Hace años defendí a un muchacho inseguro y muy frágil, acusado de un crimen preterintencional. Era un basurero. Impaciente, en su situación de prisión, una mañana que le visitaba me dijo: Qué ganas tengo de que me saque usted en libertad, para volver a la basura.
Aquel día comprendí el abismo que existe entre la realidad y la poesía, entre las metáforas dolorosas y el maravilloso sentido de lo mágico; y también entendí que la poesía duele. Y, como quien escapa por un laberinto de fortuna, huí y me refugié en el otro.
Rafael Pérez Estrada. El levitador y su vértigo, 1999. En La palabra destino. Antología. Prólogo, selección y edición: Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuan. Hiperión, 2001.
Imagen: Gordon Parks
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