lunes, 9 de octubre de 2017

Del nuevo ídolo



–Pueblos y rebaños todavía existen en alguna parte. Entre nosotros, hermanos míos, únicamente existen estados. ¿Qué es estado? ¡Atención! ¡Abrid los oídos! Voy a hablaros de la muerte de los pueblos. De todos los monstruos fríos, el más frío es el estado. Miente fríamente y he aquí la mentira que sale arrastrándose de su boca: “Yo, el estado, soy el pueblo.” ¡Mentira! Los que crearon los pueblos y los que suspendieron sobre ellos una fe y un amor fueron creadores. De ese modo servían a la vida. Destructores son los hombres que arman trampas a las multitudes, llamando a esto un estado y suspendiendo por encima de ellos una espada y cien apetitos. Allí donde exista un pueblo no se comprende al estado, y se le detesta como al mal de ojo o como a una transgresión de las costumbres y de las leyes. Os doy esta señal: cada pueblo tiene su propio lenguaje del bien y del mal; su vecino no lo comprende; se ha inventado; se ha inventado este lenguaje para sus costumbres y sus leyes. Pero el estado miente en todas sus lenguas del bien y del mal; todo lo que dice es mentira y todo lo que tiene lo ha robado. Todo en él es falso; muerde con dientes robados, es insociable y reñidor. Hasta sus entrañas están falsificadas. Os doy este signo como signo del estado: una confusión de las lenguas del bien y del mal. En verdad, lo que indica este signo es la voluntad de la muerte. ¡Llama a los predicadores de la muerte! Demasiados hombres vienen al mundo. ¡El estado se ha inventado para los superfluos! ¡Mirad cómo atrae a los superfluos! ¡Cómo los enlaza, cómo los mastica y los requetemastica! “No hay nada más grande que yo sobre la tierra: yo soy el dedo de Dios”, así aúlla el monstruo. ¡Y no son únicamente los que tienen las orejas largas y la vista baja los que caen de rodillas! ¡Ay! También en vosotros, ¡oh, grandes almas!, murmura sus tétricas mentiras. ¡Ay! Adivina los corazones ricos que gustan de prodigarse. ¡Seguramente también os adivina a vosotros, vencedores del dios antiguo! ¡El combate os ha fatigado y ahora vuestra fatiga se ha puesto al servicio del nuevo ídolo! ¡El nuevo ídolo quisiera rodearse de héroes y de hombres honorables! ¡Al frío monstruo le agrada calentarse al sol de la buena conciencia! El nuevo ídolo quiere dároslo todo, si vosotros lo adoráis. Así compra el brillo de vuestra virtud y la orgullosa mirada de vuestros ojos. ¡Vosotros debéis servirle de señuelo para los superfluos! ¡Sí, es la invención de una carrera infernal de un corcel de la muerte galopando sobre el adorno de los honores divinos! ¡Sí, es la invención de una muerte para la mayoría; una muerte que se alaba de ser vida, una servidumbre conforme al deseo de todos los predicadores de la muerte! El estado en todas partes es el lugar donde todos absorben los venenos: los buenos y los malos; donde todos, buenos y malos, se pierden; donde al lento suicidio se le llama “la vida”. ¡Mirad a los superfluos! ¡Roban las obras de los inventores y los tesoros de los sabios; llaman civilización a su robo y todo se les convierte en enfermedad y desvarío! ¡Mirad a los superfluos! Siempre están enfermos; segregan bilis y a esto le llaman periódicos. Se devoran y no pueden tragarse. ¡Mirad a los superfluos! Adquieren riquezas y se hacen con ello más pobres. ¡Quieren el poder estos impotentes! Y sobre todo, la palanca del poder: mucho dinero. ¡Mirad cómo trepan estos ágiles monos! Trepan los unos sobre los otros y se empujan hacia el fango y el abismo. Todos quieren acercarse al trono: es su locura; ¡cómo si la felicidad estuviera sobre el trono! A menudo, el fango está sobre el trono y –a menudo también– el trono está sobre el fango. Aparecen ante mí como locos, como monos trepadores e impetuosos. Su ídolo, este frío monstruo, huele mal; todos estos idólatras huelen mal. Hermanos míos: ¿queréis, pues, ahogaros con la exhalación de sus fauces y de sus apetitos? ¡Antes bien, romped los vidrios y saltad afuera! ¡Evitad el hedor! ¡Alejaos de la idolatría de los superfluos! ¡Evitad el hedor! ¡Alejaos de la humareda de estos sacrificios humanos! Todavía las grandes almas hallarán ante ellas la existencia libre. Quedan muchos lugares para los que viven solitarios o emparejados, lugares donde se respira el perfume de los mares silenciosos. Una ruta libre está siempre abierta para las grandes almas. Quien posee poco, en verdad, tanto menos es poseído. ¡Bendita sea la pequeña pobreza! Allí donde termina el estado, comienza la canción de la necesidad, melodía única y sin par. ¿No veis el arcoíris y el puente del superhombre?

