jueves, 25 de junio de 2020

[–Ah, señores…]


–Ah, señores… (Habla Mairena, iniciando un ejercicio de oratoria política.) Continúe usted, señor Rodríguez, desarrollando el tema.

–Ah, señores, no lo dudéis. España, nuestra querida España, merece que sus asuntos se resuelvan favorablemente. ¿Sigo?

–Ya ha dicho usted bastante, señor Rodríguez. Eso es toda una declaración de gobierno, casi un discurso de la corona.



Antonio Machado. Juan de Mairena, 1927.

Imagen: José Gutiérrez Solana. El circo, 1917-20.

miércoles, 24 de junio de 2020

PINAR AMANECIDO


Viajero, tú nunca

te olvidarás si pisas estas tierras

del pino.

Cuánta salud, cuánto aire

limpio nos da. ¿No sientes

junto al pinar la cura,

el claro respirar del pulmón nuevo,

el fresco riego de la vida? Eso

es lo que importa. ¡Pino piñonero,

que llegue a la ciudad y sólo vea

la cercanía hermosa

del hombre! ¡Todos juntos,

pared contra pared, todos del brazo

por las calles

esperando las bodas

de corazón!

¡Que vea, vea el corro

de los niños, y oiga

la alegría!

¡Todos cogidos de la mano, todos

cogidos de la vida

en torno

de la humanidad del hombre!

Es solidaridad. Ah, tú, paloma

madre: mete el buen pico,

mete el buen grano hermoso

hasta el buche a tus crías.

Y ahora, viajero,

al cantar por segunda vez el gallo,

ve al pinar y allí espérame.

Bajo este coro eterno

de las doncellas de la amanecida,

de los fiesteros mozos del sol cárdeno,

tronco a tronco, hombre a hombre,

pinar, ciudad, cantemos:

que el amor nos ha unido

pino por pino, casa

por casa.

Nunca digamos la verdad en esta

sagrada hora del día.

Pobre de aquel que mire

y vea claro, vea

entrar a saco en el pinar la inmensa

justicia de la luz, esté en el sitio

que a la ciudad ha puesto la audaz horda

de las estrellas, la implacable hueste

del espacio.

Pobre de aquel que vea

que lo que une es la defensa, el miedo.

¡Un paso al frente el que ose

mirar la faz de la pureza, alzarle

la infantil falda casta

a la alegría!

Qué sutil añagaza, ruin chanchullo,

bien adobado cebo

de la apariencia.

¿Dónde el amor, dónde el valor, sí, dónde

la compañía? Viajero,

sigue cantando la amistad dichosa

en el pinar amaneciente. Nunca

creas esto que he dicho:

canta y canta. Tú, nunca

digas por estas tierras

que hay poco amor y mucho miedo siempre.




Claudio Rodríguez. Conjuros, 1958. En Poesía completa (1953-1991). Tusquets, 2004.

Imagen: Paul Cézanne. Le grand pine, 1887-89.

martes, 23 de junio de 2020

nuevas reglas del capitalismo 5


dijeron: el mundo es vuestro

dijimos: no vamos a quedarnos quietos mientras diezmáis sus recursos

este es el camino y este es el exilio

nos mirábamos extraños y perplejos como aquellos que otean

horizontes profundos

no ven nada y no vimos nada

sospechamos nuestra muerte en vida

el truco

entretenidos en el deseo de una glorificación vanidosa

la dolorosa exactitud de nuestra hipocresía

se hizo presente en todas las palabras

que nos escupíamos entre nosotros

pensábamos qué enfermedades serían esas que acabarían

de verdad con nosotros

desterramos a algunos de nuestra vida

y nos desterraron a nosotros de algunos abrazos

eso es el exilio

la luz marca el camino sobre el asfalto

pero el pecho es una tumba donde hemos enterrado amores y

mascotas muertas

una tumba que queremos ver profanada de una vez

desmoralizados ahogamos el tiempo en vino frío en vino horrendo

este es el exilio

¿somos la escoria? ¿las sobras?




Enrique Cabezón. En Negra Flama. Poesía antagonista en el estado español. SOV de Oficios Varios de Jaén, 2013.

Imagen: Roy Andersson. Sånger från andra våningen, 2000.

lunes, 22 de junio de 2020

[Correas]


Correas que sujetan las palabras

a la rueda inflexible de la boca,

grilletes de decir y no decir.


El óxido violenta las encías,

las bóvedas oscuras de la sed.

En el temor se enferman las vocales.

Hay luz muy sucia en el mandil del tiempo,

moscas sobre los zocos de la ira,

grumos de desamparo en cada de litro

de leche almacenada en los arcones

con que asciende el umbral de la pobreza.


Formas de expiación, desgarraduras,

ganchos de carnicero que desangran

pulmones sonrosados de animal

-uno es Oriente, el otro es Occidente-.

Cada animal conoce su dolor,

es inocente siempre en su dolor.

Y con su gota espesa y pegajosa

la tierra fertiliza los manzanos,

la fruta que también es inocente.


Sin embargo, al morder y al escribir

letras de aire en su cuerpo malherido,

la boca deja rastro de semillas.

Omnívora y febril, también elige

pedirle compasión a los metales,

pedir a los grilletes que liberen

su presa con un tajo de puñal

que brilla como un sol inesperado.

Que las correas suelten las palabras.

Que sean compasivos los metales.




María Ángeles Pérez López. Fiebre y compasión de los metales. Vaso Roto, 2016.

Imagen: Misha Gordin