martes, 4 de diciembre de 2012

La hora de pelear


No digas que no.


Sí puedes cambiar el mundo. 

Sólo precisas

un brazo,

                        una mano,

                                               piedras. 


Éstas son mis piedras. 


Llevo el pelo largo. 


Me salto los semáforos en verde. 


Me enfrento en duelos de miradas

siempre que la autoridad competente me desafía. 


En el autobús, le cedo el asiento a los niños:

los mayores ya tuvieron su oportunidad

y no supieron, o no quisieron, aprovecharla. 


No uso gafas de sol:

no me avergüenzo de mis lágrimas

y cuando hablo con alguien

le hablo a los ojos. 


No miro a nadie por encima del hombro

y eso que mido 1 metro con 85 centímetros. 


No hablo de lo que no sé. 


No hablo. 


Escribo. 


Escribo poemas. 


Éstas son mis piedras, parte de ellas. 


Piensa en las tuyas,

y recuerda: 


brazo,

            mano,

                        piedras,

pero,

sobre todo, 


el gesto.





David González. La carretera roja. Celya, 2002.

Imagen: Denis Villeneuve. Incendies, 2010.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Fe de erratas




Donde dice

que la mano es invisible

debe decir

que la mano estaba escondida. 





Iván Rafael. Entre otoños.

Imagen: Tina Modotti. Manos de titiritero.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Los pollos tontos cansan (si no eres un pollo)


Los pollos tontos cansan (y los lanzas de una patada contra la gatera)
Y te dan ganas de aplastarlos
Y te asquea –cuando los ves desplumados- su piel tumefacta 

Eso te pasa también con el sufrimiento de los hombres
Que te cansas de contemplarlo
Y los terminas odiando (despreciando: es
la palabra) por su debilidad y por su dócil
Estupidez (pero lo que de verdad odias es su exasperante simpleza) 

Y de amarlos (eso decías)
De amar su futuro extraordinario
            (y dichoso) pasas a despreciarlos (esa es
            la palabra: pero lo que de verdad dejas de apreciar es lo que de ellos
            hay en ti) Y te dan ganas de lanzarlos a patadas
Contra todas las gateras del mundo
Y te asquea el cuero tumefacto de sus desnudeces (cuando los ves
            desplumados –tantas veces- como pollos estúpidos:
            a los que odias) 

Pero un día los quisiste (y hablabas del porvenir) 

Es la línea del desprecio: la ofuscación
Es tan delgada (y los espejismos
            y la espera traicionada)


Matías Escalera Cordero. Grito y realidad. Baile del Sol, 2008

jueves, 29 de noviembre de 2012

En el limbo legal






1

Que no tengas miedo,
aunque en la otra celda
ladren ya los perros. 

Cerrada la noche,
abierto tu sueño,
la mañana fría,
caliente tu pecho. 

Que no tengas miedo,
aunque en la otra celda
reine ya el silencio. 

2 

No me dejas, carcelero,
que me asome a la ventana. 

¡De noche suspira el viento! 

El fulgor de la mañana
ya no tiene prisionero. 

3 

Palmera, juegan tus palmas
al corro con las estrellas
como juegan con la luna
las palmeras de mi tierra. 

Y sé que no puede ser. 

Desde ahí arriba, palmera,
más alta que la alambrada,
dime, ¡ay!, si ves La Meca. 

Y sé que no puede ser. 

Habla bajito, palmera,
si despiertas a los guardias,
te pondrán mono naranja
y una bolsa en la cabeza. 

Si he muerto o estoy soñando,
palmera, ya no lo sé.
¿Sabes, palmera, por qué?
 
 
Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera. Ediciones Trabuco, 2014.

Imagen: Fernando Botero. Abu Ghraib

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Al 11 de noviembre


Mártires que en Chicago sucumbisteis
víctimas de la infame burguesía
y con grande valor la vida disteis
por propagar tan solo la anarquía.

Aquellos que al patíbulo os llevaron
a impulso del oprobio y la vileza;
los que hasta la justicia atropellaron,
movidos por su amor a la riqueza

hoy tiemblan, ante el pueblo soberano
que en todas partes ruge prepotente,
quitándoles el sueño a los tiranos
y alzando altivo la indomable frente.

Los abrojos que cubren el sendero
no arredran al valiente caminante,
quien, con ánimo firme, audaz y entero,
no interrumpe su marcha hacia adelante.

Vosotros, sumergidos en la nada,
la lucha no podéis seguir atentos;
pero rápida avanza la jornada
que la furia desata de los vientos.

Del cadalso a la mágica tribuna
anunció de la luz la bienvenida,
y de nosotros es, sin duda alguna,
el éxito final de la partida.


