miércoles, 22 de abril de 2026

La casa apagada


 

La casa está vacía, deshabitada:

hay sólo ruinas y excrementos;

un viejo cartel, de “Piso en venta”,

un anuncio en internet, con sucesivas ofertas.

Piso procedente de embargo…

 

Infructuosos coliseos fueron erigidos

con la miseria y el hartazgo de los siglos;

había un escándalo de trompetas

e incesantes cantos de sirena incitaban

constantemente a la compra.

 

Inopinados billetes de monopoly

y toneladas de cocaína

viajaban por las venas de la ciudad,

por sus arterias, por las alcantarillas.

Había móviles, perfumes, Audis, beemeuves.

 

Y, sin duda, perdimos la costumbre:

los antiguos siervos, eran ahora señores,

y los señores, sacerdotes de una resurgida religión,

que hablaba de crecimiento, austeridad

y privatizaciones.

 

Y, de repente, estalló la guerra

(estériles Tiresias clamaron

frente a oídos derruidos, párpados tapiados):

los gobiernos capitulaban y la población

regresó a su impávido letargo.

 

Quizá, con el paso de los años, aprendamos

que no vivimos por encima de nuestras posibilidades,

sino, justamente, por debajo,

que el dinero corrompe, y que la injusticia

sólo se combate luchando.

 

 

José Icaria. En Palabras de barricada. Una recopilación de anarcoversos. (Coord. Fernando Barbero). Queimada, 2015.

Imagen: Antoine d’Agata

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