domingo, 3 de agosto de 2014

Los hombres huecos



Mistah Kurtz—he dead.

A penny for the Old Guy


I

Somos los hombres huecos

Somos los hombres rellenos

Sosteniéndonos juntos

La cabeza llena de paja. ¡Ay!

Nuestras voces secas, cuando

Susurramos juntos

Silenciosas y sin sentido

Como viento sobre hierba seca

O patas de ratas sobre cristal roto

En nuestra bodega seca


Presencia sin forma, sombra sin color.

Fuerza paralizada, gesto sin ademán;


Aquellos que han cruzado

Con ojos fijos, al otro Reino de la muerte

Nos recuerdan -si acaso- no como perdidas

Almas violentas, sino solo

Como los hombres huecos

Los hombres rellenos.


II

Ojos que no me atrevo a cruzarme en sueños

En el reino de sueño de la muerte

Esos no aparecen:

Allí, los ojos son

Luz de sol sobre una columna rota

Allí, hay un árbol agitándose

Y hay voces

En la canción del viento

Más lejanas y más solemnes

Que una estrella que se apaga.


No dejéis que me acerque más

Al reino de sueño de la muerte

Dejadme también ponerme

Calculados disfraces

Pelo de rata, pluma de cuervo, maderos cruzados

En un campo

Comportarme como se comporta el viento

No más cerca


No ese encuentro final

En el reino del crepúsculo


III

Esta es la tierra muerta

Esta es la tierra del cactus

Aquí las imágenes de piedra

Se alzan, aquí reciben

La súplica de la mano de un muerto

Bajo el parpadeo de una estrella que se apaga.


Acaso es así

En el otro reino de la muerte

Despertar a solas

A la hora en que estamos

Temblando de ternura

Labios que besarían

Formulan plegarias a la piedra rota


IV

Los ojos no están aquí

No están aquí los ojos

En este valle de estrellas moribundas

En este valle hueco

Esta quijada rota de nuestros reinos perdidos


En estos lugares últimos de encuentro

Vamos juntos a tientas

Y evitamos hablar

Agavillados en esta playa del río tumefacto


Ciegos, a menos

Que los ojos reaparezcan

Como la estrella perpetua

Rosa multifolia

Del reino crepuscular de la muerte

La esperanza solo

De hombres vacíos.


V

Aquí damos vueltas a la chumbera

Chumbera chumbera

Aquí damos vueltas a la chumbera

A las cinco de la mañana.


Entre la idea

Y la realidad

Entre la potencia

Y el acto

Cae la Sombra

                                   Porque Tuyo es el Reino


Entre la concepción

Y la creación

Entre la emoción

Y la respuesta

Cae la Sombra

                                   La vida es muy larga


Entre el deseo

Y el espasmo

Entre la potencia

Y la existencia

Entre la esencia

Y el descenso

Cae la Sombra

                                   Porque Tuyo es el Reino


Porque Tuyo es

La vida es

Porque Tuyo es el


Este es el modo en que termina el mundo

Este es el modo en que termina el mundo

Este es el modo en que termina el mundo

No con un estallido sino con un gemido




T. S. Eliot. Los hombres huecos, 1925. Traducción: Conrado Santamaría.

Imagen: Gustave Doré. La divina comedia.

sábado, 2 de agosto de 2014

españa uno holanda cero



Ningún proceso cíclico es tal que el sistema
en el que ocurre y su entorno puedan volver
a la vez al mismo estado del que partieron.
RUDOLF CLAUSIUS
Corolario del Segundo Principio
de la Termodinámica


Aquella noche el tal iniesta

marcó el gol de nuestras vidas

españa entera se fundía

en un abrazo

de esos que por patrios

van dejando por el cuerpo

un porciento de sospecha

La taberna ardió al grito de ¡gol!

El señor que tenía al lado

y que tampoco tenía pinta

de tocar la vuvuzela

me besó enérgicamente en la mejilla

y me dijo nosequé de la belleza

La plaza se deshizo

en una niebla de petardos

las risas por las calles

la conga el waka waka

el corcho de champán

que apunta fusilante

como en la escena borrachuza

de la peli de ninotchka


Ni a ti ni a mí

pareció importarnos

demasiado

el colosal triunfo


La noche del golazo

la del chute ibérico

al círculo perfecto

la del beso del portero

a la turgente reportera

la mundial

nosotros invocamos

al cristo de la entropía

Cobijados en los cánticos

a solas entre tantos

atravesamos la puerta

del ojo dentro vi

nacer un yinn tragué

tierra silencio

la luz quebró

sajó el destino sin remedio

supe

que aquello era el principio

—segundo termodinámico—

que me impide volver

a ser la misma de antes


Yo

perdida / perdedora

en la noche inmensa

de la gran victoria



Carmen Camacho. Las versiones de Eva. Crecida, 2014.

Imagen: Ramón Masats. Seminaristas jugando al fútbol. Madrid, 1959.

viernes, 1 de agosto de 2014

Los ceros a la izquierda



En lugar de escuelas

construyeron casas de pupitres

nada se interrogó

y se tildaron de equivocadas

las nuevas preguntas

alguien dibujó una flor y unas manos que la cuidaran

y fue declarado no apto

para ser contable

            o consumible…


Ser llamado cero a la izquierda

es tan sólo cuestión de dónde

colocamos los principios

de quién redacta los órdenes.




Ángel Calle. Los vínculos. Isla Varia, 2006.

Imagen: Jean Vigo. Zéro de conduite, 1933.