Fermín Salvochea. Suplemento a La Revista Blanca, 17.11.1900
65 Salvocheas. Quorum Editores, Cádiz, 2011

lunes, 26 de noviembre de 2012

A los que os gusta el golf,


qué lástima de topos.
Qué pena de paisano
con su braván;
pena de tractor…,
lástima de vertederas. 

            A los que os gusta el golf,
qué falta de guijarro,
de suelo sin bellota,
de brote de encina. 

Pero ¿qué lugar tiene el acebo?,
¿dónde escarba el arrendajo?,
¿cuál es el paso de los corzos?
Ni para los más testarudos duendes
queda un triste esconderite. 

            A quienes os gusta el golf,
que confundís hierba con césped y
armonía con uniformidad,
diera yo reses a tanto pasto;
boñiga a cada agujero
monte a tanto yermo.
A las manos ociosas,
palotas, dalles y azadas,
calor para toda hectárea sin vida.           

A los que os gusta el golf
con vuestros juegos de palos...,
¡qué de palos os daba!


Rubén de la Peña
Imagen: Edward Hopper. People in the sun, 1960.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Testamento de Durruti


¿Qué bala te cortó el paso
-maldición de aquella hora-,
atardecer  de noviembre,
camino de la Victoria?
Las sierras de Guadarrama
cortaban de luz y sombra
un horizonte mojado
de agua turbia y sangre heroica.
Y a tus espaldas, Madrid,
el ojo atento a tu bota,
mordido por los incendios,
con jadeos de leona,
tus pasos iba midiendo
prietos el puño y la boca.
¡Atardecer de noviembre,
negro borrón de la historia!
Buenaventura Durruti,
¿quién conoció otra congoja
más amarga que tu muerte
sobre la tierra española?
¡Acaso estabas soñando
las calles de Zaragoza
y el agua espesa del Ebro
caminos de laurel-rosa,
cuando el grito de Madrid
cortó tu sueño en mal hora!
Gigante de las montañas
donde tallabas tu gloria,
hasta Castilla desnuda
bajaste como una tromba
para raer de las tierras
pardas la negra carroña.
¡Y detrás de ti, en alud,
tu gente , como tu sombra! 

Hasta los cielos de Iberia
te dispararon las bocas.
El aire agitó tu nombre
entre banderas de gloria
-tu nombre, grito de guerra
y dura canción de forja-.
Y una tarde de noviembre,
mojada de sangre heroica,
en cenizas de crepúsculo
caía tu vida rota.
Sólo hablaste estas palabras,
al filo ya de tu hora:
“Unidad y firmeza, amigos;
para vencer hay de sobra!” 

Durruti, hermano Durruti,
jamás se vio otra congoja
más amarga que tu muerte
sobre la tierra española.
Rostros curtidos del cierzo
quiebran su durez de roca,
como tallos quebradizos
hasta la tierra se doblan
hércules de firme acero.
¡Hombres de hierro sollozan!
Tambores fúnebres baten
apisonando la fosa.
¡Durruti ha muerto, soldados;
que nadie mengüe su obra! 

Se buscan manos tendidas,
los odios se desmoronan,
y en las trincheras profundas
cuajan realidades hondas,
porque a la faz de la muerte
los imposibles se agotan.
Aquí está mi diestra, hermano.
Calma tu sed en mi boca,
Mezcla tu sangre a la mía
y tu aliento a mi voz ronca,
Durruti bajo la tierra
en esto espera su honra.
Rugen los pechos hermanos,
las armas al aire chocan;
sobre las rudas cabezas
sólo una enseña tremola.
¡Durruti ha muerto! ¡Malhaya
aquél que mengüe su obra! 


Lucía Sánchez Saornil. CNT, nº 553, 25 de febrero de 1937

domingo, 18 de noviembre de 2012

Venus Libertaria


Han impuesto ese dogma. Disfrutarás al fin
cuando el jardín reluzca sólo para tus ojos
en un idilio tierno de mutua posesión.
Cegado por la dicha, no verás el engaño.

Jamás un ser humano ha poseído a otro.
Ese es sólo el anhelo de una era corrupta
que gobiernan egoísmo, propiedad y familia.
El único placer es la revolución.

En cada ser que sufre la insania del poder,
resplandece gloriosa la dignidad humana.
En su conciencia herida, lo noble se rebela
y busca su camino entre la incierta bruma.


Jesús Aller (Gijón, 1956). Los dioses y los hombres,   KRK, 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

Doña María



¡Ay, pobre doña María,

ella que no sabe nada!

Su hijo, el de la piel manchada,

a sueldo en la policía! 


Ayer, taimado y sutil,

rondando anduvo mi casa.

¡Pasa! –pensé al verle- ¡Pasa!

(Iba de traje civil.) 


Señora tan respetada,

la pobre Doña María,

con un hijo policía

y ella que no sabe nada. 





Nicolás Guillén. La paloma del vuelo popular. Losada, 2005.