domingo, 4 de junio de 2017

(Deshacimiento)



A Juan Goytisolo


Se va deshaciendo en leves jirones

de nada el mundo.


El viento del otoño barre los secretos

reductos últimos del corazón.

Su tenue llama, apenas palpitante, acaso

se quisiera extinguir.


¿Quién seguirá por ti contigo?

                                                           Nadie.

Nadie es el nombre de las tantas formas

de tu nunca completa rotación.


Y ahora, ante los hilos de la sombra

donde no está tu imagen reflejada,

dime, si puedes,

¿quién podría aún nacer?


(Deshacimiento)





José Ángel Valente. Fragmentos de un libro futuro, 2000. En El fulgor. Antología poética (1953-2000). Galaxia Gutenberg, 2001.

Imagen: Josef Koudelka. La Mancha, 1974.

sábado, 3 de junio de 2017

Contesten



Destruir la palabra. Desgraciados.

Expresar nada. Pobres diablos rotos.

Víctimas, víctimas de la sociedad

que os envuelve y vuelve mudos, sordos.


Sea el vocablo. Esta boca es mía.

Construyamos con materiales hondos

y firmes. Si es falso el mundo, alcemos

un anuncio que diga: NO ESTOY SOLO.


Millones como yo mueren de sed

y hambre de palabras que contesten

al slogan manchado de sangre y oro.


Hoy no es ayer y ya gime el mañana

entre un montón de escombros alineados:

televisión, anuncios, flash, periódicos.


                                                           [17.9.1970]





Blas de Otero. Hojas de Madrid con La galerna. Galaxia Gutemberg, 2010.

Imagen: Henri Cartier-Bresson. Michigan, 1960.

viernes, 2 de junio de 2017

Callar es fuente de errores



Callar es fuente de errores.

Más vale perdiz en mano que dos volando.

Escucharás, mirarás y si ves algo callarás.

Quien no llora no mama.


Hombre, ¿en qué quedamos?





Callar és sac d´errades.
Més val perdiu en mà que dues en l´aire.
Escoltaràs, miraràs i si res veus ho callaràs.
Qui no s´arrisca no passa el mar.

Home, com quedem?





Joan Brossa. Poemes civils. Poemas civiles. Traducción José Batlló. Visor, 1990.

Imagen: Franz Wilhelm Seiwert. Paisaje industrial con obreros, 1927.

jueves, 1 de junio de 2017

Sísifos del hambre



Este poema surgió a raíz de distintas discrepancias con  Jorge Villalmanzo, quien se refugiaba en la idea de que él ya había escrito algún poema comprometido y que no entendía que debiese reescribir de distinta manera ese mismo poema. Sirvan estos versos para recordar a Jorge y para persistir en mi error de que la base de la poesía o es social o no será...



¿He de escribir todos los días

el mismo poema?


¿Acaso no se repiten,

como latidos de lo inútil,

las mismas penas 

grises y débiles como hojas de diario?


¿O es que ustedes, poetas de lo habitual,

no le dicen cada noche:

os amo y os contemplo

a la musa?

¿O será que no lloran

idéntica desdicha por su propia existencia

tan sin existir cada veintipocas horas?


Cómo no voy yo, entonces,

a escribir y describir las hambrientas

bocas de quienes sufren.

            A pedir, boca en grito,

una revolución verificable y versificable...

a dejar de rabiar.

            ¿Cómo a mirar para otro lado?

Aunque sea hacia el rostro mismo del amor.


He de escribir todos los días ese poema.


            Sísifos del hambre,

Sísifos de la tortura y la cárcel,

de la oscuridad,

¿cómo podría explicaros

que hubo días que no escribí ese poema?

Ese mismo poema político

de manos sucias 

y de uñas rotas, 

donde os nombro, 

con la vergüenza de la comodidad,

desnudos de toda justicia,

esclavos del capitalismo

todos los días.

Todos los putos días

que tragamos nuestra lengua

-de poetas sin diario-

para no decir,

para no dar queja,

de la cotidiana injusticia

que os hace poemas.

Poemas de lo triste,

del sufrimiento,

de una muerte cruel y cotidiana,

poemas de corazón en carne viva,

en carne rota.

¿Quién soy yo?, digo, ¿qué autoridad tengo, para no escribir

todos los días el mismo poema?





Rubén de la Peña. En Haciendo, haciendo. Once maneras de mirar de frente. El Perdigón, 2017.

Imagen: Franz Wilhelm Seiwert. Manifestación, 1925