jueves, 20 de julio de 2017

Cosas peores que la muerte



(Para Margaret Randall)


Me hablas de Chile,

de la mujer que fue arrestada

con su marido y su hijo de cinco años.

Cuentas cómo los guardias torturaban a la mujer, al hombre, al niño,

viendo todos todo,

“como les gusta a ellos”.

Cosas que son peores que la muerte.

Me imagino cogiendo entre mis dedos el pelo rubio ceniza de mi hijo,

echándole la cabeza hacia atrás antes de que se entere de lo que pasa,

degollándole, degollándome a mí misma

para evitarnos eso. Cosas peores que la muerte:

esta nueva idea invade mi vida. El guardia invade mi vida, el desagüe de su cuerpo, “como les gusta a ellos”. Los ojos del chaval, Dago,

viéndoles encima de su madre. Los ojos de la madre

viéndoles con Dago. Y nada que viví fue peor que la muerte,

la vida era hermosa como nuestra sangre en el terrazo,

para evitarnos eso –los ojos de mi hijo en mí,

los míos en él– el cerdo en nuestros cuerpos,

obligándonos a mirar a nuestro enemigo ancestral y reverenciarlo,

la eterna muerte misericordiosa

que nos deja marchar.





THINGS THAT ARE WORSE THAN DEATH
(For Margaret Randall)

You are speaking of Chile,
of the woman who was arrested
with her husband and their five-year-old son.
You tell how the guards tortured the woman, the man, the child,
in front of each other,
"as they like to do."
Things that are worse than death.
I can see myself taking my son’s ash-blond hair in my fingers,
tilting back his head before he knows what is happening,
slitting his throat, slitting my own throat
to save us that. Things that are worse than death:
this new idea enters my life.
The guard enters my life, the sewage of his body,
"as they like to do." The eyes of the five-year-old boy, Dago,
watching them with his mother. The eyes of his mother
watching them with Dago. And in my living room as a child,
the word, Dago. And nothing I experienced was worse than death,
life was beautiful as our blood on the stone floor
to save us that — my son’s eyes on me,
my eyes on my son — the ram-boar on our bodies
making us look at our old enemy and bow in welcome,
gracious and eternal death
who permits departure.




Sharon Olds. Los muertos y los vivos. Bartleby, 2006. Traducción: J. J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas.

Imagen: Fernando Botero. Abu Ghraib, 2005.

martes, 18 de julio de 2017

EL BANQUETE



Hoy comemos nosotros donde comieron reyes.

Mira cómo hiere la luz

sobre el mantel de hilo,

tejido en el oriente por tiernísimas

manos capturadas en sombra, cómo

dobla en cristal ajenas notas

y en la plata refleja,

con nitidez ingenua,

vuestras risas pobladas

de prestigios untuosos y carnívoros

dientes, cómo así su dominio

de fugaz apariencia

la porcelana ejerce

entre la dócil mística y sus ritos.

No hay miedo al tiempo

cuando el respaldo es firme

y la pared defensa.

No hay miedo al tiempo y, sin embargo, tiembla

imperceptiblemente,

por debajo del gozo,

tu conciencia tan limpia,

al paso de sirvientes

que en silencio os regalan

con lucrativos vinos

y platos donde brillan

los pavorosos logros de la razón lasciva:

langosta entera con texturas

de niebla y besamanos,

corderillo de leche con su riñón doblado,

cristalino de mango

con sorbete de oporto a la vergüenza.

Naturalezas muertas

de este tiempo borroso

en que verdugo y víctima se valen

de la misma paleta con que limpiar espinas.

Como usurpados

sientes los cuerpos que se rozan,

amputados los gestos,

vuestras palabras truncas.

¿Por qué tu voz se niega

a la hora del brindis, cuando el dolor se ciñe

al espinazo

y sabes que el indulto ya no basta?

Tú no vaciles. Mira,

son apenas efigies al fondo de una cueva.

No negocies ahora que la verdad te cerca

surgiendo desde el fondo,

de la región en sombras

donde el amor

es asco.

