domingo, 10 de noviembre de 2013

Segundo homenaje a Isidore Ducasse



Un poeta debe ser más útil

que ningún ciudadano de su tribu.


Un poeta debe conocer

diversas leyes implacables.


La ley de la confrontación con lo visible,

el trazado de las líneas divisorias,


la de colocación de un rompeaguas

y la sumaria ley del círculo.


Ignora en cambio el regicidio

como figura de delito

y otras palabras falsas de la historia.


La poesía ha de tener por fin la verdad práctica.


Su misión es difícil.




José Ángel Valente. Breve son. El Bardo, 1968.
Imagen: Léon Genonceaux. Carátula de Los cantos de Maldoror de 1890.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Siete días



Siete días caminando descalzo.

Siete días desayunando vino.

Buscando las palabras adecuadas;

ginkgo, astrolabio, clepsidra, nadir.


Con lo fácil que es decir pan.


Los verbos violentan la valla y

penetran en el jardín bebiendo vino al mediodía,

haciendo girar la manivela

de la máquina de embutir palabras.


Con lo fácil que es decir pan.


Abro la boca e intento gritar anarquía.

Anochece.
Escruto el organigrama del frío.


Con lo fácil que es decir pan.




Jorge Espina. En Negra Flama. Poesía antagonista en el estado español. SOV de Jaén de la CNT-AIT, 2013.
Imagen: George Grosz. El vagabundo, 1943

jueves, 7 de noviembre de 2013

Nieve en la noche



Yo quiero ver qué arrugas

oculta esta doncella

máscara. Qué ruin tiña,

qué feroz epidemia

cela el rostro inocente

de cada copo. Escenas

sin vanidad se cubren

con andamiajes, trémulas

escayolas, molduras

de un instante. Es la feria

de la mentira: ahora

es mediodía en plena

noche, y se cicatriza

la eterna herida abierta

de la tierra y las casas

lucen con la cal nueva

que revoca sus pobres

fachadas verdaderas.

.
La nieve, tan querida

otro tiempo, nos ciega,

no da luz. Copo a copo,

como ladrón, recela

al caer. Cae temblando,

cae sin herirse apenas

con nuestras cosas diarias.

Tan sin dolor, su entrega

es crueldad. Cae, cae,

hostil al canto, lenta,

bien domada, bien dócil,

como sujeta a riendas

que nunca se aventuran

a conquistar. No riega

sino sofoca, ahoga

dando no amor, paciencia.


Y borró los caminos.

Y tú dices: “despierta,

que amanece”. (Y es noche

muy noche.) Dices: “cierra,

que entra sol”. Y no quiero

perder de nuevo ante esta

nevada. No, no quiero

mentirte otra vez. Tengo

que alzarle la careta

a este rostro enemigo

que me finge a mi puerta

la inocencia que vuelve

y el pie que deja huella.


Claudio Rodríguez. Alianza y condena. Revista de Occidente, 1965.
Imagen: Pieter Brueghel. La matanza de los inocentes, h. 1567

lunes, 4 de noviembre de 2013

La cita



Ni su nombre ni su edad recuerdo, aunque ésta era mucha. Soñaba largamente con trenes irremediables cuyo silbido oía desde su ventana, como un llamamiento. La vez primera, unos hombres la recogieron del nicho que con sus propias manos había abierto entre los rieles para aguardar allí el tren que no pudo ver llegar. Pasaron los días, o los meses, y de nuevo la sorprendieron camino de la estación, y sus parientes ya la encerraban. Hasta que al fin una noche de mayo sin luna, arrojó su viejo jergón por la ventana del piso primero donde moría, y luego se descolgó. Para que nadie pudiera estorbar esta vez su designio, arrastró a duras penas el colchón hasta el portal y lo escondió bajo la escalera, no fuera a denunciar su partida. Recelosa también de la noche, bajó aprisa el camino de piedras hasta el paso a nivel. Anduvo luego unos pasos pletóricos y en ansia sobre las traviesas y eligió con celoso primor el mejor acomodo para el encuentro. Y, aquella noche, vino puntual el tren.

Conrado Santamaría
Imagen: George Tooker. Subway, 1950

domingo, 3 de noviembre de 2013

¡Ya viene!



Por todas partes se advierte

del burgués el desaliento,

y su gran rebajamiento

al ver cercana la muerte.


En tanto que el desvalido,

el pobre, el desheredado,

el triste paria explotado,

el infeliz y oprimido,


cansado ya de sufrir

el yugo de la riqueza,

levanta al fin la cabeza

y mira hacia el porvenir.


Allí ve el signo seguro

que en todo pueblo o nación

anuncia la redención

y hace se desplome el muro.


La infame prensa de ayer,

rindiendo culto al dinero,

se ensañaba en el obrero

y le adulaba al procer.


Hoy muestra su vil ralea

y amaina en su empeño vano,

al ver que su influjo insano

no puede vencer la idea.


En el campo y la ciudad

la verdad llama a la puerta,

el esclavo se despierta

y tiembla la iniquidad.



Fermín Salvochea. Suplemento a La Revista Blanca, 29.6.1901. En 65 Salvocheas. Quorum Editores, Cádiz, 2011.