A Anastasio Antón Ruiz Chivinas
La bestia y sus huestes
asolaron la tierra
con un páramo inhóspito
de horror, infamia y silencio.
Cuatrocientos siete pétalos
de los más de dos mil del registro
yacen en la extensión de la fosa
donde un nudo atraviesa el barranco.
Llegaron la marca y el expolio,
la represión y el encierro,
la amnesia, que, por vía compelida,
acuñó que aquí nunca pasó nada.
Resistieron las mujeres de negro,
cuyo tesón se hizo arte,
para poner el cuerpo cada noviembre
y con ello ganar la eternidad.
Sus vestigios perviven
en las heridas que supuran
mientras brega la memoria
como una llama perpetua.
Ayer.
Hoy.
Siempre.
Gonzalo Peña Ascacíbar. Raigambre. Ediciones del 4 de agosto, 2026,
Imagen: Mujeres de negro. La Barranca.

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