Yérguete, vamos,

sacude las palmadas ahítas de tus hombros,

y, con la copa en alto,

vence esa luz y grita serio:

“Amigos, por nosotros,

hoy comemos nosotros los despojos del mundo."





Conrado Santamaría. La noche ardida. Ruleta Rusa Ediciones, 2017.

Imagen: Pável N. Filónov. El banquete de reyes, 1913.

lunes, 17 de julio de 2017

CAMBIO DE TIEMPO



Para Luis Eduardo Aute y Carlos, Solito Trovador,
giralunas de la amistad.
Y para Leopoldo María Panero, in memoriam.



Entre brújulas locas de afonía

gritándole a la nada,

giralunas en el eje del huracán:

tor-pedo, desnortado fantasma, estoy.


Campanilla yace violada al pie

de El árbol del ahorcado.

Wendy se arrodilla ante la verga

de Peter Pank. Satán es un loquero

kamikace que sueña con destruir

la Capilla Sixtina.

Los cuervos devoran palomas

en la Plaza de San Pedro, ahora

laguna de sangre para el vampiro.

El papa baila y la mama,

lolailolailo lolailolá.

Neverland ya no existe.

El Vaticano es la pesadilla

de Los Niños Perdidos.

La pesadilla se muerde la cola.


Murió Leopoldo María Panero.

Solloza el uni-verso, intemperie

del poema, agujero negro llamado

derrota y Nevermore.


Un ciervo herido cruza la sombra

sin hueso del desierto. Bambi llora

fracaso, ante la selva arrasada.


Estoy, infierno y nadie,

entre las flores del fuego que el viento

de la noche aviva emboscándolo todo;

con la dignidad del miedo en la mirada,

mientras aguardo un cambio de tiempo.




Antonio Marín Albalate. En Contra. Poesía ante la represión. Coordinadora Anti Represión de Murcia, 2016.

Imagen: Max. Peter Pank

domingo, 16 de julio de 2017

MIRLO DE OJOS AZULES



¿Estará bien decir algo de mí mismo?

Sólo esto será suficiente:


Soy un pájaro negro de ojos azules

Mis alas conocen todas direcciones

Mi vuelo ha tocado el color del cielo

Remontando las alturas he visto la oscuridad más allá

He perseguido desiertos crecientes y ríos moribundos

He besado la angustia que se derrite en la lluvia

He visto a una mujer dar a luz

En un árbol sitiado por las inundaciones

He cambiado mi cuerpo tantas veces

Pero sigo siendo un pájaro negro de ojos azules.


Gente escapándose de las guerras, escondiéndose,

Escalando cimas escarpadas, al verme se detienen

Asombrados de estar tan arriba, tan lejos,

A pesar de que vivo en sus corazones

En las arrugas profundas de sus caras

Hay países devastados y reconstruidos

Compran nuevos candados, llaves nuevas hacia nuevos cielos

¿Qué pensaba Boabdil cuando entregó a Isabel las llaves de la Alhambra,

Susurrando, “Aquí están las llaves del paraíso?”


Este vuelo interminable sin día ni noche,

A veces el sol se pone y nace a la vez

Coordenadas encerradas en mis ojos

Leyendo el diario de sueños de un poeta,

`perdido en la niebla, caigo en algún lugar

Me fundo con el polvo de la tierra

Un pájaro negro de ojos azules nace de nuevo.


Entonces flechas, ahora pistolas, me apuntan

No tengo miedo,

Mi sangre se mezclará con el carmesí otoñal

Alzaré mi vuelo de nuevo desde algún otro país

En alguna otra dirección

Esculpiendo vida de tus palabras

Yo no soy de este mundo

¿Estará bien seguir diciendo algo de mí mismo?

Sólo esto será suficiente.





Mohan Rana. En Voces del Extremo: poesía y raíces. Traducción de Genaro Delgado y Begoña Abad. Amargord, 2016.

Imagen: Alekséi Bedny