lunes, 7 de agosto de 2017

Jaime Mendoza Collío se pierde y canta en los bosques invisibles de Requém Pillán



¿De dónde viene el hilo de una larga mirada?

¿Y el color de la muerte en las flores del mar?


Sí, he nacido oscuro como el escarabajo

y oscuro moriré bajo la luz del sol.


Las máquinas terrestres me saludan apenas

cuando busco el barro afiebrado de mi padre.


Huesos que resuenan, lunas que circulan

sobre niños huyendo de tábanos azules.


Ya pronto ordenaré a las islas existir,

ya pronto partiré a la Tierra de Arriba.


Y diré al bravo río sea sueño en torrente,

y a los rojos alerces que iluminen el aire.


Yo voy por un camino que sube hacia la cumbre,

a bosques escondidos donde revivo y canto.


La muerte casi al alba arde en las cordilleras,

la luz, como una herida, rompe el ventanal.



NOTA:

Jaime Mendoza Collío fue ultimado por la policía chilena el 12 de agosto del año 2009, cuando tenía 24 años de edad. Requém Pillán es la comunidad de origen de Mendoza Collío, ubicada a 84 kms. al noroeste de la ciudad de Temuco.





Jaime Luis Huenún. Reducciones, 2012. En El consumo de lo que somos. Muestra de poesía ecológica hispánica contemporánea. (Ed. Steven F. White). Amargord, 2014.

domingo, 6 de agosto de 2017

Hacia una edad oscura



1

Yo nací

cuando el paludismo

terminaba de erradicarse en España


(en 1965

la OMS dio

la confirmación oficial)


y veo venir cómo moriré

con esas fiebres otra vez endémicas

en mi país


2

Las promesas incumplidas de la Ilustración

Las promesas incumplidas del socialismo el comunismo el anarquismo

Las promesas incumplidas de la poesía moderna

Las promesas incumplidas de las vanguardias artísticas

Las promesas incumplidas de la resistencia antifascista


Amigos: ¿no os parece que va siendo hora

de hundir los antebrazos en manantiales de agua fresca

además de seguir rebuscando

añicos por el suelo?


3

Los intelectuales del siglo XXII


¿se parecerán más a monjes medievales

escrutando en viejos incunables las esporas del paraíso


o a chamanes paleolíticos leyendo

en cierta disposición de piedras y ramitas los  rastros del futuro?





Jorge Riechmann. El común de los mortales, 2012. En El consumo de lo que somos. Muestra de poesía ecológica hispánica contemporánea. (Ed. Steven F. White). Amargord, 2014.

sábado, 5 de agosto de 2017

Hablando con mis gusanos



Anoche hablé con los gusanos

que se comerán mis ojos, mi lengua y mis orejas

un día de estos a lo mejor no tan lejano.

Por ahora mastican Amapolas y raíces de Guanábana,

matando el tiempo hasta la caída de mi cuerpo

acurrucado en su casa de Pino.

Ellos dicen que no me dolerá:

un leve cosquilleo en las uñas de mis pies

y alguno que otro escalofrío en las tripas

será el aviso de su minuciosa faena.

Me han prometido fundirme con la tierra,

deslizarme sobre los colores de las mariposas

y lloverme en rapadura dorada

sobre el techo del cuarto de mis libros.

Pasarán ardorosos sus bocas

hasta desprender la pulpa de mis manos,

huesos grises y blancos serán la fortuna

que dejaré entre las tablas.

En el cerebro derramado sobre el lienzo

de un poema perdurable

irán descifrando letra a letra

hasta llegar a los árboles, piedras y flores.

Me han dicho que regresaré

en la musical corteza de un ronco Espavel,

o en la encolochada siesta de los Chilamates.

El sueño con mis gusanos

es lo más prudente que he podido escribir

sobre la vida.





Esthela Calderón. Coyol quebrado, 2012. En El consumo de lo que somos. Muestra de poesía ecológica hispánica contemporánea. (Ed. Steven F. White). Amargord, 2014.

Imagen: Maruja Mallo. Canto de las espigas, 1929.

viernes, 4 de agosto de 2017

Está echada la cuenta, la balanza



Está echada la cuenta, la balanza

registra el peso exacto,

y a las puertas los persas con sus armas

amagan. Ya no hay tiempo.

Oigo la crepitación de mi piel

como un calambre negro. Se derriten

los muros en las sombras

y exudan alcanfor, la angustia vieja

de la semilla estéril.

Han cosido mis párpados

con cáñamo y el grito se retuerce

en la garganta: ¡Tiempo,

ya no hay tiempo! Me tiro

de la cama y a tientas voy buscando

debajo de la mesa las cortezas

del queso enmohecido, mi mejilla

aún caliente del bofetón paterno,

el talento enterrado en las raíces

finísimas del miedo. Voy buscando

las manos amputadas, el cuchillo,

el vómito y la sangre:

la borra insacudible

de la culpa y sus nombres, los escombros

de todo y la viscosa

escoria de la desesperación.


Pero no hay tiempo,

han llegado los persas y ardo con el silencio.





Conrado Santamaría. La noche ardida. Ruleta Rusa Ediciones, 2017.

Imagen: Rembrandt. El festín de Baltasar.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Sueño de recomposición



había pasado ya más de una semana y el cordero que me había comido hacía be aún dentro de mí por lo cual debí sacarlo y pegar el corazón con las demás partes de su cuerpo y ponerlo a pacer en el campo verde junto a una hembra de su especie




Homero Aridjis. Ajedrez-Navegaciones, 1969. En El consumo de lo que somos. Muestra de poesía ecológica hispánica contemporánea. (Ed. Steven F. White). Amargord, 2014.

Imagen: Anne Berry. Macaque, 2011.