            Así habló Zaratustra.




Friedrich Nietzsche. Así habló Zaratustra. Círculo de lectores, 1980.

domingo, 8 de octubre de 2017

Como una piedra esta palabra



No sé si una palabra, así, de golpe,

como una piedra puede

romper el empañado

cristal del raro invernadero donde

sobre postiza tierra,

con opresión del aire,

germinan y florecen

ajenos a su clima

y en formas tan extrañas

nuestros sueños.

                                   No obstante,

contra toda renuncia,

como una piedra esta palabra amago

y corre el sol y el aire

y oigo

así de golpe

el íntegro estallido de unos cristales rotos. 





Conrado Santamaría. La noche ardida. Ruleta Rusa, 2017.

Imagen: Gabriele Mucchi. Autodefensa.

sábado, 7 de octubre de 2017

[Estoy de pronto ante el obeso heroico funcionario]



Estoy de pronto ante el obeso heroico funcionario que da una explicación crasa y correcta y general y obvia y aplicable a cuanto caso hubiere como éste para evitar equívocos siniestros.

            Bienaventurado el que todo se lo explica, el recto, el ortorrecto, el rectodoxo, porque de él será el reino de las tapias, la ordenación feliz de lo empotrado, la apoteosis de la gran sordera.




José Ángel Valente. El fin de la edad de plata, (1970- 1973). En El fulgor. Antología poética (1953-2000). Galaxia Gutenberg, 2001.

Imagen: Mircea Suciu. Study for people moving to the right, 2012.

jueves, 5 de octubre de 2017

AUTOBIOGRAFÍA



Yo voté a Reagan por miedo al comunismo.


Pasé delante del cadáver de Franco

y aparqué en la Via Caetani

el coche que llevaba el cuerpo de Moro.


Yo fui uno de los campesinos

que denunciaron al Ché

y uno de los guardias civiles

que intentaron tirar al suelo

a Gutiérrez Mellado.


Creí ver algo en la loma de Dallas

pero no dije esta boca es mía.


Me chivé de mis vecinos judíos

escondidos en un falso techo.

Pero lo hice porque tenía miedo.


No me mires así: tú habrías

hecho lo mismo.


Zweig murió por los pecados de alguien

pero no por los nuestros.





Víctor Peña Dacosta. En Voces del Extremo. Antología 2012/2016. Coord. Antonio Orihuela. Amargord, 2017.

Imagen: Mircea Suciu.

lunes, 2 de octubre de 2017



 NO




No hay bandera que valga un solo muerto.

No hay fe que se sujete con el crimen.

No hay dios que se merezca un sacrificio.

No hay patria que se gane con mentiras.

No hay futuro que viva sobre el miedo.

No hay tradición que ampare la ignominia.

No hay honor que se lave con la sangre.

No hay razón que requiera la miseria.

No hay paz que se alimente de venganza.

No hay progreso que exija la injusticia.

No hay voz que justifique una mordaza.

No hay justicia que llegue de una herida.

No hay libertad que nazca en la vergüenza.





Enrique Gracia Trinidad. Pentimiento. Sial Ediciones, 2009.

Imagen: Kazimir Malévich. Círculo negro, 1915.