lunes, 3 de mayo de 2021

NOCHE EN EL BARRIO


Nunca a tientas, así, como ahora, entra

por este barrio. Así, así, sin limosna,

sin tregua, entra, acorrala,

mete tu cruda forja

por estas casas. De una vez baja, abre

y cicatriza esta honda

miseria. Baja ahora que no hay nadie,

noche mía, no alejes, no recojas

tu infinito latir ávido. Acaba

ya de cernirte, acosa

de una vez a esta presa a la que nadie

quiere valer. Sólo oiga,

noche mía, después de tantos años,

el son voraz de tu horda luminosa

saqueando hasta el fondo

tanta orfandad, la agria pobreza bronca

de este bloque en silencio que está casi

en el campo y aloja

viva siembra vibrante. Desmantele

tu luz nuestra injusticia y nos la ponga

al aire, y al descarne,

y la sacuda, y la haga pegajosa

como esta tierra, y que nos demos cuenta

de que está aquí, a dos pasos. Protectora

nunca, sí con audacia.

Acusa. Y que la casta,

la hombría de alta cal, los sueños, la obra,

el armazón desnudo de la vida

se crispen.

 

Y estás sola,

tú, noche, enloquecida de justicia,

anonadada de misericordia,

sobre este barrio trémulo al que nadie

vendrá porque es la historia

de todos, pero al que tú siempre, en andas

y en volandas,

llevas, y traes, y hieres, y enamoras

sin que nadie oiga el ruido

de tus inmensos pulsos, que desbordan.

 

 

Claudio Rodríguez. Alianza y Condena, 1965. En Poesía completa (1953 - 1991). Tusquets, 2001.

Imagen: Ricardo Baroja. Mendigos en el puente de Vallecas, 1910.

 

3 comentarios:

  1. La noche insobornable, que todo lo sabe del falso sol del hombre colonizado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre la noche de nuestra parte, a saco, iluminando. Salud, LaNanaFea!

      Eliminar