lunes, 10 de septiembre de 2018

QUIÉN


Quién conoce el volumen

indescribible de las mutilaciones, los recipientes en

            que se almacenan las pérdidas consecutivas de

            la sangre,

el escalofriante acorde de los cuerpos cayendo en

            desbandada

por las inmediaciones de una ciudad despavorida.


Quién conoce el tamaño

de las hostilidades científicamente programadas

por los mandatarios de rango superior y sus más

            contumaces acólitos,

la aceleración subrepticia de los procesos de

            fabricación

de muertos, la avanzada metódica del terror

en los distritos suburbiales medio emboscados en

            los vertederos.


Quién conoce la dimensión precisa de esa

            devastación

que recorre las últimas tribulaciones de la historia

sin rebasar nunca la línea fronteriza donde se

            guarecen los inmunes.


Quién ha oído el estruendo mayúsculo de las 

            epidemias

entrando una y otra vez por los borrascosos

            boquetes de la madrugada,

ocupando todo el espacio de las migraciones,

los tentáculos de la iniquidad contaminando los

            bastimentos de orfanatos y ergástulas.


Quién ha visto la herrumbrosa herramienta del

            hambre

aprestándose a golpear en las puertas desencajadas

            de las casas

cuyos moradores ya han sido sistemáticamente

            diezmados por los mismos que imploran al

            altísimo

un poco de piedad para contrarrestar los estragos

            de la sequía.


Quién entre todos ellos poseerá, dios mediante, la

            tierra.


                        (Felix qui potuit rerum cognoscere causas.
                                                                       VIRGILIO)





José Manuel Caballero Bonald. La noche no tiene paredes, 2009. En Somos el tiempo que nos queda. Obra poética completa 1952-2009. Austral, 2011.

Imagen: Ciudad abandonada de Kirovsky, Rusia.

3 comentarios:

  1. Tremendo...

    (Hay poemas que es imposible comentarlos si no es con otro que esté a su altura. Nos dejan sin palabras, pero nos abren la conciencia de para en par).

    Salud

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    1. Pues que nada nos deje sin palabras, Loam, sin conciencia ni rabia.
      El otro día leí esta afirmación de Caballero Bonald, que me recordó a una de las tuyas: "Siempre he creído que la literatura más duradera proviene de los desobedientes, del distanciamiento frente a los credos dominantes o las observancias más en boga". Salud!

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    2. Pues estoy de acuerdo con Caballero Bonald, incluso aplicando su axioma más allá de la literatura.

      Un abrazo.

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