Viviste las rutinas de una familia triste,
pero pronto captaste la esencia vomitiva
de todo: suda el pobre para que el rico viva;
con la honra vejada, «Ni dios ni amo», dijiste.
Los años del combate turban al que recuerda,
pero una luz destella en su giro alocado,
la promesa de un mundo risueño y hermanado:
«Un día nos libraremos de toda esta mierda».
El final es feliz con orgullo en la frente,
y abandonar el cuerpo en medio del combate
es necesario a veces; el corazón no late
para ver la miseria herir al inocente.
Yacen por las cunetas restos gloriosos;
agitasteis los tronos de los más poderosos.
Jesús Aller. Los libros muertos. KRK, 2019.
Imagen: Lorenzo Viani. Los amantes (anarquistas), 1910.

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