Yo tenía la mejor voluntad, señores míos, distinguidos amigos
de mi mejor consideración. Yo era
fácil para vivir con los Gobiernos. No tenía
ganas de más complicaciones que la pura existencia
que ya me daba bastante que pensar
y me revolvía las tripas con angustia.
¡Qué iba a ser un rebelde yo!
¡Nadie más dulce y más dispuesto
a comprender a todos que yo mismo!
¡Hasta que me golpearon en el vientre del alma por decir la verdad!
¡Hasta que me hirieron en secreto por amar la justicia!
¡Hasta que vi el brillo de las pistolas!
¡Hasta que descubrí con horror los secretos depósitos de cadáveres!
¡Hasta que vi que los cristos eran espantosas espadas!
¡Hasta que sentí la cruel acometida del terror blanco!
¡Hasta que me condenaron a la miseria, sonriendo, abrazándome!
Ahora soy, sin remedio, un oscuro rebelde a veces moribundo
y niego mi piedad a algunas gentes
y escribo cuidadoso, listas negras:
nombres para el desprecio, no para la muerte.
Alfonso Sastre. En Voces del Extremo. Antología 1999-2011. VV. AA. Coordinador: Antonio Orihuela. Fundación Zenobia Juan Ramón Jiménez, 2011.
Imagen: Daniel Richter

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