sábado, 20 de julio de 2019

Iluminar la corriente


una biografía


sobreviví al nacer

hasta que la convención se comió media vida

crecí como pude

expectativa en ristre

pulí las mentiras de guerra de mis padres

los esperé bajo los naranjos

mientras inventaba otras vidas

me olvidaba de merendar de dormir y de sentir

mentía mucho


aprendí


escribanía desvencijada

la tensión de ser

jardinería pespunte rotura

el tesón de la rabia

picor bachillerato banderas

psicología acupuntura mesmerismo

vanguardia de lo muerto

y poesía

para encontrar bisagra al mundo

otro era el que tenía que ser alguien

lumbre camaleón cocina forja

a desplegar la simiente si el viento

a conversar con el grillo y las suelas

la sombra la cruz la hiel la piedra el punto

a preguntar al pájaro de la encrucijada


creí


santo batiburrillo

el clavo al rojo el ande yo caliente

el valle de lágrimas

el estigma los claveles la boca ofrecida

que si milagros con mucho esfuerzo

levitación colchón de clavos

montaña con abono transporte

sincretismo priapismo absentismo

bestialismo morbo estoicismo

grandes almacenes

y sufrir

sobre todo mucho sufrir

fui salomónico pan de oro

monaguillo con calzón de incienso

chamán

niño raro de los ojos de almendra


la civilización perdida

senderos promesas quiebras fallas tabúes abismos

soniquete a ser macho a tragar

orgullo rabia opinión esperma días legañas lunares

la jungla es un invento

como los porcentajes las fronteras y las fisuras


tuve


menos novias que novios

mucho miedo a que no cupiera

tanto dolor en un cuerpo aún sin ramas

un contrato hasta que la muerte

un gusto secreto por

el canto de los cuerpos

que crujen

a mirar hasta que se despista el ladrillo

y de la boca cae un silencio perfecto

la vara la tentación la espuela

el cebo la guita la moda

el cuello engolado

del zahorí que no sabe de aguas


hoy me remanso

                        respiro

                                   desemboco


                                                           comprendo las razones del suicida

                                                           y me asomo al vencejo cada tarde

                                                           miro los restos de sangre en el cuenco

                                                           toco vapor de alquimia en el poema

                                                           encuentro el buen reír


                                                           el recelo justo muestra el vacío

                                                           acato su amargor

                                                           cosecho mi voz de su lengua y la hago

                                                           río que limpia

                                                           lluvia tenaz

                                                           que fertiliza y despliega distancias





Víctor L. Briones. En Nayagua. Revista de poesía. III Época, Nº 30, Julio, 2019.

Imagen: Arthur Tress. Girl with Dunce Cap, New York, 1972.

viernes, 19 de julio de 2019

EL DESASOMBRO


A veces me pregunto qué ha pasado,

en qué pirueta de la Evolución

cayó la luz fractal del Ilustrado

al pozo negro de la aberración.


Y cuándo se hizo fuerte la falacia,

tomando por asalto la verdad

que ya es un muerto que jamás se sacia

en el banquete de la impunidad.


            Es tanta la honorable delincuencia

            que apenas hay lugar para el asombro,

            en todo caso habrá que liberarse

            de esta tendencia

            al desasombro.


No hay duda de que reyes y trileros

son cara y cruz de la misma ambición,

su Dios es el botín del usurero,

su Patria, la guarida del ladrón.


La peste ya ha tomado mando en plaza

comprando cada cloaca del Poder,

que más que maña ya es suprema raza

obsesa con el verbo “poseer”.


            Es tanta la honorable delincuencia…


De nuevo otra epidemia de Cruzadas

armando al enemigo más infiel,

y alquimias ingenieras empeñadas

en que la piedra mute en oropel.


Y visto que ya nadie se sorprende

de que haya vuelto el orden medieval,

ya es súbdito el humano que se vende

por diezmos de alma a su señor feudal.


            Es tanta la honorable delincuencia…





Luis Eduardo Aute. En Encuentros y palabras 2015. EDIFSA, 2016.

Imagen: Valentín Gubarev.

martes, 16 de julio de 2019

ROBERT DESNOS SE ME APARECE UNA MAÑANA DE AGOSTO EN LA PRISIÓN DE TEREZIN (Y LA MANO DE JOSEF STUNA LE ACARICIA VERSOS Y AGONÍA)


De improviso,
alumbramiento
o misteriosa desaparición
del sol entre tinieblas
en blanco sobre cal o silencio,
sudor, lágrimas secas,
peregrinar
en árido infierno
entre nombres perdidos.

Así,
tu nombre
grabado a fuego entre cenizas,
que tanto amaste lo imposible
como persecución de abismos
y esperabas en la desdicha
sabiendo que el amor permanece
como insensata memoria
de lo que fuimos
o sueño ardiente
de resurrección.

Tú, sólo nombre
apenas signos
inscritos en blanco.
Tú que dijiste
como predicción o presagio
del vidente
(¿mentía acaso el vidente?)
leche blanca
cal blanca muros blancos
y así tu voz
en este estertor de agosto,
estela del horror que avanza,
gavillas de la historia,
espasmos de fiebre
(tan cerca ya tan cerca
el fin de la pesadilla).

Y una mano
que acompaña
recuerda tus palabras,
recita tus palabras,
musita tus palabras
al
oído,
hilvana versos
imágenes de sueño y locura
al
oído
cuerpo fugitivo y amado,
regresa,
las oyes
en el preludio
del abandono definitivo,
de nuevo sentirlas
sílaba a sílaba
(qué esfuerzo
qué pérdida de aliento
qué ausencia
qué casi silencio).

Te agarras,
a ti te agarras,
como cumplir promesa
del regreso
imposible
las musitas
(sin voz,
sin labios,
aliento seco)
como oración
o ancla
o infancia
cuando

cuando
él las dice
a tu oído
él, que las aprendió
como desmesurada libertad
y ahora
él las dice
al
oído
para acompañar
muerte o agonía o despedida
y

tú,
loco resistente del loco amor
y la terca esperanza del mañana,
tú,
las dices o tus labios intentan
y así
permanecen
tus palabras
sin voz
hilo de luz en la agonía del tiempo.

Permanecen
para que os encuentre
(cumplido ya el siglo de la infamia)

y decirlas
y desde el infierno,
abolir
la sonrisa del verdugo,
la lenta sucesión de la historia,
rescatar
tu mirada, el amor,
tu enloquecida tenacidad
de amante.

Decirlas,
muy despacio,
como si fuera a tu oído,
como si yo muriera un poco
o fuera piedad herida por los libros
o supiera la certidumbre del amor
que enseñaron tus palabras
y
pues llegasteis a mi encuentro
alumbrado el silencio
con vosotros
las musito
casi sin voz
al
oído
del muro que escucha:
los perdidos en el campo se reencuentran al encontrarme
los viejos cadáveres resucitan al oír mi voz.




Antonio Crespo Massieu. Orilla del tiempo, 2005. En Memorial de ausencias. Poesía 2004-2015. Tigres de papel, 2019.

Imagen: Robert Desnos en Terezin, 1945.