sábado, 8 de septiembre de 2012

No quiero


No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.

No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero
amar en secreto,
llorar en secreto,
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO...




Ángela Figuera Aymerich. Toco la tierra. Letanías, 1962. En Obras completas. Hiperión, 2009.

Imagen: La Navidad de Juanito Laguna, Antonio Berni


viernes, 7 de septiembre de 2012

La conquista del pan


Regresar a los años

de la Conquista del Pan,

y gastar alpargatas

y zurcir calzoncillos

y remendar calcetines

y rumiar pan negro

y roznar tocino

y vestir de buzo

y beber café de avena. 


            Volver a escuchar “antes Hitler que Blum”,

porque allí nos llevan:

a los tiempos del cine mudo

de la Historia en blanco y negro

de la monotonía del hambre

solo rota por la monotonía de la misa de a doce.

Porque así nos quieren,

desandados de derechos,

huérfanos de pasado,

de conquistas sociales,

de cultura,

de arraigo y de clase. 


            Y habrá que volver

a rodar los Tiempos Modernos

pero sin Chaplin.

Reescribir Los Miserables sin Víctor Hugo,

redescubrir la penicilina lejos de Fleming.

Retomar un mundo sin Curie, sin Lorca y sin Hendrix.

A retornar al carbón, a la mugre y al harapo.

Y otra vez habremos de morir

y de luchar por lo nuestro

-eso si antes no nos mandan a matar

y a morir por lo suyo-. 


            Porque quieren regresarnos a los tiempos de Franco

pero sin Franco,

a los tiempos del sí señorito,

de los campesinos y los rentistas

de las colas para el pan

y del familiar preso. 


            Y a la pobreza del pueblo; la riqueza de las naciones.

Y a su silencioso fajo de billetes;

la ruidosa calderilla de nuestros bolsillos.

Porque así nos quieren, sí,

y porque, también, allí nos llevan. 





Rubén de la Peña

jueves, 6 de septiembre de 2012

Hibakusha


¿Quién dijo que, 
         reptante empieza la palabra bajo 
         los torbellinos de la luz sangrienta,
desde esta sombra nunca
podríamos cantar?

Alguien miró sin fin desde la muerte.
Aún puedes ver aquel ojo en lo oscuro.

Y cómo, preguntaron, cómo
escribir después de Auschwitz.

y después de Auschwitz
y después de Hiroshima, cómo no escribir.

¿No habría que escribir precisamente
después de Auschwitz o después
de Hiroshima, si ya fuésemos, dioses
de un tiempo roto, en el después
para que al fin se torne en nunca y nadie pueda
hacer morir aún más los muertos?

y cómo no escribir
con el dedo en el humo, igual que entraña
de un ave inescrutable.
                             Augures leen
la muerte palpitante de la noche misma.
                   Aquí yace
la noche.
                             Alguien
yace aquí cuyo nombre
fuera escrito en el humo.

La Historia, trapos,
sumergidas banderas, barras
rotas, anegadas estrellas bajo
la deyección.

Alguien tenía que morir sin término.
¿Qué víctima?

                             ¿y por qué
fue ésta y quién los eligió
no queriendo saber que el acto de elegirlos
era aún más obsceno que la muerte?
¿Por qué nosotros?, dicen
simplemente los muertos.

Aún. 
                   ¿Quién llora
que no puede llorar
desde los cuencos secos?

Cuerpo sombrío de la luz
que el fuego
había devorado.

                             Como luz caíste
sobre las fuentes del amanecer.
Las devoraste como sombra.

Izaron una torre en el desierto,
           la operación TR llamada así for Trinity
           after a fancy of Oppies's,

Y luego lo ensayaron para ver
cómo resplandecía
en su entraña la muerte.

                                         Y luego
We are all now sons of a bitch,
                                                  lo ensayaron
en un lugar llamado by Spanish wayfarers
la Jornada del Muerto,
para que al fin los nombres y las cosas
ya no se desmintieran.

La luz se descompuso
del blanco al amarillo anaranjado
y ardió el aire
y una rígida costra
cubrió la tierra seca
con ácidos cristales
de color verde jade.

Babies satisfactorily born, dijo cegado
por su propia grandeza el grande Oppius.

Cuerpo sombrío de la luz. 
                                                Ceniza.
Cubiertos de ceniza
bebimos la ceniza hasta las heces
y la consumación.

                             Enola Gay.
Las violentas alas
de un pájaro sangriento
cubrieron la mañana para siempre.
Nuestras entrañas son de muerte.

La explosión,
su silencio,
su absoluto silencio,
la explosión del silencio,
la explosión de lo blanco
en el silencio,
sus infinitas placas
de interminable luz.

Primero el fuego
desagregó los seres.
Después el viento,
como dios enemigo en la esfera del fuego,
arrancó de raíz cuanto no había ardido.

Después el agua,

después la lluvia,
después el agua espesa
de polvo y de cenizas.

Caía inmenso un cuerpo celeste calcinado
desde el centro del aire y para siempre sobre
la destrucción. 

¿Quién llora aún? 
                                                Llamaba
desde el fondo de la piedra arrasada
la muerte,
desde el fondo sediento de las aguas
la muerte,
desde el fondo anegado de las voces
la muerte,
desde el fondo sin fondo de la muerte
la muerte, blanca
como el cuerpo infinito de una niña extendida
desde el orto al ocaso.

Abrieron los cuchillos
la entraña de los pájaros
profetizando hacia el pasado ciegos.

