En el Vietnam hay niños; nacen niños.
Traídos a la vida cada día
por la corriente irreprimible
del poderoso amor, confiadamente,
osadamente nacen. Son pequeños,
son dulces y dorados
como la piel del plátano maduro.
No saben nada; sólo
vivir. Y sólo quieren
vivir al sol, al beso y a la brisa;
beber amor por todos los sentidos;
comer, reír, llorar. Y enderezarse
como los tallos del arroz, primero;
luego, como los troncos de la selva.
Mirad y ved los niños aplastados,
acuchillados, rotos,
perforados, roídos
por el napalm; mirad sus carnes puras
llagadas hasta el hueso;
ved las vacías cuencas de sus ojos.
(El yanqui escribe a la familia
y manda besos a los pequeñines.)
Ángela Figuera Aymerich. Obras completas. Hiperión, 2009.
Imagen: Rizek Abdeljawad. Khan Younis, 2023.
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