domingo, 8 de noviembre de 2026

TELENOVELA


 

El sitio que dejó vacante Homero,

el centro que ocupaba Scherezada

(o antes de la invención del lenguaje, el lugar

en que se congregaba la gente de la tribu

para escuchar al fuego)

ahora está ocupado por la Gran Caja Idiota.

 

Los hermanos olvidan sus rencillas

y fraternizan en el mismo sofá; señora y sierva

declaran abolidas diferencias de clase

y ahora son algo más que iguales: cómplices.

 

La muchacha abandona

el balcón que le sirve de vitrina

para exhibir disponibilidades

y hasta el padre renuncia a la partida

de dominó y pospone

los otros vergonzantes merodeos nocturnos.

 

Porque aquí, en la pantalla, una enfermera

se enfrenta con la esposa frívola del doctor

y le dicta una cátedra

en que habla de moral profesional

y las interferencias de la vida privada.

 

Porque una viuda cosa hasta perder la vista

para costear el baile de su hija quinceañera

que se avergüenza de ella y de su sacrificio

y la hace figurar como una criada.

 

Porque una novia espera al que se fue;

porque una intrigante urde mentiras:

porque se falsifica un testamento;

porque una soltera da un mal paso

y no acierta a ocultar las consecuencias.

 

Pero también porque la debutante

ahuyenta a todos con su mal aliento.

Porque la lavandera entona una aleluya

en loor del poderoso detergente.

Porque el amor está garantizado

por un desodorante

y una marca especial de cigarrillos

y hay que brindar por él con alguna bebida

que nos hace felices y distintos.

 

Y hay que comprar, comprar, comprar, comprar.

Porque compra es sinónimo de orgasmo,

porque comprar es igual que beatitud,

porque el que compra se hace semejante a dioses.

 

No hay en ello herejía.

Porque en la concepción y en la creación del hombre

se usó como elemento la carencia.

Se hizo de él un ser menesteroso,

una criatura a la que le hace falta

lo grande y lo pequeño.

 

Y el secreto teológico, el murmullo

murmurado al oído del poeta,

la discusión del aula del filósofo

es ahora potestad del publicista.

 

Como dijimos antes no hay nada malo en ello.

Se está siguiendo un orden natural

y recurriendo a su canal idóneo.

 

Cuando el programa acaba

la reunión se disuelve.

Cada uno va a su cuarto

mascullando un –apenas– «buenas noches».

 

Y duerme. Y tiene hermosos sueños prefabricados.

 

 

Rosario Castellanos. En Mujer de buenas intenciones. Rosario Castellanos. Selección: Luna Miguel. Penguin Random House, 2025.

Imagen: Lee Friedlander

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