Barría el humo las palabras perdidas:
sangre, abominación, especie, noche.

Ven ahora, la muerte, cúbrenos
con tu respiración y tu silencio
para que no sigamos
muriendo más como muertos sin término.

Dijiste,
y una voz te llegó
desde la sombra.
No la pudiste oír.
y aún llegó otra voz desde la sombra.

No la pudiste oír.
Y la tercera voz llegó
desde la muerte:

                                       -Vive.

                                                  Lenta,
pronunciada, la voz, la muerte
quiso en ella vivir, vivirse,
negar la bastardía de esta muerte.

Y ahora que incesante
tanta memoria baja en la ceniza,
cúbrete tú de su ceniza,
de la que tú naciste.

¿Nacer de qué? 
                                        ¿Morir de tanta muerte?
Nocturno viene el día contra las abiertas
entrañas de la noche.

                                         Despertar.

¿A qué? Morir. ¿A qué? 
                                         ¿Nacer al reino
de la calcinación? 
                                         Cuerpo del hombre
más alto que los cielos

¿qué hiciste de ti mismo?
 
 
José Ángel Valente

martes, 4 de septiembre de 2012

Nuestro sol


Este sol era tuyo y mío: lo compartíamos.

¿Quién sufre tras la tela dorada? ¿Quién está muriendo?

Una mujer gritaba golpeando su pecho seco: “Cobardes

me robaron mis hijos y los despedazaron, vosotros los matasteis

mientras mirabais al atardecer con extraños gestos las luciérnagas

abstraídos en un ciego pensamiento.”

La sangre se secaba en la mano que un árbol verdecía

un combatiente se quedó dormido apretando la lanza que le iluminaba el costado.

El sol era nuestro, nada veíamos tras el bordado de oro

después llegaron los mensajeros extenuados sucios

balbuceando sílabas incomprensibles

veinte días con sus noches sobre la tierra estéril y con espinos

veinte días con sus noches sintiendo el vientre ensangrentado de los caballos

y ni un momento se detuvieron a beber el agua de la lluvia.

Les dijiste que descansaran antes y hablasen después, la luz te había cegado.

Murieron mientras decían: “No tenemos tiempo” tocando algún rayo de sol;

olvidabas que nadie puede descansar. 


Una mujer gritaba: “Cobardes” como el perro por la noche

sería hermosa en otros tiempos como tú

con la boca húmeda, las venas bajo la piel

con el amor.


Este sol era nuestro; lo guardaste sólo para ti no quisiste seguirme

y aprendí entonces lo que se oculta tras el oro y la seda;

no tenemos tiempo. Tenían razón los mensajeros.






Yorgos Seferis. Ed. Júcar, 1988. Traducción: José Antonio Moreno Jurado.

Imagen: Gustav Klimt. El beso, 1908.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Mis maestros



Aquellos hombres

predicaban miedo.

Miedo convulso

en la lección diaria;

oscuro miedo

por los corredores

entre esperma y latín

en la espantosa

composición exacta

de lugar: un niño

solo; mentido

y solo; amordazado

y frío buceando

en el pozo:

arriba; arriba;

sin aire casi;

arriba; más aún

hasta alcanzar

el borde de la vida. 




José Agustín Goytisolo. Poesía completa. Ed. Lumen, 2009.

Imagen: Escuela rural de la Selva Negra. Albert Anker.

domingo, 2 de septiembre de 2012

LA PLANTILLA




El Pelao, Manolo, el Catalán,
Tornero, Ruíz, el Nano,
el Peque, Villena, Muñoz,
Paco, Juan Antonio, Kunfú,
Paquito, Santos, Ordóñez,
Salvador, el Largo, Molineta,
Ramonet, Ricardo el de la máquina,
el Cura, el Maño y Cruañes

obreros que encendían su cigarro
con la punta del electrodo
y asaban embutidos a soplete
mientras votaban alrededor del caldero
si íbamos o no a la huelga.

Logroño, Jaén, Barcelona,
Ceuta, Cádiz, Cuenca,
Albacete, Ciudad Real, Badajoz,
Salamanca, Teruel,
son hoy destinos turísticos nacionales
hace treinta años eran los lugares
donde dejaban a los suyos
para venirse a Valencia
algunos de mis compañeros de taller.

Hace mucho que no les veo
me gustaría conocer su opinión
entre otras cosas
de la llegada a las costas del sur
de subsaharianos y marroquíes
o como ellos dirían genéricamente
de negros y moros

Me gustaría saber
si el narcótico de la televisión
el coche a plazos
y el piso que aún estamos pagando
les han echo olvidar
su propio camino de llegada

porque igual ahora
se dan lumbre con encendedor
o se han dejado de fumar
y el colesterol les aboca
al queso de untar y el hervido

y entonces
¿con quién contamos
para la revolución?
 
Vicent Camps, Taller, Celya, 2003
Imagen: Deportistas, Kazimir Malévich

sábado, 1 de septiembre de 2012

El caracol y la estrella de la mazorca


(Poema infantil)

Al caracol zapatista

¡Ay, qué alta
la estrella de la mazorca
con su zarcillo y su ajorca!

Trepa y trepa por la caña
el caracol con su concha,
¡temblores de la mañana!

La mariposa, revuelo
de risas y de colores,
le abanica los sudores
y lo remonta en su vuelo:

“¡Eh, caracol,
aleluya,
que ya es tuya
la estrella de la esperanza!”
 
Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera. Trabuco, 2014.