domingo, 9 de abril de 2023

[Pero ¡oh, tan grandes verbos!, ¡tan arrebatados]


 

Pero ¡oh, tan grandes verbos!, ¡tan arrebatados

razonamientos y excursiones a las lindes

del cielo y de los siglos! Bien será que acuda

de tantas vierbas y grandezas a curarnos

la risa de Bebela. Pues a punto viene

que se anote que Bebela sabe bien reírse;

y aunque es su voz más bien aguda cuando habla

y hasta puede, si le da por predicar, sonarnos

a carraquita impertinente, en cambio, cuando

se ríe, es una risa honda y borboteante,

que parecería que le brota de las tetas,

de buena y ricachona. Que es que el que ellas hablen,

Bebela y las mujeres, es, de puro propio,

casi natural; pues esto de la lengua humana

más bien es cosa de ellas: a saber –razono–:

la lengua viva no es de nadie, no conoce

amo ni señor, ni ley ni juez que mande en ella;

lo cual se dice más despampanantemente

diciendo que es del pueblo; ahora bien, por “pueblo”

no cabe honestamente que se entienda más que

“lo que no es Poder ni Capital”, y que se define

sólo como “sometido a la Empresa y al Estado”;

pero es así que las mujeres, como se sabe,

son lo primero que el Poder domina y vende

y se constituye al someterlas, y son ellas

la primera clase enajenada y explotada

o, dicho a lo filosófico, el primer sujeto

que se hace ser objeto de lo que Dios mande;

de modo que ellas antes son que nadie pueblo;

y por consiguiente, cosa es de las mujeres

la lengua humana; y es lo más natural del mundo

que Bebela hable y que razone; y aun debemos

con plácidas orejas recibir los trances

en que la pasión la lance a férvida andanada

de opiniones sobre el caso. Ah, pero la risa

es otra cosa; y en verdad, es un milagro

cotidiano, que se debía recibir con pasmo

de agradecimiento, el que las hembras de los hombres,

con todo lo que encima tienen y lo que arrastran

de atrás de milenios, todavía sepan

reírse y que se rían. Pues, como contaban

de los sabios esquimales, que, cuando uno de ellos

prestaba al paso esposa a algún viajero amigo,

la invitación usaba un verbo que sonaba

como “hacer reír a mi mujer”, así nosotros

hagamos todo, hagamos más, para que brote

una y mil veces de los pechos de Bebela

la blanca risa en que se tronche la legítima

seriedad de los señores y de sus señoras.

 

 

Agustín García Calvo. Bebela. Lucina, 1987.

Imagen: Agustín García Calvo e Isabel Escudero, Bebela.

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