viernes, 3 de julio de 2015

Voces del extremo



Sé de un lugar

donde eternos niños victorianos

andan de espejo en espejo

por los agujeros de la mente,

por el caldo primordial

de la tinaja de sangría de la casa de Eladio

donde se arraciman todos los que fueron a la fiesta,

todos los que no quieren hacer daño

porque saben que solo un mundo más violento e injusto

nos aguarda al amanecer


y cantan, no porque su canción

vaya a cambiar a los malvados

sino para que los malvados

no los cambien a ellos.


¡Tropilla de la dignidad,

cuánto nos cuesta hacer cosas juntos!




Antonio Orihuela. El amor en tiempos del despido libre. Amargord, 2015.

Imagen: Amalia García. Moguer, 2013.

miércoles, 1 de julio de 2015

La mentira



Caminan por los campos, arreando sus bestias

cargadas de cadáveres, hacia el atardecer.


Pero no allí,

sino en el centro de la ciudad

están (aunque su reino sea

más odioso en el alma): son

los mercaderes del engaño.

Levantan en la plaza

sus tenderetes y sus palabras, pues son hábiles

en el comercio de la irrealidad.

Proceden del sueño y también

lo engendran a su vez.

Mezclaos entre la multitud y veréis

hasta qué punto sus palabras son vanas,

pues no les pertenece ni un solo corazón.

Si alguien levanta su voz en la asamblea,

tal vez un hombre honrado,

para enarbolar la verdad,

ellos extienden sus manos engañosas

hasta teñir el cielo de un sangriento color.

Porque tienen el viejo poder de la mentira

que desciende en la noche,

cubre los campos,

se mezcla a las semillas,

contamina los frutos de toda corrupción.

Mentira es nuestro pan, el que mordimos

con ira y con dolor.

Bajamos a la caída de los sueños

como una bandada de pájaros sedientos de verdad.

Pero ninguna hora había sonado

que fuese nuestra. Entonces comprendimos

que al igual que la tierra huérfana de cultivo

debíamos dar fruto en soledad.


Pero ahora acercaos: ved

cómo la noche cae. Se oye

un largo toque de silencio y redobla

el hisopo sobre el tambor.

La plaza está desierta (parece descansar

la ciudad en un sueño más hondo que la muerte).

Sólo quedan palabras como globos hinchados,

ebrios de nada. Van

flotando lentamente sobre la carroña del día

y su implacable putrefacción.




José Ángel Valente. Poemas a Lázaro, 1955-60. En El fulgor. Antología poética. Galaxia Gutenberg, 2001.

Imagen: Francesc Català Roca. Sevilla, 1959.

martes, 30 de junio de 2015

Nana ácrata



Duérmete niño, que viene el coco,

el que le cae el moco,

el del mocho toco,

el ladrón del Banco y el del zoco

(unos tanto y otros tan poco…),

el del Támesis, el del Volga y el del Orinoco,

el bestia y el barroco,

el estreptococo,

¡que viene el estreptococo!,

la galerna, el siroco,

(a éste engaño y a éste provoco),

el que se hace el loco…

Tendrás que acabar con todo poco a poco…

¡Duérmete niño, que viene el coco!

Que el sol, y no otra luz, sea tu foco.




Jesús Lizano. El ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia. Virus editorial, 2009.

Imagen: Ute Mahler. Un neonazi paseando con su familia en Berlín, 1993.

jueves, 25 de junio de 2015

El banquete



Aún no sabemos por qué está el vino agrio.

Y por qué, después de tantas cosechas y vendimias,

el vino sigue agrio…

-Y ese mozo, ése,

el que está junto al místico, con gesto suicida,

ése que se levanta ahora de la mesa, con la copa en la mano,

buscando la salida…

¿es el comensal ineducado

o el personaje que tiene mucha prisa?

Aún no es hora, muchacho, aún no es hora,

le dice el Anfitrión (Anfitrión con mayúscula), aún no ha terminado la comida…

Espérate a los postres y a los brindis…

no tengas prisa.

Y el que se va responde:

-yo tengo sed, no prisa…

Y este vino no es bueno,

ni el vino ni la cuba ni la viña.

(Y estrellando la copa contra el suelo

y blasfemando… sale de estampida.)




León Felipe. El ciervo, 1954. En Poesías completas. Visor, 2010.

Imagen: Nikolái Yaroshenko. El estudiante, 1881.

martes, 23 de junio de 2015

Sobre las lluvias radiactivas



Cerrad bien las ventanas

no dejéis a los niños en la calle

las lluvias llevan la muerte a las semillas

llueve podredumbre.


Hay que limpiar las lluvias

hay que sacar brillo de nuevo a la lluvia como si fuera plata

que las lluvias lleven de nuevo nada más que el sol a las semillas

que los niños puedan correr de nuevo bajo la lluvia

y que podamos abrir de nuevo las ventanas a la lluvia.

                                                                                    23 de abril de 1963



Nâzim Hikmet. Poemas finales. Últimos poemas II. 1962-1963. Traducción de Fernando García Burillo y Çagla Soykan. Ediciones del oriente y del mediterráneo, 2008.

Imagen: Charles E. Wakeford. Lluvias de abril, c.1935.