A Palestina.
Sé del sístole,
sé que cambio como cambia la hoja de Dagame después de la lluvia.
No creo sea posible escribir solo de amores,
puritanas historias y Elfos,
ahora que le he visto a ese hombre la tristeza
como fiera asomada a los ojos
con un raro susto de finales
signo de muertes pasadas y futuras.
Un hombre asomado en mi televisor
con un niño entre los brazos
y dos ojos enormes.
Un hombre cual isla
hundido poco a poco en mi rutina
en mi felicidad de gente ajena
de cocoteros y novias académicas;
así de simple como si no importara.
En el televisor una muchacha cósmica
de blusa almibarada y cejas rojas
ha dicho que el matador se cree inocente,
solo fue un daño colateral;
algo así como un error cabalístico,
un desacierto de Dios,
un mal teclaso.
La escucho mientras me agito en el sillón.
Cerca los tranquilos butacones,
la fría mesita de noche,
el viejo librero dormido.
¡Pero es un niño, me digo!
Palma caída,
gorrión de ala rota;
y brota entonces desde la garganta este grito mío,
para que la tristeza de aquel hombre
no sea solo su tristeza,
porque un niño muerto
no es un piano que se calla y ya.
Julio César Pérez Verdecia. En Poetry Planetariat. Kathmandu / Medellín. Vol. 11. Worl Poetry Movement. Febrero, 2026.
Imagen: Mohammed Saber. Campo de refugiados de Al Shatea, en Ciudad de Gaza, 2025.

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