-¿Que no respeto su opinión?
Usted no tiene opinión,
tiene televisión.
Juan Carlos Alda. Candela en rama. Amargord, 2017.
Imagen: Paweł Kuczyński
-¿Que no respeto su opinión?
Usted no tiene opinión,
tiene televisión.
Juan Carlos Alda. Candela en rama. Amargord, 2017.
Imagen: Paweł Kuczyński
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un cristal en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso de fotogénico tiene poco,
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba, que cubra
causas y consecuencias,
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
Wislawa Szymborska. Fin y principio, 1993. En El gran número. Fin y principio y otros poemas. Hiperión, 2010. Edición: Maria Filipowicz-Rudek y Juan Carlos Vidal. Estudio introductorio: Małgorzata Baranowska. Traducción: Abel A. Murcia Soriano.
Imagen: Helene Weigel en Madre Coraje y sus hijos, de Bertolt Brecht.
La violencia es una forma de felicidad.
¿Contra qué se dispara una revolución?
Contra los privilegios.
Los privilegios constituyen la violencia
de los poderosos.
Ganarse la vida en un horno de ladrillos
no es ningún privilegio.
Los ladrilleros huelen la felicidad
de siglo en siglo
cuando se dispara una reventazón.
Un albañil no construye palacios para él,
pero se las arregla de cuando en vez para
volarlos
y saborear la dicha de los dinamiteros.
Leoncio Bueno. La dicha de los dinamiteros. Antología (1966-2014). Edición y selección: Gian Pierre Codarlupo. Editorial Ultramarina C&D, 2025.
Imagen: Mijail Pávlovich Trujánov. Minero, 1959.
En el Vietnam hay niños; nacen niños.
Traídos a la vida cada día
por la corriente irreprimible
del poderoso amor, confiadamente,
osadamente nacen. Son pequeños,
son dulces y dorados
como la piel del plátano maduro.
No saben nada; sólo
vivir. Y sólo quieren
vivir al sol, al beso y a la brisa;
beber amor por todos los sentidos;
comer, reír, llorar. Y enderezarse
como los tallos del arroz, primero;
luego, como los troncos de la selva.
Mirad y ved los niños aplastados,
acuchillados, rotos,
perforados, roídos
por el napalm; mirad sus carnes puras
llagadas hasta el hueso;
ved las vacías cuencas de sus ojos.
(El yanqui escribe a la familia
y manda besos a los pequeñines.)
Ángela Figuera Aymerich. Obras completas. Hiperión, 2009.
Imagen: Rizek Abdeljawad. Khan Younis, 2023.
Se necesita la imaginación de un niño
para transformar el mundo en un juguete:
un triciclo sin ruedas en un avión supersónico
unas latas vacías en un tren de pasajeros
unas cajas de cereales en una ciudad hermosa
Se necesita la imaginación de un adulto
para transformar un avión supersónico
en una máquina de disparar misiles
un tren de pasajeros
en un caos de fierros retorcidos
una ciudad hermosa
en un montón de escombros radiactivos
Se necesita el ejemplo de los mayores
para que los niños jueguen a la guerra
Óscar Hahn. Pena de vida, 2008. En Archivo expiatorio. Poesías completas (1961-2009). Visor, 2009.
Imagen: AFP. Bombardeos de Israel sobre Beirut, marzo 2026.