sábado, 18 de julio de 2015

Tiempo norteamericano (V.)



V.

Imagina que quieres escribir

sobre una mujer que entreteje

el pelo de otra mujer-

dejando que cuelgue, o con cuentas y conchas

en trenzas de tres cabos o como filas de granos-

mejor sería que supieras el grosor

la largura     el modelo

por qué decide trenzarse el pelo

cómo se lo hacen

en qué país sucede

qué más sucede en ese país

Tienes que saber estas cosas




NORTH AMERICAN TIME

V.


Suppose you want to write
of a woman braiding
another woman`s hair–
straight down, or with beads and shells
in there-strand plaits or corn-rows–
you had better known the thickness
the length     the pattern
why she decides to braid her hair
how it is done to her
what country it happens in
what else happens in that country

You have to know these things

 



Adrienne Rich. Poemas (1963-2000). Traducción de María Soledad Sánchez Gómez. Renacimiento, 2002.

Imagen: Yinka Shonibare. Las tres Gracias, 2001.

jueves, 16 de julio de 2015

Ulises



El cuerpo de ella se hizo tierra

en mil novecientos cuarenta y seis


antes él hizo la guerra, perdió la guerra,

huyó por las montañas

después la cárcel


volvió al Vallés y se hizo amigo

de un teósofo libertario y de un abogado

retirado y viejo que le escribe con frecuencia

muchos, muchísimos ánimos


de vez en cuando hace gimnasia en el patio,

resuelve complicados problemas de aritmética,

nos habla de violentos safaris de tomillo

y romero, del agua clara junto al camino


o nos increpa por el turbio asunto –nada claro–

del boicot a las comunidades del Bajo Aragón


–hoy se lo han dicho–

le han condenado a cinco años

y ya no caben más canas en sus cabellos blancos


después ha hecho gimnasia

ha resuelto algún problema de aritmética

ha contemplado el vuelo de unos pájaros

hacia el oeste


ha sido entonces


ha sonado la trompeta y se ha echado a llorar.




Manuel Vázquez Montalbán. Una educación sentimental, 1967. En Memoria y deseo. Obra poética (1963-1983). Seix Barral, 1986.

Imagen: August Sander. Mendigo, 1928.

martes, 14 de julio de 2015

La palabra viva de Conrado Santamaría



Ya nos avisó Bertolt Brecht de que estos eran malos tiempos para la lírica. No están las cosas para escribir versitos a los ojos de una linda muchacha ni extasiarse con el dulce canto del melodioso ruiseñor. Sí, malos tiempos para la lírica y, más aún, para la épica, porque estos son tiempos en los que el miedo anestesia la conciencia y paraliza la voluntad. Ya no hay cantares de gesta. Y si no hay lírica ni épica, ¿qué queda? Pues queda la poesía. La poesía necesaria. La poesía verdad. La que escribe Conrado Santamaría y reúne en un libro como De vivos es nuestro juego

Hay libros que no sirven para nada y otros son muy útiles. De vivos es nuestro juego lo es, y mucho. Tiene la utilidad impagable de curarnos de la cobardía, porque la poesía, la poesía verdad, nos quita el miedo y nos reintegra el coraje perdido. Y lo hace, en primer lugar, devolviendo el valor a las palabras. El valor de la palabra «valor», por ejemplo. El valor de palabras como «trinchera», «llanto», «memoria», «cicatriz»; de palabras como «beneficio», «rencor», «lobos», «noche». Es con palabras como estas con las que Conrado Santamaría labra versos y cosecha poesías, como el breve pero central poema titulado «Poética» -que bien podría titularse «Ética»:

            No llames y abre 
            la cancela del miedo,
            hasta darte alcance.

Y ya sin temor, curados de la aprensión cobarde con la que nos tienen amaestrados, podremos encontrarnos y reconocernos en las páginas de este libro. Porque la voz de Conrado Santamaría apela a nuestra memoria común, nos recuerda cómo todos hemos participado en los rituales colectivos de la dominación -circo o procesión-  sin sentir vergüenza:

No sé si os acordáis.
Nosotros, encorvados y alegres,
procesionábamos delante de las oficinas del paro vestidos de nazarenos.

Y con este «nosotros», que nos convoca en sus poemas, no solo nos recuerda lo que hemos sido, sino  cuál es, cuál debería ser, nuestra auténtica identidad:

Somos los que no se descubren la cabeza
ni hincan la rodilla al pie de las escalinatas
temblorosas de la mañana.

En esta recuperación del valor, de la memoria, de la verdad, no olvida que frente a nuestro «nosotros» hay un «ellos». Y esta es otra lección de valor, otra prueba de que la palabra de Conrado Santamaría es una palabra valiente. Tiene el valor de identificar al enemigo. De reconocer al enemigo. Declarar su existencia, su presencia. Un enemigo al que, por cobardía o comodidad, nos negamos a ver para no aceptar la lucha, la ineludible implicación en el conflicto. Y a ese, al enemigo,  le señala con versos implacables: «el que porta patenas, balanzas, oriflamas», «el que transforma en oro los sudarios», «amarillos se nutren/de larvas de obediencia»… 

La poesía de Conrado Santamaría nos devuelve  el valor y nos convoca a la lucha. Y nos entrega las armas necesarias, que no son otras que las palabras. Las palabras vivas de este libro imprescindible.

José Antonio Cerdán Méndez. Prólogo al poemario De vivos es nuestro juego. Ruleta Rusa Ediciones, 2015.
 

lunes, 13 de julio de 2015

Jack el Destripador en Cd. Juárez



No man`s land, dijo Jack,

y se ajustó la corbata antes de salir.

Los demás leímos en el periódico:

Encuentran otra mujer asesinada.

Protestaron las actrices de Hollywood,

las mujeres en España,

las madres todas,

el FBI,

la ONU.


Los políticos iban y venían

en el carrusel del poder.


Entonces pasaron los años,

los cuervos emigraron a otros ojos

y la tela del vestido fue cayéndose a pedazos.

La cicatriz del rasguño de la última víctima

era casi invisible.


… Y a Jack no le recordaba nada.



Alexandra Botto. De por qué las chicas buenas se van al cielo y las chicas malas van a todas partes. El Barco Ebrio & Homo Scriptum, 2009. En México lindo y querido. Reunión actual de poesía mexicana con causa. Homo Scriptum, 2011.

Imagen: John Tenniel. La gallina ciega, 1888.