El necio se asesora de otros necios contiguos. Qué derroche de ínfulas intercambia con ellos. Siempre aprende algo más de lo que ignora, si bien recibe menos de lo poco que da. Brilla en recintos semejantes a sótanos y declama con saña insatisfecha en tertulias, parroquias, consistorios. Es lenguaraz y sandio, pero abstemio: puede aspirar sin excesiva adulación al rango de amanuense. Lo avalan los oficios que más ha practicado: la patria y la familia.
José Manuel Caballero Bonald. Laberinto de fortuna, 1984. En Somos el tiempo que nos queda. Obra poética completa 1952-2009. Seix Barral, 2011.
Imagen: Goya. Disparates, nº 8, Los ensacados, 1864.
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