dónde: no hay cementerios de vencidos.

Gente medio enterrada en sus prisiones.

Algunos huyen, otros se destierran

para no perecer de propia cólera.

Pero entre tantas muertes y catástrofes

algo subsiste sin cesar feroz,

el más feroz de todos los poderes:

vida, vida sin fin.

                                   Y poco a poco,

y sin cesar, inexorablemente

se reanudan las formas cotidianas,

se inventan soluciones.

La vida es implacable.




Jorge Guillén. Y otros poemas. Muchnik, 1973.

Imagen: Robert Capa. Barcelona, 1939.